POLITICA Y FE: MOVIMIENTO RELIGIOSO PROGRESISTA SE ABRE PASO

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¿Será una simplificación errónea la visión que asocia lo progresista con lo secular? ¿Se puede ser religioso y, al mismo tiempo, progresista? Algunas de estas preguntas se desprenden del informe que presentó la Brookings Institution, donde subraya que el único modo de enfrentar el desamparo social y económico que viven los sectores menos favorecidos del país es a partir de la influencia de los religiosos progresistas. Una empresa política clave y urgente de nuestro tiempo.

Texto: Michelle Tullo / Fotos: Carl Curtis / Monica Fisher

Politica y fe

Encuesta. El cristianismo evangélico está disminuyendo, mientras que las ideas liberales y seculares están ganando popularidad.

El futuro de la religión en la política de Estados Unidos no depende de los movimientos religiosos conservadores, sino más bien de aquellos progresistas, porque son ellos quienes pueden impulsar un nuevo movimiento por la justicia social, sugieren cientistas sociales en Washington. Según la Brookings Institution, el actual movimiento religioso por la justicia social puede compararse con el período del activismo por los derechos civiles que se desarrolló a mediados del siglo XX.
Así lo señala esa organización en el informe “Faith in Equality: Economic Justice and the Future of Religious Progressives” (Fe en la igualdad: La justicia económica y el futuro de los progresistas religiosos), hecho público meses atrás. “Lo vemos en lo relativo a cuestiones como el salario mínimo, los recortes presupuestarios y la inmigración. En materia de justicia social, la religión ha sido durante mucho tiempo una fuerza progresista, y el Papa Francisco está poniendo a prueba las presunciones populares según las cuales es una fuerza automáticamente conservadora. Luego de años de prestar mucha atención a los conservadores religiosos, la religión bajo ningún concepto se alimenta de la derecha”, señaló uno de los autores del estudio, E.J. Dionne.

“Estados Unidos tiene una fuerte historia de grupos religiosos en movimientos por la justicia social.”

Estados Unidos tiene una fuerte historia de grupos religiosos en movimientos por la justicia social, que incluyeron el impulso a la abolición de la esclavitud y la institucionalización de los derechos civiles, así como la implementación de programas de bienestar social hace medio siglo. Pero aquí y ahora, religión y progresismo suelen verse como nociones en conflicto. Según el informe, por ejemplo, apenas el 47% de los evangélicos blancos en Estados Unidos piensan que el gobierno tiene que hacer más por reducir la brecha entre ricos y pobres. Por el contrario, un 85% de los demócratas creen esto.
Esta división pone de relieve dos tendencias que han definido el paisaje religioso de Estados Unidos en las últimas dos décadas: una reducción en la cantidad de personas que asisten con regularidad a servicios religiosos y un aumento en la de quienes integran la conservadora “derecha religiosa”. El reporte señala que estas tendencias están interrelacionadas, pues “muchos estadounidenses jóvenes no fueron repelidos por la fe misma sino por la tendencia derechista que perciben entre los líderes. Para los adultos jóvenes ‘religión’ significa ‘republicano’, ‘intolerante’ y ‘homofóbico’”.
Sin embargo, para Dionne, pese a esta tendencia de secularización cada vez mayor, “una voz religiosa será fundamental para los movimientos que actúan en nombre de los pobres y los marginados, y también en nombre de los estadounidenses de clase media que están bajo creciente presión en una época de desigualdad”. Además, la demografía indica que esta voz religiosa no surgirá del ala conservadora, sugirió Dionne.
En las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos, en 2012, las edades de los integrantes de coaliciones religiosas que votaron por el presidente Barack Obama versus su rival republicano, Mitt Romney, fueron marcadamente distintas. Entre quienes se consideraban a sí mismos activamente religiosos, los votantes de Romney fueron principalmente ancianos, mientras que los de Obama fueron mucho más jóvenes. Lo que está claro, sugiere el informe, es que la derecha religiosa no será la vertiente más dominante en el futuro.

Declive de las congregaciones
Los investigadores de Brookings reconocen que son grandes los desafíos que le esperan a cualquier movimiento religioso incipiente que busque la justicia social en Estados Unidos. Entre esos retos, uno de los principales es el declive de las congregaciones. En 1958, el 49% de los estadounidenses asistían semanalmente a misa, mientras que actualmente ese guarismo se redujo al 18. Esta reducción a la vez disminuye naturalmente el tamaño de la coalición y la base de donantes disponible para el trabajo de las organizaciones sociales. Asimismo, esto a menudo se ha visto acompañado por un menor respeto a los grupos religiosos, exacerbando divisiones entre quienes se consideran a sí mismos religiosos versus los seculares.

Recordando a Vincent Harding
Vincent Harding, el historiador, escritor y activista de los derechos civiles, falleció a fines de mayo a la edad de 82 años. No sólo fue amigo de Dr. Martin Luther King, sino que escribía sus discursos y fue coautor del famoso discurso que King emitió contra la guerra, “Más allá de Vietnam”, que pronunció en la iglesia de Riverside el 4 de abril de 1967. Además, Harding fue profesor emérito de religión y transformación social en la Escuela de Teología Iliff en Denver. Años atrás, Harding recordó aquel discurso. “King fue más bien un pastor. El vio la conexión natural que había entre lo que les estaba pasando a los pobres en Estados Unidos, por qué hombres y mujeres jóvenes estaban creciendo enojados, frustrados, desesperados, y entendió que eso estaba profundamente relacionado con la devastación que el país estaba provocando en Vietnam. Y por lo tanto, King realmente estaba tratando de que todo Estados Unidos viera la relación entre la enfermedad dentro del país y la enfermedad de su política fuera de nuestras fronteras”.

Al mismo tiempo existen tensiones cuando grupos religiosos intentan participar en asuntos políticos sin usar métodos moralmente ambiguos. Por ejemplo, muchos líderes religiosos progresistas quieren abstenerse de la naturaleza “quid pro quo” (que implica intercambiar una cosa por otra) a la hora de forjar acuerdos políticos. Es que las divisiones ideológicas dentro de las comunidades religiosas pueden amenazar el trabajo de los defensores de la justicia social. Así, la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCDH, por sus siglas en inglés), que apoya a un espectro de organizaciones religiosas de la sociedad civil, aportó el año pasado más de nueve millones de dólares a 214 entidades. No obstante, luego de que grupos católicos antiabortistas presionaron a la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos para que regulara estrictamente las donaciones de las coaliciones de esa fe, la CCDH recortó algunas de sus donaciones, aunque los proyectos tuvieran sólo conexiones tangenciales con el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo.
De todos modos, muchas organizaciones han superado tales contradicciones. Entre los casos más destacados en este sentido figuran el Círculo de Protección, una alianza de líderes cristianos que aunaron esfuerzos para intentar proteger los recortes presupuestarios a los programas gubernamentales favorables para los pobres. De forma similar, Nuns on the Bus (Monjas en el Bus), una organización de religiosas católicas que viajan por el país haciendo campaña por la justicia social, desempeñó un rol importante en las elecciones de 2012.
“Uno de los motivos por los que las voces religiosas son tan importantes ahora es que, especialmente con el debilitamiento del movimiento laboral, las iglesias son las únicas organizaciones de masas que representan a muchos, muchos pobres. Algunas investigaciones que hicimos mostraron que, por ejemplo, en el desarrollo comunitario de los barrios, los pastores son las únicas personas que logran atraer la atención de los bancos”, subrayó Dionne. El informe indica que estos grupos religiosos progresistas son muy activos y a menudo exitosos, pero que carecen de la parafernalia que ayuda a captar la atención del público más amplio.

Creando coaliciones
Otra organización estadounidense, el Centro Interconfesional de Responsabilidad Corporativa (ICCR, por sus siglas en inglés), busca desde hace casi medio siglo influir en la toma de decisiones corporativas, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, desde una perspectiva interreligiosa. “Francamente, quienes están ideológica o políticamente divididos pueden aprender algo del ICCR. Hay algunas áreas donde la derecha y la izquierda están de acuerdo, y hallar esos espacios para crear coaliciones constituye una oportunidad maravillosa para revertir tendencias en materia de desigualdad”, sostuvo Laura Berry, directora ejecutiva de la entidad.

“Según el informe, la derecha religiosa no será la vertiente más dominante en el futuro.”

Berry recalcó el trabajo del ICCR tras el colapso de Rana Plaza, una fábrica bangladesí de vestimenta donde en abril de 2013 murieron más de 1.100 personas. Desde entonces, la organización lidera una coalición que representa más de 4,1 billones de dólares por concepto de bienes administrados, impulsando a unas 160 empresas a permitir inspecciones en sus plantas industriales que operan en el exterior, a contratar y entrenar a inspectores laborales y a adoptar mejores estándares de seguridad para quienes trabajan allí.
Para Berry, la propia experiencia del ICCR resulta ilustrativa de varias de las tendencias advertidas en el estudio de Brookings. “Estamos cada vez más convencidos que no es en vano generar una coalición más amplia que incluya más voces progresistas seculares. Primero éramos solo religiosos, pero ahora incluimos a más miembros seculares, como sindicatos y administradores de bienes”. ICCR también enfrenta muchos de los desafíos planteados en el estudio de Brookings, enfatizó Berry, particularmente en torno a divisiones ideológicas. Además, “hay señales positivas de una mejor creación de coaliciones por los derechos humanos, por ejemplo, en materia de tráfico de personas, entre evangélicos y cristianos progresistas”.
Para finalizar, Berry planteó: “No dejaremos que la división ideológica en la comunidad cristiana nos impida hablar sobre desigualdad. Estamos empezando a ver a algunos líderes como el Papa Francisco, decir cosas en voz alta, y la gente se pregunta: ‘¿Eso es progresista? ¿O es conservador?’”.


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