POLIGAMIA

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Big Love, la nueva serie de HBO, reveló un fenómeno que, aunque conocido, no se había convertido en un tema de discusión masiva: la poligamia. La vida de ficción del comerciante Bill Henrickson, sus tres esposas y sus siete hijos en un suburbio de Salt Lake City planteó la controversia. ¿Cómo es la vida de quienes deciden –por creencias religiosas o por convicciones afectivas- formar una familia múltiple? ¿Cómo se articulan las relaciones en un hogar en el que las mujeres comparten el esposo y la crianza de los niños? ¿Cuáles son las diferencias entre un matrimonio plural secular y otro que, mediante ese modo de vida, pretende alcanzar el más alto agrado de Dios?

Texto: Luciana De Luca / Fotos: Cortesía Internacional Family/ AP/ HBO/

Matrimonio plural

Lisa, Martin y Karen son un matrimonio plural. Ajenos a la religión, comparten su vida en Seattle.

Martin y Karen se conocieron en una convención de baile en Palm Springs, en 1995. Tenían muchos intereses en común –la danza, la biología y la construcción de casas–; la empatía fue grande y se trasladó a las pistas: comenzaron a ser pareja de baile y a participar en competencias. Ganaron campeonatos en California y Washington, y demostraron sus habilidades en diferentes estilos, mientras el amor se hacía grande. Su romance era algo serio. En 1998, Karen se mudó a Seattle (Washington) para reunirse con Martin. Decidieron casarse y construir juntos la casa de sus sueños, en una de las zonas más bonitas de la ciudad. En el 2002, una nueva vecina llegó al vecindario: Lisa, madre de dos niños, se transformó en una buena amiga. “Martin se interesó en la poligamia hacia 1995, cuando comenzó a pensar en las maneras de formar una familia. Karen nunca pensó demasiado en eso, y Lisa se interesó por primera vez en los matrimonios plurales hace unos 15 años, durante una profunda enfermedad. Ella pensó en qué grato sería tener una hermana-esposa que ayudara a cuidar de su esposo y sus niños”, relatan los tres. Cada uno de ellos había sido monogámico antes de conocerse. Lisa era una invitada frecuente en el hogar de Karen y Martin: hacía música con él y aprendía danzas con Karen. Los tres se volvieron inseparables. Un año después, Lisa terminó la relación con su pareja de entonces, y acudió a sus amigos para sanar sus heridas. “Eventualmente –comentan–, Martin y Lisa se enamoraron. El matrimonio, de común acuerdo, decidió añadir un ala en su casa para que vivieran Lisa y sus hijos”. Lisa y Karen se convirtieron en hermanas-esposas, y Martin en el feliz marido de las dos mujeres. Durante 2003, en una reunión, Karen anunció la relación a la comunidad. “Karen y Lisa se sienten seguras, amadas y apoyadas la una por la otra, y un poco preocupadas, de tanto en tanto, por las reacciones de los demás. Se sienten felices de poder ser las hermanas que nunca tuvieron”, cuenta Martin. Los hijos de Lisa son grandes, por lo que la maternidad no es un problema para esta familia plural. Los tres tienen una página en Internet (http://intentionalfamily.org/) y un blog (http://polygamynow.blogspot.com/) en el que relatan su vida e intentan despejar los mitos que, consideran, opacan las verdaderas razones del matrimonio plural. La información es clara: definen la poligamia como una familia de un esposo, dos o más mujeres y sus hijos, y reconocen que en los Estados Unidos es ilegal tener dos esposas. “Sin embargo, es perfectamente legal tener relaciones no legales –es decir, no formalizadas ante la ley– con amantes, parejas. La cohabitación por sí sola no constituye poligamia y en todo caso corresponde al estado demostrar que los cohabitantes viven como esposos y esposas. La mayoría de los estados, con excepción de Utah, donde se los procesa como criminales de tercer grado, son renuentes a perseguir este tipo de relación, en tanto una de las mujeres y el esposo estén legalmente casados”.

EL AMOR PLURAL

Esposo con sus cinco esposas - Poligamia

Tom Green junto a sus cinco esposas, frente a los carromatos donde convivían con 27 de sus 29 hijos.

Martin tiene 59 años y es bailarín, músico, veterano de Vietnam, lector, autor, intérprete y programador de computadoras. Tiene un B. A. en Cultura Asiática de la Universidad de Brown y un M. A. en Antropología de la Danza en la UCLA. Actualmente trabaja escribiendo para Microsoft. Karen, de 62 años, es profesora retirada bilingüe de biología y tiene un M. S. en esa materia. Es madre de una hija discapacitada, María, y de dos hijos, Martin y Michael. Además de la docencia, Karen fue bailarina de ballet, contratista y diseñadora de joyas. Lisa, de 47, es profesora de piano, master de reiki y da clases sobre salud. Los tres se definen como personas instruidas, moderadamente independientes y modernas. Responden a la entrevista de ALMA MAGAZINE juntos, con respuestas consensuadas. Saben, mejor que nadie, que su modo de vida es cuando menos extraño para la mayoría de las personas. “Mucha gente le teme a la poligamia. Hasta que salió la serie de HBO, Big love, la mayoría no había pensado demasiado en el tema”. ¿Cuáles son las ventajas que, consideran, ofrece un matrimonio plural? ¿Cómo es posible combinar el amor y la convivencia de un modo sensato y armonioso, sin que exploten celos y competencias? “Los matrimonios plurales permiten mayor apoyo, más tiempo juntos y más oportunidades para estar solo. Siempre hay un mediador para intervenir en las peleas. Y como dice Lisa, hay dos veces más amor alrededor. Para mantener la paz es importante que cada esposa tenga un espacio separado donde vivir, y que respete a la otra esposa y su territorio. Los esposos deben compartir bastante tiempo juntos. Por ejemplo, Lisa puede decirle a Martin: ‘No has pasado suficiente tiempo con Karen últimamente. Ve a dormir con ella’”. Para ellos, el rol de las esposas es actuar como mutuos soportes y balancear la relación. Cada una de ellas es responsable de atender las necesidades de los hijos y el esposo, cuando la otra no está disponible. No forman parte de iglesia o culto alguno, y consideran su elección, entre adultos responsables, como algo libre y privado. “El rol del gobierno federal debería ser dejar la regulación del matrimonio a los estados. La poligamia se trata de eso, y en ese sentido no es diferente de las relaciones monogámicas. Las leyes contra la poligamia son antiguas, de más de cien años. La cultura ha cambiado significativamente desde que fueron decretadas, y ya es tiempo de revisarlas”. “Nuestra familia plural no se basa en la religión, sino en el profundo conocimiento y amor. Somos adultos que consentimos vivir de este modo, y desafortunadamente no hay organizaciones que nos representen. Evitamos a las personas que nos desaprueban abiertamente. Tratamos de conducirnos como buenos ejemplos. Cualquiera puede ver cuán felices somos, y cuán bien nuestra relación funciona”.

BIG LOVE

Serie Big LoveEl 12 de marzo de este año HBO lanzó Big Love, una serie que cuenta la vida de una familia poligámica de los suburbios de Salt Lake City. Bill Henrickson (encarnado por Bil Paxton) parece un hombre común: trabaja demasiado para sostener su tienda de hardware y no encuentra el tiempo suficiente para estar con su familia. Es que Bill tiene tres esposas: Barb (Jeanne Tripplehorn), Nicki (Chloe Sevigny) y Margene (Ginnifer Goodwin), y siete niños. Está enfrentado con uno de sus suegros, el padre de Nicki: lider de la comunidad religiosa. La serie, escrita por Mark V. Olsen y Will Scheffer, y entre cuyos créditos de producción figura Tom Hanks, retrata la vida íntima del matrimonio plural; los conflictos afectivos y la dificultad de integración con la sociedad frente a los principios religiosos y morales. Los autores de la serie, Mark V. Olsen y Will Scheffer no formaron parte de una familia poligámica, ni son fundamentalistas mormones. “Yo crecí en Oregon, y allí hay muchos mormones, y los conocí un poco. El mormonismo no era algo extraño para mí”, comenta Olsen. La serie analiza a la poligamia como una forma de vida con una mirada adulta y poco prejuiciosa. “Eso es un esfuerzo consciente –dicen los autores. No nos interesa juzgar; hacer esto con una mirada cínica o fácil sería sencillo. Pero es un mandato para nosotros asegurarnos que las historias no sean cínicas, prejuiciosas”.

PARA ALCANZAR A DIOS

Un templo de la FLDS -la congregacion liderada por Warren Jeffs

Un templo de la FLDS -la congregación liderada por Warren Jeffs- en construcción, durante el 2005, cerca de Eldorado, Texas.

Existen dos formas de poligamia: la poliginia (un esposo, varias mujeres), y la poliandria (una esposa y muchos hombres). La más frecuente es la poliginia, aunque este término suele resultar ofensivo para los miembros de las religiones que promueven la poligamia. La poligamia ha sido practicada por numerosas culturas ancestrales de todo el mundo, en particular en Asia, Africa y Medio Oriente. En los Estados Unidos, sus orígenes se remontan al siglo XIX. Hacia 1830, miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (LDS) –más conocidos como mormones– comenzaron a practicar el matrimonio plural, bajo la dirección del fundador de este culto, Joseph Smith, quien habría llegado a tener decenas de esposas. La poligamia era ejercida en secreto por los miembros de la iglesia. En 1878, la Suprema Corte determinó que la Constitución no protegía a los matrimonios plurales. En 1890, Wilford Woodruff, nuevo líder de la LDS, presentó a su grey un documento conocido como El Manifiesto, en el que aconsejaba evitar cualquier clase de matrimonio prohibido por las leyes estatales. Poco a poco, las familias dejaron de vivir en poligamia y tiempo después, la iglesia expulsó a quienes se resistían a la monogamia. A partir de allí, la LDS se escindió, y los miembros excomulgados formaron su propia religión: La Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (FLDS). Este brazo de la iglesia mormona defiende los principios originales de la religión que, dicen, fueron violados por la LDS al prohibir la poligamia. La Constitución Nacional de los Estados Unidos define al matrimonio como la unión legal entre una mujer y un hombre. La palabra esposos incluye sólo a miembros de sexos opuestos. La religión católica desautoriza la poligamia como una forma posible de matrimonio: para Dios, el amor y la familia se forman a partir de la relación entre una mujer y un hombre. Actualmente, en los Estados Unidos, de acuerdo con estadísticas provistas por las oficinas del procurador general de Utah y Arizona, entre 20.000 y 40.000 personas practican la poligamia. No es sencillo cuantificar este tipo de relaciones –sean seculares o religiosas–, ya que es poca la gente que está dispuesta a declarar abiertamente al respecto. Si bien la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es la que más seguidores suma, hay otros cultos que esparcen sobre el territorio de los Estados Unidos su adhesión a los matrimonios celestiales. Cada grupo tiene un territorio donde se asienta y organiza la vida de su comunidad. En cada caso, y en función del grado de apego a los fundamentos, las reglas son más o menos estrictas, y la integración con el mundo exterior al culto es mayor o menor. Las comunidades poligámicas se concentran principalmente en Hildale, Salt Lake County, Utah County –Utah–, Colorado City y Centennial Park –Arizona–, Eldorado –Texas–; Mancos, Colorado y Creston y Bountiful –British Columbia–, entre otras ciudades. La FLDS es, entre todas las iglesias que predican y defienden la poligamia como modo de alcanzar el Paraíso, la más poderosa. Su influencia es tan grande que, según autoridades de Utah y Arizona, tienen control sobre la policía, el consejo, el gobierno y otras posiciones clave de poder en Hildale y Colorado City. El matrimonio plural es abiertamente practicado en esas ciudades. Sin embargo, la interacción con la comunidad es escasa. Especialmente desde que Warren Jeffs –hoy perseguido por el FBI por casos de abuso sexual de menores y estafa, entre otros cargos– asumió su liderazgo en 2002. La comunidad de la FLDS vive bajo la ley patriarcal y valora la estricta obediencia a los líderes. Las autoridades religiosas tienen la potestad de convenir los matrimonios, frecuentemente entre mujeres menores de 18 años y adultos, y de expulsar a los miembros, reasignando esposas e hijos a otros fieles. Quienes son expulsados del culto pierden todo contacto con sus familias. Un caso extremo de aislamiento son los llamados Chicos perdidos: adolescentes que se rebelan contra las reglas de la iglesia y huyen o son echados de la comunidad. Se considera que estos destierros están relacionados con la competencia que estos jóvenes son para los adultos casaderos del grupo.

AL MARGEN DEL MUNDO

Owen A. Allred

Owen A. Allred, de 84, patriarca de la United Apostolic Brethren, una de las iglesias poligámicas, junto al árbol genealógico que enumera la descendencia que tuvo con una de sus esposas.

El aislamiento es extremo y restrictivo. Informes oficiales consignan que en ocasión de interrogatorios, muchos miembros de la FDLS demostraron desconocer al presidente del país y las funciones de las diferentes organizaciones políticas; no creen en el holocausto judío ni en la llegada del hombre a la Luna. Se les enseña a desconfiar de las autoridades estatales, de la historia y hasta de la medicina tradicional. Las mujeres son consideradas propiedad de sus esposos y mantienen sus cuerpos prácticamente cubiertos. El contacto con el mundo exterior es inapropiado: no se permiten las radios, la TV ni las computadoras. Los niños estudian en sus casas o en escuelas privadas dirigidas por la propia iglesia, pues está prohibido el contacto con la educación sexual y las conductas peligrosas del mundo común. Las niñas son, muchas veces, retiradas de la educación primaria para aprender los quehaceres domésticos y recibir la preparación necesaria para convertirse en esposas y madres, el principal objetivo de sus vidas. Los hombres, en tanto, pueden tener tres o más esposas. El aspecto económico de la comunidad no es menos constrictivo que las reglas morales. Cada miembro dona parte de sus ingresos mensuales a la iglesia para contribuir al United Effort Plan (UEP): un trust que posee la mayoría de las tierras, casas y comercios de la comunidad. Los ingresos suelen ser escasos, las familias, numerosas. Muchos hombres –legalmente casados con una de sus esposas– reciben ayuda del Estado. Las demás esposas pueden aplicar para la ayuda oficial como madres solteras. El usufructo del dinero estatal es conocido, dentro de la comunidad, como “sangrar a la bestia”. Otras comunidades religiosas –más de 15– que practican la poligamia tienen reglas menos estrictas. Algunas permiten las relaciones monogámicas y con fieles de otras comunidades, prohíben el matrimonio entre menores de 18 años, dejan que algunos jóvenes asistan a la universidad y conviven con la sociedad de un modo mucho menos traumático y más abierto que la FLDS. Uno de los juicios más resonantes de los últimos años –el primero que en medio siglo trató el tema de la poligamia– sucedió en Provo, Utah, contra Tom Green, un mormón fundamentalista de 52 años que fue acusado de ser bígamo cuatro veces, al estar casado con cinco mujeres al mismo tiempo. Al momento de su detención, vivía con las cinco –tres de ellas embarazadas– y con 25 de sus 29 hijos en un campamento de casas rodantes, en la ciudad de Utah. El jurado declaró que Green era culpable de secuestro de niños y de no cumplir con sus obligaciones parentales para con uno de ellos. Green y su familia habían expuesto su caso, previamente, en el talk-show de Jerry Springer. En la corte, una de sus esposas declaró, con lágrimas en los ojos, “Soy una esposa satisfecha, y no me iré”. Tom Green fue a la cárcel y está cumpliendo su condena de 6 años. Será liberado en agosto de 2007. Los cuestionamientos más graves hacia estas comunidades tienen que ver con el abuso de mujeres, niños y jóvenes. Los estados de Utah y Arizona lanzaron, en el 2005, un proyecto llamado The Primer, destinado a asistir a las víctimas de estas organizaciones religiosas. La idea no es perseguir a la poligamia, sino atender a la prevención y la contención de los miembros que fueron excomulgados o huyeron por sus propios medios. Numerosos testimonios hablan de castigos físicos, destierros e injusticias hacia personas involucradas con estos cultos. Los más serios refieren a matrimonios forzados entre muchachas menores de edad y hombres de hasta 70 años. The Primer cita el caso de Carolyn, hija de polígamos y madre de siete hijos. A los 16 años, se convirtió en la cuarta esposa de un hombre de 50. “La sociedad donde viví toda mi vida se basaba en el secreto y en la supervivencia”, dijo Carolyn. A pesar de que esa fue la única forma de vida que conocía, decidió irse por varios motivos: su esposo era violento y abusivo y temía que su hija de 14 años fuera obligada a casarse con un hombre mayor. Carolyn era observada todo el tiempo y tuvo que escapar a la madrugada. A las 4 a. m. manejó una minivan sin seguro, sin licencia y con el combustible suficiente para alejarse sólo tres millas de su vida anterior. Cuando sus niños preguntaron a dónde iban, dijo que a tomarse una fotografía familiar. Cuando vieron que estaban dejando su comunidad, los hijos se aterraron. “Mamá está llevándonos al infierno”, dijeron muy asustados. Carolyn buscó asistencia en el gobierno, aunque no sabía quién podía ayudarla. “No encajo en el sistema”, decía. Hoy vive con sus hijos y se encarga de ellos mientras intenta ayudar a otras mujeres en su situación. “Tengo esperanzas”, dice, e intenta recuperar los años perdidos. Son muchas las personas que, como Carolyn, se alejaron de las religiones que promueven la poligamia. Pero también hay miles que aún conviven bajo las reglas de estas comunidades, y eligen vivir en familias profundamente fieles a las reglas del fundamentalismo mormón. Lejos de ellos, también hay miles de personas que, fuera de los cultos, eligen el amor plural como forma de organizar su vida y sus relaciones amorosas. “¿Por qué para amar mucho habría que amar una sola vez?”, se preguntaba Don Juan, y la respuesta, como todas las respuestas, parece no ser unívoca.


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