RACHEL MCADAMS: LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS

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Dueña de una sonrisa encantadora y a muy poco de cumplir 38 años, la bella Rachel McAdams es la princesa indiscutida de la comedia romántica. Sin embargo, sus participaciones en la serie True Detective y la oscarizada Spotlight han revelado que la canadiense no le tiene miedo a los desafíos, transformándose en una actriz completa. Algo que vendrá a ratificar en uno de los estrenos del mes, Doctor Strange, el tanque de Marvel que dirige Scott Derrickson.

Texto: Gonzalo Paz / Fotos: Marvel Studios

 

Aunque se crió en la ciudad de Saint Thomas, Rachel McAdams nació en Londres (Ontario, Canadá) el 17 de noviembre de 1978. Hija de una familia de clase media canadiense, con una madre enfermera y un padre camionero, durante su infancia practicó patinaje artístico sobre hielo –llegando incluso a ganar premios en torneos importantes– y, un poco más tarde, durante la adolescencia, trabajó en un local de la cadena de comida rápida McDonald’s. Sin embargo, la actuación iba a ser lo suyo.

La única estrella con un papel sin poderes mágicos en Doctor Strange es McAdams, que encarnar a la enfermera Christine Palmer.

La única estrella con un papel sin poderes mágicos en Doctor Strange es McAdams, que encarnar a la enfermera Christine Palmer.

A los doce años ingresó en un programa de teatro de verano sobre William Shakespeare, y a los diecisiete recibió un galardón por su papel en una obra de teatro escolar. Como la actuación no le parecía una carrera “seria”, comenzó a estudiar Estudios culturales en la universidad, pero al poco tiempo su profesora de teatro la convenció de que trabajar de actriz era posible. Se inscribió, así, en la carrera de arte dramático en la Universidad de York, donde se graduó con honores en 2001. Al año siguiente consiguió su primer trabajo en Hollywood, en la comedia The Hot Chick, y ya en 2004, la fama tocó a su puerta con el éxito en dos películas en las que fue protagonista: la comedia juvenil Mean Girls y el drama romántico The Notebook.

A partir de ahí su vida cambió completamente y los contratos comenzaron a sucederse. Luego de un descanso de dos años, entre 2006 y 2008, en el que se retiró de la vida pública y rechazó papeles en filmes como The Devil Wears Prada, Casino Royale y Mission: Impossible III, McAdams volvió a los sets de filmación en 2009. Desde entonces no dejó de aparecer en la pantalla grande. Compartió cartel con actores de la talla de Helen Mirren, Diane Keaton, Harrison Ford, Russell Crowe y Javier Bardem, y trabajó para grandes directores como Terrence Malick, Brian De Palma y Woody Allen.

ALMA MAGAZINE: ¿Cómo fue tu infancia? ¿A qué se dedicaban tus padres?

RACHEL MCADAMS: Mi infancia fue una típica infancia de clase media, tranquila. Tres hermanos, Daniel, que es mayor que yo, y Kayleen, la más chica. Mamá era enfermera… Es, en realidad, porque todavía sigue trabajando. Y mi padre, que ya se retiró, era camionero. Se dedicaba a las mudanzas, aunque él dice que era “ingeniero en traslados”. (Risas)

AM: Antes de ser actriz, ¿qué trabajos realizaste?

R.M.: Trabajé en McDonald’s, por ejemplo, en el AutoMac. Estaba en la ventanilla y tomaba los encargos. Pero, en verdad, no era muy rápida. Me distraía mucho, así que nunca pasé a trabajar con los chicos de la cocina.

AM: Para vender hamburguesas, ¿eras buena actriz?

R.M.: Recuerdo de que una vez rompí la máquina de jugos. Pasé corriendo, apurada, y volqué el dispenser: el jugo cayó entre los cables y la máquina no funcionó más.

AM: ¿Alguna vez te sucedió algo parecido en el universo de la actuación?

R.M.: En una de las primeras películas en las que trabajé, The Hot Chick, con Rob Schneider, en un momento tenía que salir conduciendo un Volkswagen convertible, con otras tres actrices, y terminé chocando. Fue un desastre, un caos total.

AM: ¿Qué te ha aportado tu profesión?

R.M.: No diría que mi trabajo es “terapéutico”, pero algo de eso tiene. He aprendido muchísimo trabajando en el cine, especialmente sobre mí, a través de los papeles que interpreté. En la industria cinematográfica se conoce mucha gente, estás en contacto con muchas personas y, si estás abierto, el intercambio es siempre positivo. Lo mejor es que aprendes sin siquiera darte cuenta de que lo estás haciendo. Cuando estoy filmando una película, me siento como una niña en una tienda de golosinas.

AM: ¿Qué te gusta hacer cuando no estás trabajando?

El Oscar que no fue. McAdams fue nominada por primera vez como mejor actriz de reparto por su rol en Spotlight, de Tom McCarthy.

El Oscar que no fue. McAdams fue nominada por primera vez como mejor actriz de reparto por su rol en Spotlight, de Tom McCarthy.

R.M.: Me gustar estar en casa, haciendo cosas. Cocinando y limpiando, por ejemplo, como cualquier persona. No es que sea la mejor cocinera del mundo, pero disfruto mucho haciéndolo. A veces me pongo a experimentar platos, me divierte. También suelo ir de vez en cuando al cine. Y algo que disfruto mucho es pasear en bicicleta.

AM: ¿Te gusta la ropa?

R.M.: Me gusta la ropa pero de manera normal. Digamos, no soy de ir a las tiendas caras y comprar ropa compulsivamente. Soy más bien de apegarme a prendas que tienen para mí un valor sentimental.

AM: Si abriéramos tu armario, por ejemplo, ¿qué encontraríamos?

R.M.: Bueno, muchas cosas. Pero en cuanto a lo que tiene un valor especial para mí, en primer lugar encontrarías mis botas Dr. Martens, que siguen igual que cuando las compré hace quince años, y que me recuerdan una época muy especial de mi vida. También está el vestido que usé para el estreno de The Notebook, que fue el primero que me compré. Además, conservo un jersey que era de mi madre, que a veces todavía uso, y al que tengo especial cariño porque mi madre aparece con él en una foto en la que me lleva en brazos cuando yo era bebé.

AM: Cuando te encuentras fuera de tu casa, rodando, ¿qué es lo que más echas de menos?

R.M.: A mi familia, sobre todo. Aunque mis padres vienen a menudo a verme a los rodajes. Por lo general, trato de no empalmar una película con otra para poder regresar a casa y desconectar por un tiempo. Me encanta viajar, ir de un lado para otro, trabajar y conocer gente, pero necesito también tiempo libre para recargar energía y volver a empezar.

AM: ¿Cómo es tu relación con los hombres?

R.M.: Difícil. (Risas) Vivimos una época rara en relación con los vínculos sentimentales. Me da la sensación de que todo cambió mucho en los últimos años. No sé si los hombres se volvieron más tímidos o si es que ahora ellos esperan que la mujer se les acerque, que les invite a salir.

AM: ¿Qué es lo que más te atrae de un hombre?

R.M.: El sentido del humor, sobre todo. Eso para mí es fundamental. Sin humor no se puede ir muy lejos. Porque puede haber pasión, puede haber piel, e incluso puedes tener cosas en común con una persona, pero si no te ríes… Por eso en primer lugar busco a un buen amigo. En una relación larga siempre va a haber vicisitudes, que con humor se resuelven mucho mejor. Lo más importante en el amor es poder reírse juntos. Cuando hay una buena conexión, todo lo demás pasa a un segundo plano.

AM: Después de haber protagonizado tantas historias románticas en el cine, ¿aprendiste algo con respecto al amor y al matrimonio?

R.M.: El amor, e incluso el matrimonio, son cosas muy personales. Es muy difícil generalizar. Cada cual vive el amor de manera diferente. Durante mucho tiempo, sobre todo en ciertos ambientes, se le dio muy poca importancia al matrimonio y a la familia, pero tengo la sensación que desde hace un tiempo eso empezó a cambiar. Me parece que hoy hay mucha más libertad que antes, así que hay que tratar de hacer lo que nos haga bien, lo que nos haga felices.

AM: ¿Te consideras una persona “espiritual”?

rachel-mcadams-photo-shoot-for-the-wrap-magazine-december-2015-1R.M.: Me considero una persona con fe. La fe, para mí, es parte de la condición humana. Trato de pensar en algún momento de mi vida en que haya perdido la fe, y no encuentro ninguno. Lo vi muy claro cuando trabajé en To the Wonder, de Terrence Malick. En la película, el personaje de Javier Bardem ayuda a la gente desde la fe y la religión. Esa es la religiosidad y la espiritualidad que me interesan.

AM: Con respecto a esa película, ¿es cierto que empezaron a rodar sin el guión terminado?

R.M.: Sí, fue así, confiamos en Malick. Terry tiene un ojo increíble para los grandes momentos, sabe encontrar la verdad y la belleza de manera muy intuitiva. Para mí, él es como un escultor con la mente abierta y con mucha libertad que va encontrando de a poco la historia; tiene entre sus manos un montón de arcilla y la va moldeando lentamente hasta que se le aparece la forma final. Me gusta mucho ese modo que tiene de trabajar, porque no se encasilla con nada. Si un día algo sale mal, sigue con otra cosa, con otra escena. El rodaje de To the Wonder fue una experiencia completamente distinta a la de otras películas que filmé.

AM: Si no tenían guión, ¿cómo trabajaban?

R.M.: Terry me contó el pasado de mi personaje, me llevó a recorrer la ciudad donde supuestamente había nacido y me dijo que yo misma podía decidir la casa en la que me había criado o la escuela donde había ido. A pesar de sentirme un poco desamparada, me pareció una experiencia mágica. Algunos días creí desesperar, estaba completamente perdida, pero confiaba en que de un momento a otro iba a surgir algo interesante. Y así sucedió. Fue una experiencia fascinante aunque al mismo tiempo muy difícil, porque generalmente los actores tenemos un lado perfeccionista y tendemos a querer controlarlo todo.

AM: ¿Te gusta el cine de Terrence Malick?

R.M.: Sí, claro, me gustan todas sus películas, todas. Trabajar con él fue un verdadero desafío, tuve que poner todo de mí, utilizar ciertos músculos que nunca antes había usado en toda mi carrera. Me gusta su cine, aunque a veces me resulte un poco “confuso”. Lo que me parece más interesante del cine de Malick es que él no te dice lo que tienes que pensar o lo que tienes que sentir. Sus películas no te imponen nada, no quieren adoctrinarte, te permiten crear tu propia experiencia. Y al mismo tiempo, habla de los temas centrales de la vida: el amor, la muerte, la pérdida, el engaño, la fe, la compasión. Todo mezclado con la naturaleza y el mundo que nos rodea. Es una maravilla.

AM: Otro director importante con el que trabajaste fue Brian De Palma.

R.M.: Sí. La experiencia de Passion fue muy diferente a la de To the Wonder, aunque también muy interesante. Brian tiene una visión muy clara de la película que quiere hacer, es muy técnico y posee una estética muy definida de antemano. En cierto sentido, es lo contrario de Terry. Por otro lado, Brian filma todo muy rápido, por eso la experiencia resultó tan distinta. Los dos son muy buenos, pero por razones opuestas.

AM: ¿Y con Woody Allen cómo te fue?

rachel-mcadams-masahiro-miki-photoshoot-april-2016rachel-mcadams-masahiro-miki-photoshoot-april-2016-3R.M.: El trabajo en Midnight in Paris fue, para decirlo de algún modo, como una exploración de otros colores, colores que hasta ese instante no conocía. En la vida, todos tenemos diferentes tiempos y diferentes experiencias, y cuando Woody me habló de hacer esta película, pensé que sería muy excitante pasar por lo que él me proponía, y así fue. Salir de tu zona de confort y arriesgarte con cosas que nunca has hecho, es parte del desafío de ser actor. No lo haría todo el tiempo, pero no está mal de vez en cuando hacer cosas distintas.

AM: Este año Spotlight, el filme de Tom McCarthy en el que interpretaste a la periodista Sacha Pfeiffer, obtuvo el Oscar a mejor película…

R.M.: Sí, fue una gran alegría. Tom es un director increíble. Y como además de director, es actor, un muy buen actor, hay un lenguaje común, y eso es fantástico. No tiene que decir mucho para que sepas exactamente qué es lo que quiere. Le interesa mucho la actuación, entonces puedes relajarte un poco porque sabes que él está pendiente de tu trabajo. Y Sacha es una mujer admirable, muy noble y muy valiente. Fue un gran aprendizaje para mí interpretar su papel.

AM: Y ahora se viene Doctor Strange…

R.M.: Me encanta el trabajo como director de Scott Derrickson. Me reuní con él y me fascinó su visión y su pasión. Además, no podía dejar pasar la oportunidad de trabajar con el gran Benedict Cumberbatch. Y, por supuesto, Marvel hace películas increíbles, por lo que era un paquete completo que no podía rechazar. Viajamos mucho. Hay escenas rodadas en Nepal, Hong Kong, Nueva York, Londres… Bueno, no voy a decir mucho más, vayan a verla.


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