PIRATAS: EL REGRESO DEL CORSARIO NEGRO

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Sin la tradicional bandera con la calavera, los piratas siguen siendo amos y señores de los océanos. Ahora dominan el Cuerno de Africa, la Península Arábica y el estrecho de Malaca, en Asia. A diferencia de los de antaño, los corsarios modernos prefieren el petróleo antes que el oro y se guían con tecnología satelital. En el mar Caribe continúan operando bandas vinculadas, fundamentalmente, al tráfico de drogas. Historias que presentan un arcaico oficio que resurge con la globalización del comercio y contrasta con los entrañables personajes presentados por el cine y la literatura.

Texto: Felipe Real / Fotos: AP/AFP

EL flagelo de los mares ha regresado. O, mejor dicho, nunca se ha ido. Aunque actualmente el único pirata famoso sea Johnny Deep y ya nadie tiemble al oír el nombre de Morgan. Si bien la bandera de la calavera surcada por dos tibias no fl amea sembrando el horror, la piratería sigue viva. En los primeros nueve meses de 2007 incrementó sus ataques en un 14%. Así lo aseguró el Buró Marítimo Internacional (BMI), organismo de la Cámara Internacional de Comercio encargado de vigilar y denunciar los actos de rapiña. En tiempos de piratería industrial e informática, los nuevos bucaneros no usan parches en los ojos ni patas de palo sino tecnología satelital y poderoso armamento. Aunque como antaño, no ahorran sangre ni derrochan piedad. Aunque las costas más peligrosas son las de Africa, la Península Arábiga y las islas del estrecho de Malaca, ubicado entre Asia y Oceanía, cada tanto se registran ataques en América del Sur y el Caribe. Pese a que no es de la incumbencia específica del BMI, otros herederos de los viejos filibusteros cruzan las aguas de América del Norte y Europa: aquellos vinculados al tráfico de drogas y personas. Hoy por hoy, no roban cargamentos de oro de los lentos galeones españoles ni son financiados por Inglaterra como Sir Francis Drake. Pero siguen actuando con la complicidad de las clases dirigentes de ciertos países y se dedican a capturar productos revendibles y recursos naturales extraídos por terceros.

EL ULTIMO DEL CARIBE

MOCK PIRATES ATTACK

Unos pescadores fotografiaron las amenazas de un grupo de delincuentes en el mar de Indonesia, epicentro de la piratería moderna.

Hace rato que Joe no regresa al bar del club náutico de una pequeña ciudad a orillas del Mar Caribe. Quienes lo conocieron hacen apuestas sobre su suerte. Algunos aseguran que fue apresado por la policía, otros suponen que fue ajusticiado por sus antiguos amigos y los restantes creen que continúa sufriendo su condena: escapar permanentemente y tener que presentarse con un nombre falso en cada bar. Lo único veraz es la historia que contó una vez, cuando el alcohol le hizo soltar amarras. Aquel hombre con un cuerpo encorvado por los golpes físicos y sufrimientos psicológicos había conocido, en su juventud, los secretos de los vientos y mareas del Golfo de México. De ese modo, lograba emplearse como tripulante de las naves estadounidenses que surcaban el Caribe en busca de sol y aire fresco. Por entonces, también conoció los encantos prohibidos que suelen asechar en los puertos. En ese submundo húmedo y sombrío trabó amistad con marinos, tahúres y contrabandistas. En una ocasión, le ofrecieron guiar un velero con un cargamento con hierbas prohibidas. La paga fue excelente y repitió la ruta en varias ocasiones. La actividad le generaba mucha tensión, pero pocos problemas de conciencia. Sin embargo, en una oportunidad lo contrató un hombre presumido e impulsivo que se desempeñaba como capitanzuelo de una banda en formación. El encargo era extraño: debía ir al pequeño puerto en una isla de un país cercano a la Florida y esperar un yate de lujo procedente de Estados Unidos. Su misión sería conducirlo de regreso al puerto de origen con el cargamento en cuestión. Así fue que, a la hora pactada, Joe subió al velero convenido y se dio cuenta de que el asunto era más grave de lo que habría imaginado: el barco había partido de Miami con unos jóvenes estadounidenses que pensaban pasar las fiestas en alta mar. Cuando todos a bordo estaban borrachos, uno de los tripulantes dio una señal y la nave fue abordada. Tomados por sorpresa, los turistas fueron golpeados, les quitaron sus pasaportes y los arrojaron al mar. Al día siguiente, los delincuentes reunieron a una tripulación similar y adulteraron los documentos con la perfección de un artesano para ingresar al país simulando ser los jóvenes excursionistas. Era muy tarde para bajarse. Horrorizado, logró conducir la nave hasta el lugar convenido y, aunque lo creía imposible, sortearon los controles para desembarcar con impúdica tranquilidad. Después de concretar la hazaña, Joe se escabulló y comenzó su gris peregrinar escapando tanto de la ley como de sus peligrosas amistades. De lo que no huyó –cuando se pasa de copas lo confiesa– es del peso incesante de su conciencia.

EL TIGRE DE LA MALASIA

KENYA SOMALI PIRATES

Historia repetida. El buque hindú Safi nat, al igual que el Rozen, fue raptado por somalíes y rescatado con ayuda estadounidense.

Sandokán, el legendario personaje de Emilio Salgari, continúa asolando el sudeste asiático. El estrecho de Malaca, vía marítima ubicada entre Malasia e Indonesia, es transitado diariamente por 600 buques que abastecen – principalmente de petróleo– a China y Japón bajo el acoso de los corsarios desde hace décadas. Pero a partir de 2001, el Pentágono alertó sobre la posibilidad de que los piratas se unan con grupos islámicos extremistas y atenten contra grandes buques repletos de combustible o se dediquen a trafi car armamento nuclear. Lo que no se suele repetir con igual énfasis es que quien controle Malaca, dominará el abastecimiento de los dos “gigantes asiáticos”. Por su parte, Indonesia anunció la instalación de radares en el estrecho para detectar incursiones y Estados Unidos impulsa una mayor presencia en la zona. Intereses similares están en juego en el Cuerno de Africa cuyo nombre remite a novelas decimonónicas, grandes penurias sociales y largas batallas entre musulmanes, cristianos, nacionalistas y marxistas bajo la constante atención de Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Somalia es el país más devastado: su PIB per capita es de 600 dólares y el Estado se erosionó de tal forma que no puede controlar su territorio. Mucho menos sus 3 mil kilómetros de costas que sirven de guarida a bandas que atracan a los petroleros que parten desde la Península Arábica por el Mar Rojo hacia el Océano Indico, rumbo a los principales mercados del mundo. Muchas compañías navieras abandonaron esas rutas porque, cuando no se robaba el cargamento, se raptaba al barco (con la tripulación incluida) y se exigía un cuantioso rescate. Uno de esos atracos ocurrió en febrero último. El buque MV Rozen recorrió la región con un cargamento preparado por el Programa de Alimentos de la ONU para contrarrestar las hambrunas que alcanzan a un millón de personas. A bordo, todos se sentían tranquilos porque sabían que contaban con el patrocinio de la ONU. De pronto, aparecieron unas lanchas con personas vestidas con uniformes militares. En un principio pensaron que eran los encargados de escoltarlos hasta destino. Pero en minutos fueron abordados y amenazados con armas automáticas y granadas. Antes de ser raptados, dieron señal y en 48 horas el barco fue localizado y rodeado por patrullas somalíes mientras una poderosa nave estadounidense se acercó e impuso su presencia para evitar escaramuzas. Aunque los secuestradores tardaron horas en rendirse, el cargamento felizmente se recuperó y la ONU informó que en el futuro usará fl etes aéreos. Según informes, la piratería ha servido para financiar a los “señores de la guerra” que pujaban por apoderarse de Somalia. Pero desde que el Consejo de Cortes Islámicas gobernaba el sur de Somalia y la capital, Mogadiscio, la actividad había descendido ante las políticas tendientes a aumentar la soberanía en su territorio. Sin embargo, la fi liación religiosa y las falencias en los controles migratorios en esa zona sensible del planeta irritaron al Pentágono. Funcionarios de los servicios de inteligencia temieron que Al-Qaeda extendiera, a través de los corsarios, su infl uencia por el Cuerno de Africa y, en secreto, hicieron un guiño a una controvertida agrupación denominada Alliance for the Restoration of Peace and Counter-Terrorism. Envalentonada, a fi nes del año pasado, ingresó a Mogadiscio junto al ejército etiope y somalí para derrocar a las milicias del consejo islámico. El resultado: en 2006 sólo hubo 8 actos de piratería y en 2007, más de 26. Estas historias marcadas por la sal, la sangre y las olas dan cuenta de que aquella profesión infastuosa –ejercida por viejos lobos de mar y delincuentes confesos– que comenzó en tiempos de los fenicios y tuvo su esplendor hace 300 años, todavía sigue viva. Y goza de buena salud.


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