REBECA GRYNSPAN: “LA CLASE MEDIA TIENE VOZ”

0

La ex vicepresidenta de Costa Rica ocupa el segundo puesto en importancia de la agencia de cooperación de la Organización de las Naciones Unidas. En estos días su tarea se ha concentrado en problemáticas sensibles al futuro de la economía de los países en desarrollo: el cambio climático, la disminución de la pobreza, las nuevas conquistas de la clase media y contribuir a la consumación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Rebeca Grynspan, directora para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), también fue directora de la sede subregional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en México.

Texto: Fabíola Ortiz / Fotos: Fabián Souza / Lorenzo Del Pino

Rebeca Grynspan

Defensora firme del desarrollo humano, Grynspan ha puesto el foco de su trabajo sobre la necesidad de reducir la desigualdad.

Según expertos, la clase media se expande, levanta su voz y, una vez cubiertas sus necesidades básicas, exige servicios de calidad y participar en la toma de decisiones. Las protestas que tomaron meses atrás las calles de más de 350 ciudades de Brasil son el resultado de la expansión de ese segmento social que busca ser escuchado en sus demandas. Esto remarcó Rebeca Grynspan tras su visita al país sudamericano para inaugurar el Centro Mundial de Desarrollo Sostenible. Ella es secretaria general adjunta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La revuelta nació por el alza de la tarifa de transporte, un servicio costoso e ineficiente. Pero se extendió a otras áreas: salud, educación y la corrupción de muchos dirigentes políticos. Esas preocupaciones reflejan la frustración entre los casi 200 millones de brasileños con la incumplida promesa de meter al país en el mundo desarrollado. ¿El descontento en Brasil le ha pasado factura a la presidenta Dilma Rousseff? Sí, los manifestantes consiguieron la rebaja de pasajes, la aprobación, en tiempo récord, de una ley que declara la corrupción como un delito repugnante y la votación de una ley que destina las regalías petroleras a la salud y la educación.
Grynspan defendió una agenda constructiva para incluir la participación de la sociedad toda en el sistema político de toma de decisiones. El PNUD estima que el 80% de la clase media del mundo va a vivir en países en desarrollo para 2050 y que, por lo tanto, habrá una mayor demanda social sobre esos estados.
El centro internacional conocido sólo como Río+ fue creado por el gobierno de Rousseff, con apoyo del PNUD, y tiene como objetivo abordar cuestiones relacionadas con el clima, la reducción de la pobreza, las problemáticas de las ciudades y contribuir en general a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
ALMA MAGAZINE: ¿Qué representa el recién lanzado Centro Río+ justo un año después de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20)?
REBECA GRYNSPAN: El Centro Río+ es realmente la concreción de lo que hablamos en la conferencia Río+20, cuando decidimos la creación de esta entidad y lo firmamos con el gobierno de Brasil. Se trata de aprovechar este momento en que hay una conversación global sobre cómo este mundo va a llevar adelante una agenda de desarrollo única en la cual converja todo lo que hemos aprendido en los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM) y el marco del crecimiento sostenible.
AM: ¿Cómo pensar una agenda de desarrollo única para el mundo? ¿Cuáles son los retos para el Centro Río+?
R.G.: Tratar de unir las soluciones en los tres pilares del desarrollo sostenible, que son económicas, sociales y ambientales, y cambiar el discurso de negativo a positivo. Para eso, usted tiene que unir a las comunidades profesionales. El diálogo de los tres grupos sectoriales es igual a traer al ministro de Hacienda para que dialogue con el de Ambiente, quien en soledad no puede hacer la transformación. Además de comulgar con una comunidad más amplia, en la que confluyan academia, sector privado y organizaciones de la sociedad civil. Es el legado de lo que Brasil ha hecho. Tuvimos la Cumbre de la Tierra de 1992, Río+20 el año pasado y los dos han sido “turning points” (puntos de inflexión) en términos de la discusión del desarrollo sostenible. Me parece muy simbólico ubicarlo en Río de Janeiro.
AM: Para usted, ¿el mundo tiene que apurarse o tenemos tiempo hasta 2015? ¿Hay alguna perspectiva de definir los ODS?
R.G.: El panel de alto nivel le dio un reporte al secretario general (de la ONU, Ban Ki-moon) y ahora también está haciendo lo propio un grupo de trabajo interagencial. Con esos dos insumos, Ban fue a la Asamblea General de la ONU para informar sobre la marcha de los ODS. Esperamos que en septiembre de 2014 se hayan reunido todos los elementos para tomar una decisión sobre los ODS y el marco del desarrollo que el mundo quiere para el futuro.

“Ha habido un avance tan rápido, que la calidad de los servicios que la clase media demanda viene rezagada.”

AM: ¿Qué aspectos deben abarcar los ODS? ¿Serán una continuidad de los ODM?
R.G.: Los ODM fueron muy importantes, trajeron acción a nivel nacional e internacional, una contribución importante a la educación, a la igualdad entre niños y niñas, al combate contra la pobreza, el sida, la tuberculosis y la malaria. Pero tienen varios elementos que se espera que sean superados en la próxima agenda, porque no son universales. La mayoría de los ODM eran para los países en desarrollo, sólo había uno para todos; era el último, de cooperación global. La agenda de los ODS tiene que ser universal. Va a tener que dar un espacio para adaptarse a las condiciones específicas de cada país. Hay un llamado a no basarse sólo en promedios, sino en desagregar los indicadores. En países y sociedades desiguales, los promedios esconden más de lo que revelan. El panel de alto nivel propuso 12 ODS para 2030.
AM: ¿Qué debe hacer el PNUD para salvarse de cuestionamientos a la ineficiencia de la cooperación?
R.G.: Todo el dinero de las organizaciones de la ONU es menor al de la cooperación de gobiernos y de las ONG. En realidad, los recursos son bastante modestos. Creo que estas organizaciones deben revisarse para que no se aparten de una buena cultura estructural. Soy testigo de que el PNUD hace grandes esfuerzos por mejorar su rendición de cuentas. El PNUD es un agente que permite un espacio de imparcialidad donde acuden todos los actores de la sociedad. Esto es muy importante en los diálogos nacionales que se han dado en varios países, pero nada puede sustituir a la voluntad de acuerdo por parte de las diferentes fuerzas de una nación. No hay nada más importante que un compromiso nacional. Ninguna organización internacional lo puede sustituir.
AM: ¿Qué es más frecuente: gobiernos aliados u obstáculos?
R.G.: Sin la alianza de los gobiernos es muy difícil que se pase de proyectos a políticas públicas. Necesitamos la estructura estatal para que los planes tengan la profundidad y la sostenibilidad en el tiempo. En la diversidad de países tenemos de las dos cosas. Hay gobiernos que han sido indiferentes a los ODM, aunque la prensa y las demandas de la ciudadanía han ayudado mucho.
AM: ¿Los conflictos políticos de América Latina complican la tarea del PNUD?
R.G.: Cuando hay un marco democrático sólido, el terreno es más permeable a los ODM. Desde la ola democrática de los años 80, la región es más fuerte; eso se puede registrar en cómo ha encarado la crisis económica actual. Sin embargo, estos cambios van mucho más allá de las transformaciones producidas en las economías. Abarcan un genuino desarrollo humano. A través de todos los continentes, las condiciones de vida y las perspectivas de millones de personas han mejorado de manera importante.
AM: ¿Qué rol puede tener Brasil para la formulación de los ODS?
R.G.: Brasil puede tener un gran peso en las decisiones, pues tiene un gran liderazgo, una gran capacidad para negociar, y posee un gran entendimiento de lo que es hacer esto desde un país en desarrollo. Necesitamos eso para, efectivamente, lograr la convergencia en los ODS para que sean ambiciosos y posibles.
AM: Brasil logró sacar a 40 millones de personas de la pobreza, pero igual ahora hubo un estallido social de protestas. ¿Cómo ve este escenario?
R.G.: Una de las cosas que está pasando en el sur es la expansión de la clase media, y eso se incrementará para 2050, cuando el 80% de sus habitantes se encuentren en esta franja social. Hay que prestar mucha atención a este fenómeno de progreso, que trae consigo demandas al Estado de mejor educación y salud, así como ciudades más preparadas, y que exigen gobiernos más eficaces y responsables, con mejor rendición de cuentas y mejores instituciones. Es una clase media que pide más voz y participación. No son fenómenos divorciados, sino parte del progreso, aunque la clase media tiene voz y es lo que estamos oyendo en este momento. Ha habido un avance tan rápido, que la calidad de los servicios que la clase media demanda viene rezagada.

“En países y sociedades desiguales, los promedios esconden más de lo que revelan.”

AM: ¿Cómo Brasil puede consolidar su crecimiento y las demandas sociales por servicios y políticas públicas de calidad?
R.G.: Tengo una gran confianza en el sistema democrático brasileño, que va a lograr procesar las demandas de la ciudadanía en una agenda constructiva hacia adelante. Sus autoridades pueden ver esto como un llamado de atención para que el sistema político consiga procesar reclamos mucho más fuertes de la clase media, que no se va a conformar y va a exigir calidad y participación. Si los partidos políticos utilizan estas protestas para construir y responder a esas exigencias, Brasil va a seguir por una senda de progreso democrático.
AM: A mediados de marzo, el Informe sobre desarrollo humano 2013 divulgó un “ascenso del sur” y la importancia de que el crecimiento económico vaya a la par del crecimiento humano.
R.G.: Este informe, el 22 en la serie mundial del informe sobre desarrollo humano, tiene dos mensajes claves. Dar cuenta de la transformación de muchos países en desarrollo en economías no sólo dinámicas, sino motores del crecimiento mundial, con creciente influencia política y políticas sociales innovadoras, y el impacto positivo sobre el progreso en desarrollo humano alrededor del mundo que este fenómeno acarrea. Segundo, que esta tendencia positiva y su impacto serán difíciles de sostener sin una nueva forma de pensar, particularmente alrededor de la sostenibilidad y la equidad, así como en los esquemas de gobernanza global. Muchas veces creamos una falsa dicotomía entre lo económico y el desarrollo humano. Nosotros creemos que el crecimiento económico es necesario, pero no suficiente. Sin inversión en capital humano, la sostenibilidad del crecimiento está en entredicho. Creo que países como Costa Rica o países de Asia o Africa lo están haciendo bien porque han expandido la base educativa para poder sostener el desarrollo económico.

“El crecimiento económico es necesario, pero no suficiente.”

AM: Uno de los desafíos que plantea el informe es el cambio climático. ¿En este asunto el norte y el sur van de la mano?
R.G.: El cambio climático va a afectar al mundo entero, ricos y pobres. Lo que marca la diferencia es que los países más pobres, con grupos más vulnerables, no tienen recursos de adaptación al cambio climático ni fortaleza para evitar que los fenómenos naturales destruyan el progreso y la mejora que han logrado construir durante estos años. No es que los desarrollados no tengan problemas, a ellos también les afecta, aunque ellos cuentan con la inversión. Nosotros hemos abogado por sistemas de protección social para resguardar a los sectores más vulnerables de los desastres naturales. Hemos abogado también por más recursos internacionales para que los países puedan adaptarse a esos fenómenos meteorológicos. Hay países de ingresos medios que están viviendo mejor que antes aunque tienen aún muchos retos de desarrollo. Ellos tienen mucha necesidad de una cooperación horizontal, sobre todo en temas de compartir conocimientos, de movilizar los recursos internos. Nos encontramos en un punto de inflexión en la historia mundial. Por primera vez en 150 años la producción económica combinada de las tres principales economías del sur –Brasil, China e India– equivale hoy en día a la de seis de las economías más grandes del norte en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA); no así en términos per cápita.


Compartir.

Dejar un Comentario