PRESUPUESTOS EN DEFENSA: AMERICA LATINA ENTRE ARMAS

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Durante los últimos años, algunos países de América Latina han incrementado sus gastos en materia de Defensa. Esta situación reavivó el debate respecto de la existencia de una carrera armamentística en la región. Rearme, competencia, percepciones de amenazas, modernización de las Fuerzas Armadas: ¿qué está pasando en los distintos Estados del continente?

Texto: Nicolás Matías Comini / Fotos: AP / AFP

VENEZUELA MOCK INVASION

Hipótesis de conflicto. Tropas venezolanas realizan ejercicios tácticos basados en el planteo de una invasión de una potencia extranjera.

Es importante, antes que nada, realizar una breve conceptualización de la actual coyuntura regional. Cuando hablamos de América Latina, nos referimos a un subcontinente que si bien presenta patrones culturales e históricos similares, no se muestra como una unidad homogénea en sí misma, producto en gran medida de la reestructuración del mapa latinoamericano y hemisférico llevado a cabo durante las últimas décadas. En ese cuadro, podría afirmarse que se encuentra dividida geopolítica, geocultural y geoeconómicamente en tres subregiones: por un lado, México, América Central y la Comunidad del Caribe inglés; por otro, la Comunidad Andina –Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia– y, por último, el Cono Sur, es decir Chile y el Mercosur (conformado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay como miembros plenos, con el ingreso de Venezuela aprobado y la admisión de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú como países asociados). El primer subgrupo mantiene una fuerte vinculación y dependencia con Estados Unidos, aunque obviamente con agudos matices. En otro orden, la Comunidad Andina está sufriendo un proceso de desintegración profunda, producto, en gran medida, del Tratado de Libre Comercio establecido o en proceso de materialización con Washington que ha desatado fuertes enfrentamientos entre los países miembros. Por último, Chile es el “llanero solitario” del sur y ha adoptado hace muchos años una estrategia de vinculación internacional por fuera de todo mecanismo de integración subregional, mientras el Mercosur debe enfrentar ciertos obstáculos: las asimetrías dentro del bloque han aumentado los reclamos de mayor equidad por parte de los socios menores –Uruguay y Paraguay– y de una verdadera intervención institucional, convirtiéndolo en un Mercosur “light” que convive con una proliferación de acuerdos de libre comercio de distintos países latinoamericanos, tanto con Estados Unidos como con la Unión Europea y países de Asia Pacífico. De esta forma, nos encontramos con un mapa latinoamericano que no se asemeja a los sueños bolivarianos de una América única. Diferentes concepciones acerca de la estrategia de inserción internacional a adoptar, despuntes culturales, anomias institucionales y flujos de capitales desiguales son algunas de las causas que enfrentan a la penosa realidad empírica con la belleza retórica del hombre político. Así, frente a una circunstancia de integración imperfecta, no es de extrañar que ante dicho incremento de las capacidades militares de alguna de sus partes emerjan interrogantes tales como “¿Por qué?” o “¿Para qué aumentan los gastos en Defensa?” Algunos países latinoamericanos anunciaron durante 2007 que incrementarían sus presupuestos en materia de Defensa, llevando a algunos analistas a afirmar que la región se ha embarcado en una carrera armamentística no prevista tiempo atrás. En ese contexto, es adecuado realizar un repaso de los hechos más relevantes que parecerían poner en jaque la paz que reina en el subcontinente. Venezuela ha justificado la necesidad de fortalecer sus Fuerzas Armadas construyendo un enemigo en Estados Unidos, que según sus propios argumentos tendría la intención de invadir ese país para aprovisionarse de sus recursos energéticos. Así, el presidente Hugo Chávez halló el argumento perfecto para comprar, entre otras cosas, aviones cazas bombarderos, helicópteros de asalto, submarinos y fusiles. Continuando con esta línea, Brasil anunció el incremento de más de un 50% de su presupuesto de Defensa para 2008.

Los países de América Latina comparten la cualidad de estar gobernados bajo regímenes democráticos y la intención de establecer un férreo control civil sobre las Fuerzas Armadas. No obstante, subsisten ciertas amenazas a la estabilidad regional: tales como los distanciamientos de Colombia con Venezuela y Nicaragua; los problemas limítrofes entre Venezuela y Guyana; la salida al mar de Bolivia o los irresueltos límites marítimos entre Perú y Chile. Asimismo, las denuncias de focos de crimen organizado, narcotráfico, trata de personas o explotación sexual infantil en las fronteras muestran cierta ineficiencia del trabajo conjunto entre los países fronterizos pero abre la posibilidad de un canal de trabajo conjunto real, propio de Estados realmente integrados.

Chile Army Day

La Fuerza Aérea chilena exhibe sus F16 en cada fiesta patria. Su plan de modernización y equipamiento causa recelo entre sus vecinos.

Eso significaría que durante este año Brasil invertirá alrededor de 4.620 millones de dólares en sus fuerzas militares. Asimismo, el presidente Lula fijó recientemente un acuerdo de transferencia de tecnología militar con Francia, que le permitirá al país sudamericano fabricar submarinos, aviones y helicópteros de combate. Por su parte, Colombia continúa recibiendo asistencia de Estados Unidos para luchar contra el narcotráfico en el marco del denominado “Plan Colombia”. Sin embargo, el presupuesto total de ayuda a ese país fue recortado en un 10% con referencia a lo que Washington le concedió entre 2006 y 2007; por lo tanto, el país recibirá 43,4 millones de dólares menos durante un año. En otro orden, el anuncio del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, donde aseguró que Israel modernizará 11 caza-bombarderos de la flotilla de aviones Kfi r que Colombia compró a ese país a finales de la década del 80 y adquirirá 13 cazas repotenciados adicionales, desencadenó una nueva crisis nerviosa en el máximo mandatario venezolano. Este hecho motivó que Chávez denunciara nuevamente que su par Uribe estaría perfeccionando supuestos planes de agresión militar contra su país. En Chile, la Ley Secreta del Cobre –que otorga el 10% de los beneficios por la venta de dicho metal a las Fuerzas Armadas– ayuda a ensanchar el presupuesto de Defensa y permite financiar, entre otras unidades, la adquisición de más de un centenar de tanques de batalla Leopard II, fragatas misilísticas, submarinos equipados con dispositivos de disparo de misiles, aviones F-16 con sistemas de misiles aire-aire de alcance medio y buque petroleros. Perú, por su parte, es según el último informe anual de Military Power Review el segundo país de la región en términos de capacidades militares, seguido muy de cerca por Chile en tercer lugar y Argentina en cuarto. Brasil obviamente ocupa el primer puesto y, llamativamente, Venezuela, que en el anterior informe estaba en la séptima posición, ocupa la quinta. A primera vista, las naciones de la región parecerían estar participando de un juego implícito que podría desencadenar un escenario de conflicto bélico internacional a futuro. Sin embargo, si se toma en cuenta el estado obsoleto de los recursos militares latinoamericanos, producto de la falta de inversión y mantenimiento durante las últimas décadas, las acciones de los países mencionados parecerían estar más concatenadas a un proceso de modernización, reequipamiento y reestructuración de sus respectivas Fuerzas Armadas que a una percepción de mutua provocación generalizada. De este modo, sería apresurado catalogar de “carrera armamentística” a la actual coyuntura, sobre todo teniendo en cuenta el bajo número de conflictos interestatales y los limitados porcentajes que los gobiernos latinoamericanos destinan al área de la Defensa. En ese sentido, las inversiones de la región en fuerza militar se encuentran muy por debajo de la media global: sólo el 1,31% del PBI de América Latina se emplea en el área y el 70,58% de ese total equivale a gastos en personal incluyendo sueldos, retiros y pensiones. En cuanto a su participación en el gasto militar mundial, Latinoamérica lo hace con un 3% mientras que América del Norte aporta un 47%, Europa un 22%, Asia un 15% y Africa un 1%.

APTOPIX Colombia Military Ceremony

Pese a los conflictos, Colombia supo aprender a valorar la paz.

Estos indicadores demuestran que las prioridades de estos países no están vinculadas al peligro de una guerra interestatal sino a la necesidad de dar solución a los conflictos que provienen del interior de sus propias fronteras. Actualmente, las principales amenazas en la región están relacionadas a los bajos niveles de desarrollo humano, expresados, entre otras cosas, en un limitado acceso a la educación, la vivienda, la salud y la seguridad. Existen factores históricos que se han incrementado durante los últimos años como las desigualdades socioeconómicas, culturales y políticas y la baja gobernabilidad estatal, cuyos efectos directos se representan en un progresivo incremento de la pobreza, la exclusión y la marginalidad social. Estos factores profundizan la polarización y el distanciamiento entre los actores sociales, con el consecuente aumento de la violencia y la inseguridad nacional. Si bien los Estados se muestran débiles para resarcir esta situación, la mayoría de los países de América Latina asumen que los principales focos de conflicto no emergen del sistema internacional sino del ámbito doméstico. El desafío para ellos es de otra naturaleza: cómo avanzar hacia sociedades más justas, con menor inequidad, mejor distribución de la riqueza y posibilidades de crecimiento y desarrollo más equilibradas, tanto en el ámbito nacional como en el regional y global. Por eso la Defensa de los países latinoamericanos asume un posicionamiento eminentemente de salvaguarda, en consecuencia, evitando actitudes y capacidades ofensivas. Los esfuerzos no parecen ser destinados al desarrollo de una carrera armamentística sino a revertir los índices de pobreza y marginalidad, las mayores intimidaciones a la seguridad de estos países.

A primera vista, las naciones de la región parecerían estar participando de un juego implícito que podría desencadenar un escenario de conflicto bélico internacional a futuro. Sin embargo, si se toma en cuenta el estado obsoleto de los recursos militares latinoamericanos, producto de la falta de inversión y mantenimiento durante las últimas décadas, las acciones de los países mencionados parecerían estar más concatenadas a un proceso de modernización, reequipamiento y reestructuración de sus respectivas Fuerzas Armadas que a una percepción de mutua amenaza generalizada. Así, sería apresurado catalogar de “carrera armamentística” a la actual coyuntura, sobre todo teniendo en cuenta el bajo número de conflicto interestatales y los limitados porcentajes que los gobiernos latinoamericanos destinan al área de la Defensa.

Franz Josef Jung, Jose Goni Carrasco, Hans Otto Budde, General Oscar Izurieta

Juguete rabioso. Los altos mandos chilenos sonríen en Alemania ante el modelo de un tanque Leopard, la nueva adquisición andina.

La variable “capacidad militar” es insuficiente para comprender por qué América Latina está lejos de embarcarse en potenciales conflictos bélicos. En ese sentido, es importante destacar que los recursos militares de los Estados están subordinados a las percepciones acerca de la forma en que van a ser empleados. Es decir, un país puede poseer enormes capacidades militares y sin embargo no ser considerado por otras naciones como una amenaza. He aquí un ejemplo claro de esto: Gran Bretaña gastó 59.2 mil millones de dólares en Defensa en 2006 mientras Irán gastó 9.8 mil millones durante el mismo período. No obstante, a pesar de esta abismal diferencia en términos presupuestarios, el país europeo no representa un reto para Estados Unidos mientras sí lo es lo es Teherán. En el caso de Latinoamérica los países vecinos no se perciben entre sí como amenaza, más allá de los incrementos de las capacidades militares de algunas de sus partes, y si bien soñar kantianamente con una paz perpetua se torna inimaginable en el mundo actual, estos Estados se encuentran muy lejos de dirimir sus diferencias a través una vía que no fuera la negociación diplomática. Para evitar el uso de la fuerza, existen en la región mecanismos bilaterales y multilaterales subregionales, regionales y hemisféricos en materia de Defensa. Las Conferencias de Ministros de las Américas, el Sistema de Seguridad Regional en el Caribe Oriental del Commonwealth y el Tratado de Seguridad Democrática en Centroamérica demuestran que se ha avanzado en los intentos por aumentar la transparencia en los asuntos de militares a través de la expansión de las medidas de confianza mutua (entre otras cosas, en términos de intercambio de informaciones, mayor diálogo entre civiles y militares o comunicación de los gastos de defensa). A eso se debe añadir un concepto no menor: los países de América Latina comparten la cualidad de estar gobernados bajo regímenes democráticos y la intención de establecer un férreo control civil sobre las Fuerzas Armadas. No obstante, subsisten ciertos apremios a la estabilidad regional: tales como los distanciamientos de Colombia con Venezuela y Nicaragua; los problemas limítrofes entre Venezuela y Guyana; la salida al mar de Bolivia o los irresueltos límites marítimos entre Perú y Chile. Asimismo, las denuncias de focos de crimen organizado, narcotráfico, trata de personas o explotación sexual infantil en las fronteras muestran cierta ineficiencia del trabajo conjunto entre los países fronterizos pero abre la posibilidad de un canal de trabajo conjunto real, propio de Estados realmente integrados. En ese panorama, América Latina se debe a sí misma la construcción de un mecanismo de integración real e institucionalizado. Su fragmentación no sólo la posiciona en un lugar de debilidad frente al sistema internacional, sino que impide la resolución de las crecientes asimetrías existentes al interior de los países que la integran. Las amenazas a la estabilidad regional se encuentran dentro del nivel subnacional y hasta que las mismas no sean apaleadas, el subcontiente no podrá garantizar seguridad alguna aún incrementando sus compras de material bélico.


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