PORTUGAL: DULCE Y MELANCOLICO

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A 40 años de la revolución de los claveles, el antiguo imperio europeo intenta no vivir del pasado y acomodarse a las contingencias de la época. Pese a los embates económicos, Portugal es un país que invita a conocerlo y recorrerlo. No sólo por el sol y la playa, o las exquisitas propuestas de gastronomía, vinos, cultura y naturaleza que lo distinguen. Es que el patrimonio luso sorprende por la cantidad de pueblos y lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Al visitante sólo le resta comprobarlo con sus propios ojos.

Texto: Ulises Parigi / Fotos: Miguel Queiroz / Rita Palha / Rodrigo Figueiredo / Pedro Aguiar / Armenio Silva / Feliciano Carvalho / Bruno Serrão / Paula Mendes

El hermoso Portugal se despliega en un abanico de oportunidades ante el turista, con sus costas, su pasado, su cultura, sus extensos y bellos paisajes, su gente. En fin, es un país con un idioma musical admirable, que combina la modernidad y lo antiguo con gran versatilidad. De la irresistible Lisboa a los viñedos de Porto y las playas de Algarve, un recorrido por sitios y sabores incomparables. Y en todas las estaciones, incluso en pleno invierno europeo, lo espera al visitante un clima benigno y radiante de sol.

Lisboa. Situada en el cruce de la desembocadura del río Tajo con el océano, Lisboa es una ciudad con un gran vínculo con el mar y es la única capital europea con playas atlánticas. Como ha recibido muchas y diferentes culturas venidas de lejanos parajes a lo largo del tiempo, todavía hoy se siente un ambiente rústico en cada barrio histórico. Para empezar su excursión, la cuadrícula de calles de la Baixa Pombalina que se abre al Tajo en Praça do Comércio y, siguiendo el río, se avistan algunos de los lugares más bonitos de la ciudad: la zona monumental de Belém, barrios medievales y, además, áreas de ocio más recientes o contemporáneas como el Parque de las Naciones. Uno de los barrios más populares es Chiado, cuyo urbanismo fue trazado en 1988 por el célebre arquitecto portugués Alvaro Siza. Sobresalen monumentos muy interesantes como el Convento do Carmo, con las impresionantes ruinas de su iglesia gótica, y el Teatro Nacional San Carlos. En este sector bullicioso y turístico se levanta uno de los cafés más antiguos de la capital portuguesa, A Brasileira. El suburbio era lugar de reunión para los escritores locales de finales del siglo XIX, como nos recuerda la estatua del célebre poeta Fernando Pessoa. Con más de dos docenas de playas con bandera azul, la costa de Lisboa cuenta con unas condiciones excelentes para la práctica de deportes náuticos, y atrae a surfistas y bodyboarders de todo el mundo y con diferentes niveles de experiencia. Dicen los entendidos que aquí se encuentran las mejores olas de Europa.

porto desde el cielo

Rasgo. Tanto al norte como al sur del país, la gran variedad de paisajes y de patrimonios se encuentra a poca distancia.

Porto. Ciudad Patrimonio Mundial, es la puerta de entrada y el punto de partida de un viaje por la diversidad natural y cultural de la región del Duero. Ubicada en la desembocadura del río Duero, se la conoce por el vino de oporto, que desde aquí parte hacia todo el mundo, pero también por un legado que sabe combinar la antigüedad de iglesias y monumentos –la Catedral de San Francisco– con la contemporaneidad de destacados edificios –la Casa de la Música o el Museo De Serralves–. Y también por la Escuela de Arquitectura, de la que salieron los nombres de Alvaro Siza y Eduardo Souto de Moura, ambos premios Pritzker. El espectacular casco antiguo, la Ribeira, es el viejo puerto fluvial que trepa escalonadamente una colina desde el río. Las oficinas portuarias se transformaron en fascinantes tabernas y tascas. Los edificios están revestidos de azulejos de colores y los balcones tienen atractivas barandas de hierro forjado. Desde los muelles parten barcazas construidas a la manera de las viejas embarcaciones (se llaman rabelos), que realizan paseos por el río igual que en el pasado, cuando transportaban los inmensos toneles de vino.

Madeira. En el medio del océano Atlántico, las islas de Madeira y de Porto Santo son un refugio de belleza natural. Entre el azul del mar y el verde esmeralda de la vegetación despunta el exótico colorido de las flores, en un archipiélago en el que dos tercios de su superficie son área protegida y en el que se encuentra el mayor bosque de laurisilva del mundo. La temperatura primaveral que se disfruta todo el año invita a la práctica de actividades al aire libre. Pueden realizarse paseos a pie aprovechando la red de recorridos por las levadas (conducciones de agua), visitar la ciudad de Funchal y codearse con el patrimonio relacionado con la época de los Descubrimientos. Los paseos en barco son una excelente opción para observar la costa y disponer de una perspectiva diferente. Madeira ofrece varios complejos balnearios y acceso al mar con buenas condiciones para la náutica de recreo y para el submarinismo. La isla de Porto Santo, en particular, es el lugar ideal para huir del estrés y realizar un programa de talasoterapia. O unas vacaciones en la playa combinadas con unas partidas de golf. Saliendo de Funchal hacia el oeste, descubrirá la típica aldea de pescadores de Câmara de Lobos y el Cabo Girão, el más alto promontorio de Europa y el segundo más alto del mundo (580 metros).

Madeira beach

Portugal es un país con una gran tradición vitivinícola. Excelente pretexto para descubrir también su cultura y su gente.

Fado. Un chal, una guitarra portuguesa, una voz y mucho sentimiento. Símbolo de Portugal, esta sencilla imagen puede describir el fado, que canta al sentimiento, a los desengaños amorosos, a la añoranza de alguien que se fue, al día a día y a las conquistas. En 2011, recibió la distinción de Patrimonio de la Humanidad concedida por la Unesco. Para saber todos sus detalles, lo mejor es adentrase en el Museo del Fado, emplazado en Alfama, uno de los barrios históricos de Lisboa. Gracias a sus amplios fondos, fruto de centenares de donaciones, podemos conocer su historia desde el primer cuarto del XIX hasta la actualidad.

Evora. Es un libro de historia del arte portugués. La mejor forma de visitarla es a pie, transitando las calles estrechas, de casas blancas, para ir descubriendo los monumentos y los detalles que exponen la historia de Evora y la prodigalidad de su pasado. Por su ambiente tranquilo y acogedor le resultará fácil entender por qué los reyes de Portugal del siglo XV escogieron esta ciudad, cuyo génesis se remonta a la época romana, como su residencia, hecho que contribuyó al desarrollo e importancia cultural que vivió en los siglos posteriores. En realidad, su larga historia y el hecho de haber conservado hasta nuestros días un conjunto urbano representativo de los siglos XVI a XVIII fueron los motivos por los cuales la Unesco catalogó a Evora como Patrimonio Mundial.

Azores. El origen de las Azores se percibe grabado en los 1766 volcanes que existen en este archipiélago, nueve de los cuales aún se encuentran activos. De toda esta riqueza natural nació el Geoparque de las Azores, que pretende promocionar y proteger el patrimonio geológico de este archipiélago. Unico en el mundo, dispone de 121 geositios repartidos entre las nueve islas y la zona marina que lo rodea. En el subsuelo aparecen señaladas casi trescientas cavidades volcánicas en forma de grutas, cuevas y grietas. En el paisaje hay calderas secas, lagunas en cráteres, campos de fumarolas y manantiales termales. En el mar se localizan fuentes geotermales submarinas.

Centro. En el interior de la región central, se topará con macizos montañosos y aldeas de granito y esquisto. Junto al mar, poblaciones pesqueras y playas cosmopolitas en las que los deportes náuticos marcan el ritmo de los días. Y en todas partes, el patrimonio milenario exhibe con orgullo la historia de la región. Algunos de estos sitios tienen tanta importancia para la humanidad que la Unesco los incluyó en la lista de Patrimonio Mundial: los monasterios de Batalha y Alcobaça, el Convento do Cristo en Tomar y la Universidad de Coímbra. Pero hay otros con características impares que vale la pena descubrir. Por ejemplo, las Aldeas Históricas y los castillos que defendieron las fronteras de la nación. Y las ciudades, en las que la modernidad se alía a la herencia: Coímbra con los estudiantes, Aveiro entre la ría y el mar, y Viseu, Guarda y Castelo Branco, en las que la arquitectura de piedra atesora trazos de su pasado. En las montañas resalta la sierra de la Estrella, la más alta del Portugal continental, con paisajes interminables y lagos glaciares. O las sierras de Lousã, Açor y Caramulo, en las que los senderos pedestres y ciclistas proporcionan caminos para respirar mucha naturaleza. Pero aquí también podrá practicar la escalada, el rappel, el rafting o el piragüismo, como en el Geoparque Naturtejo, cuidado territorio en el que conviven varias especies de aves y animales. Para reconfortar el estómago hay sabores para todos los paladares. Quesos y embutidos, calderetas de pescado y cochinillo asado, o la miel y la repostería conventual. Los vinos regionales elevan el espíritu con distinción.

Nazaré. Esta es la playa con las tradiciones pesqueras más pintorescas de Portugal y no resulta extraño que el visitante se cruce con las pescaderas que todavía utilizan las siete sayas. La última hora de la tarde de un sábado veraniego obliga a sentarse al viajero en el muro para asistir al interesante espectáculo del arte xávega, durante el cual las redes cargadas de pescado llegan del mar y las mujeres gritan sus pregones de venta. No se preocupe si no entiende las palabras con exactitud. Son códigos que muchas veces sólo ellas manejan. Si mira hacia el mar, del lado derecho, verá un impresionante promontorio: Sítio, desde el cual disfrutará de una de las más populares panorámicas de la costa portuguesa. Son 318 metros de roca que cae en picado hacia el mar y que se puede alcanzar a pie, para los más valientes, o subiendo en ascensor. En lo alto, se halla la pequeña Ermita de la Memoria, en la que se cuenta la leyenda del milagro obrado por la Virgen al impedir que el caballo de un hidalgo, Don Fuas Roupinho, se cayese al vacío. Verdad o no, en el mirador de Suberco se puede ver la señal dejada en la roca por la herradura en esa mañana de niebla de 1182.

Alentejo. Esta ciudad-fortaleza amurallada data del siglo IX y se encuentra a 862 sobre el nivel del mar en pleno Parque Natural da Serra de São Mamede, donde podrá gozar de la naturaleza en todo su esplendor, entre senderos de pinos y olivos. Pero como no sólo de paisajes que dejan sin aliento vive el Alentejo, la bodega Adega Mayor, cerca de Campo Maior y de autoría del arquitecto Alvaro Siza, es una de las paradas obligadas. Aquí podrá visitar las instalaciones y degustar los mejores vinos de la región. No muy lejos, amerita dar un paseo en barco por el lago Alqueva. Otra alternativa: una excursión en globo sobre la inmensa llanura del Alentejo. Ya sobre la tierra, no vendrá mal una parada en Serpa, un singular conjunto arquitectónico formado por el castillo, las murallas y el acueducto. En Mértola, lo espera su playa fluvial y las impresionantes minas de São Domingos. En el Alentejo, las rutas gastronómicas son cada vez más numerosas. Cene cerca del mar, saboreando un pescado fresquísimo regado con un vino blanco, o pruebe la fusión de los sabores ancestrales con una cocina de autor cada vez más sofisticada.

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El sur de Portugal, escasamente poblado, es considerado como uno de los mejores sitios en toda Europa para observar el cielo.

Algarve. Desde aquí los portugueses iniciaron en el siglo XV la epopeya que los llevó al encuentro de otros pueblos y culturas. El clima es plácido y con mucho sol durante todo el año. Las playas gozan de excelente calidad: interminables arenales, limitados por acantilados dorados; islas casi desiertas que marcan la frontera entre Ria Formosa y el mar; o pequeñas bahías, resguardadas por las rocas. El océano Atlántico, con todos sus tonos de azul, casi siempre tranquilo y cálido, invita a largos baños y a la práctica de los deportes náuticos. Y también está la sierra, en la que las personas viven en armonía con la naturaleza y mantienen costumbres que les gusta compartir. En cuanto a las ciudades, Silves perpetúa vestigios del pasado árabe, y Lagos de la época de los Descubrimientos. Más cosmopolitas, Portimão y Albufeira viven días y noches llenos de movimiento. Tavira es un escaparate de la arquitectura tradicional y Faro, la puerta de entrada a la región, merece una visita pausada para familiarizarse con su agraciadísimo centro histórico. Para relajarse, nada mejor que los distintos tipos de tratamientos en los spas y centros de talasoterapia, y en las termas de Monchique. Además, hay muchos campos de golf premiados internacionalmente. Y hoteles, urbanizaciones y complejos, desde los más sencillos a los más sofisticados. En la mesa sobresale el pescado fresco y el marisco, a la parrilla o en cataplanas. Sabores celestiales que se aprecian en una sencilla terraza de playa o en los restaurantes más refinados distinguidos con estrellas Michelin.

Enoturismo. No se trata sólo de dar una vuelta por viñedos y catar vinos. Alrededor de las vides han surgido innovadores complejos turísticos en los que aprender y disfrutar con los cinco sentidos. Bodegas, restaurantes, vinotecas, rutas y modernos wine spa, con tratamientos de belleza a base de uva, son algunas de las tentaciones con que podrá toparse en la ruta. Explorar Portugal a través de sus vinos es una forma diferente y divertida de acercarse a la cultura del país. Al norte, en la provincia de Minho, el vinho verde: vinos ligeros y atrevidos, perfectos para acompañar mariscos y pescados. El segundo paso se avecina a orillas del Duero donde nació la denominación de origen más antigua del mundo, la de los vinos de oporto, reconocidos y prestigiados desde 1756. El siguiente punto se encuentra en el centro del territorio luso. La cepa principal es la touriga nacional y está considerada una de las regiones vinícolas con más proyección ya que sus vinos son suaves y elegantes. Mientras que en la península de Setúbal se producen excelentes moscateles, célebres desde el siglo XIX. La comarca de Bucelas presume de tener los mejores blancos. Junto a la sierra de Sintra, Colares es la única zona vitivinícola europea que se libró de la filoxera. Sus cepas, que no están injertadas, producen unos vinos muy particulares. En cuanto a los vinos del Alentejo, son de carácter fuerte y poderoso, y están valorados entre los mejores de Portugal.

 

 


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