REFUGIADOS: CIRCULO VICIOSO

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La ONU estima que al menos 850 mil personas cruzarán el mar Mediterráneo este año y el que viene, en busca de refugio en Europa, para huir de la violencia y el malestar reinantes en Siria, Afganistán, Paquistán, Irak, Africa subsahariana y otras regiones. A lo largo de este 2015 ya son 366 mil las personas que llegaron al viejo continente. Paradójicamente, muchos de esos migrantes se dirigen hacia los mismos países que vendieron las armas que se utilizan en las guerras de las que huyen.

Texto: Thalif Deen / Fotos: Miles Amis / Andy Buckley

Los conflictos armados y la inestabilidad política que expulsan a cientos de miles de refugiados a Europa se originaron en gran parte en las intervenciones militares que Estados Unidos y sus aliados protagonizaron para generar un cambio de régimen en Afganistán, Irak, Libia y Siria, entre otros. Estados Unidos contó con el apoyo militar de Alemania, España, Francia, Gran Bretaña e Italia, mientras que la zona de exclusión aérea para derrocar al líder libio Muammar Gadafi fue liderada por Francia y Gran Bretaña en 2011, con el respaldo de Bélgica, Canadá, Dinamarca y Noruega, entre otros.

En los últimos días, un funcionario no identificado de un país de Europa oriental que ahora integra la Unión Europea (UE), se preguntó: “¿Por qué debemos brindarles hogares a estos refugiados si nosotros no invadimos sus países?”. Esta reacción podría haber venido de cualquiera de los países del antiguo bloque soviético, como Bulgaria, Eslovaquia, Hungría, Letonia, República Checa y Rumania, que tienen una política de puertas abiertas para los migrantes en tránsito y los refugiados.

Estados Unidos estuvo directamente involucrado en el cambio de régimen de Afganistán (2001) e Irak (2003), y respalda el derrocamiento del presidente sirio Bashar al-Asad, enfrascado en una guerra civil que comenzó en marzo de 2011. El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, que se manifestó “horrorizado y desconsolado” por la pérdida de vidas de migrantes en el mar Mediterráneo y Europa, destacó que la gran mayoría de quienes “emprenden estas travesías arduas y peligrosas son refugiados que huyen de lugares como Siria, Irak y Afganistán”.

James A. Paul, ex director ejecutivo de la organización con sede en Nueva York Global Policy Forum, señaló que el término “refugiados de cambio de régimen” es una forma excelente de cambiar la vacua conversación en torno a la crisis actual. Obviamente, las causas son muchas, pero el “cambio de régimen ayuda a concentrarse en una parte fundamental del panorama. El discurso oficial en Europa enmarca las guerras civiles y las crisis económicas en función del fanatismo, la corrupción, la dictadura, los fracasos económicos y otras causas por las que no tienen responsabilidad alguna. Mantienen silencio acerca de la intervención militar y el cambio de régimen en los cuales los europeos fueron protagonistas, intervenciones que desgarraron las patrias de los refugiados y provocaron la guerra civil y el colapso del Estado”, aseguró Paul.

La enorme corriente de refugiados hacia Europa generó una crisis política en muchos países receptores.

El activista sostuvo que los orígenes de muchos de los refugiados apoyan claramente este argumento: Afganistán, Irak, Libia y Siria. También muchos de los refugiados son oriundos de los Balcanes, donde las guerras de la década de 1990, de nuevo con la complicidad europea, destrozaron esas sociedades y condujeron al actual colapso socioeconómico, afirmó Paul.

Vijay Prashad, profesor de estudios internacionales de la estadounidense universidad de Trinity, alegó que la Convención sobre los Refugiados (1951) es actualmente obsoleta. El pacto “fue escrito para la época de la guerra fría, cuando quienes huían del llamado mundo no libre eran bien recibidos por el mundo libre. Muchos Estados del tercer mundo rechazaron la Convención por la lamentable ideología que la sustentaba”, según Prashad. “Necesitamos un pacto nuevo que tome en consideración específicamente a los refugiados por motivos económicos, expulsados por el Fondo Monetario Internacional, y políticos, que huyen de la guerra”, exhortó. Al mismo tiempo, la comunidad internacional también debe reconocer “a los refugiados del cambio climático, por cambio de régimen y por el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte)”, añadió.

La Convención de 1951 garantiza la condición de refugiado a toda persona con “fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas”. Con respecto a la reacción de Europa oriental, Prashad manifestó estar “totalmente de acuerdo. Pero, por supuesto, uno no oye ese sentir de Líbano, Turquía, Jordania y otros que también recibieron refugiados en gran cantidad. ¿Por qué preguntarse ‘¿por qué debemos aceptarlos?’ y no ‘¿por qué Europa y Estados Unidos no hacen más?’”, cuestionó.

Mientras que Europa occidental se queja de los cientos de miles de migrantes que inundan sus orillas, la cantidad es relativamente insignificante comparada con los 3,5 millones de sirios alojados por Turquía, Jordania y Líbano, países que no invadieron los territorios de donde huyen la mayoría de los refugiados. La enorme corriente de refugiados hacia Europa generó una crisis política en muchos países receptores, especialmente en Alemania, donde los neonazis se enfrentan a la policía casi a diario, mientras que la clase política se alarma por los incendios intencionales de las viviendas de refugiados.

La opinión pública se conmueve con las personas que se ahogan en el Mediterráneo o mueren en camiones y túneles ferroviarios, y con las miles de familias atrapadas en alta mar, frente a las vallas fronterizas y las fuerzas de seguridad. Los representantes religiosos piden tolerancia, mientras que los políticos de la UE se preguntan cómo pueden resolver el problema con nuevas reglas y más dinero, dijo Paul. “Pero la corriente de refugiados crece rápidamente, sin fin a la vista. Las cercas no pueden contener a las multitudes desesperadas”, advirtió. Es improbable que la ayuda económica de unos pocos miles de millones de euros a los países de origen, propuesta recientemente por Alemania, elimine el problema. “Sólo la clara comprensión de los orígenes de la crisis puede llevar a una respuesta, aunque los dirigentes europeos no quieren tocar esta papa caliente y exponer su propia culpabilidad”, subrayó.

Algunos políticos, especialmente en Francia, argumentan que es necesario intervenir militarmente en estas tierras conflictivas, recordó el activista. El derrocamiento de Asad parece ser una propuesta bien recibida por la clase política en París, que prefiere ignorar lo contraproducente que fue la caída del líder libio Gadafi hace unos años, o su apoyo clandestino a la insurgencia islamista en Siria. “La agresiva bestia nacionalista en los países ricos no está dispuesta a aprender la lección, o a tener cautela ante las consecuencias de las intervenciones futuras. Por eso tenemos que analizar de cerca el ángulo del ‘cambio de régimen’ y generar la comprensión pública de que esta crisis fue en gran medida ‘hecha en Europa’, con la complicidad activa de Washington, por supuesto”, expresó.

El papel de las naciones árabes del Golfo

Muchos se preguntan por qué las ricas naciones árabes del Golfo no ofrecen su ayuda a los refugiados. El Comité de Protección de los Trabajadores Migrantes, el principal organismo de la ONU que se ocupa de los asuntos relativos a los inmigrantes, declaró que millones de personas tuvieron que emigrar de sus países en busca de refugios seguros en el extranjero debido a la guerra civil en Siria.

“Los Estados vecinos abrieron sus fronteras a millones de inmigrantes sirios, pero otros países, especialmente de Europa y otras partes, en particular los Estados del Golfo, deberían hacer más para responder a uno de los desplazamientos masivos de personas más trágicos desde la Segunda Guerra Mundial”, incitó el Comité. Y si bien algunos países vecinos, como Jordania, Líbano y Turquía, aceptaron una gran cantidad de refugiados, otros países cercanos, especialmente Israel y los países árabes del Golfo Pérsico, entre ellos Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Arabes Unidos, Omán y Qatar, no están dispuestos a aceptar a los refugiados actuales, afirmó Joseph Chamie, ex director de la División de Población de la ONU.

La razón principal de este rechazo es que los refugiados son vistos como un elemento de desestabilización política. “Los países del Golfo admitieron a una gran cantidad de personas del sur de Asia y el norte de Africa que no son considerados inmigrantes, sino trabajadores extranjeros temporales que se espera que regresen a sus hogares. Además, Israel ha aceptado refugiados en el pasado, pero casi todos eran judíos”, explicó Chamie.

No obstante, en un comunicado emitido el martes 8 de septiembre, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), indicó que Kuwait, liderado por el jeque Sabah Al-Sabah, organizó tres conferencias anuales desde 2013 que recaudaron miles de millones de dólares para la respuesta humanitaria a la crisis siria, con la participación de 78 Estados y 38 organizaciones. Sólo en 2015, los donantes en la conferencia de Kuwait comprometieron 3.800 millones de dólares a la causa, precisó la OIM.

Una postal trágica. Decenas de miles de refugiados huyen de los conflictos armados en Afganistán, Irak, Libia y Siria.

Una postal trágica. Decenas de miles de refugiados huyen de los conflictos armados en Afganistán, Irak, Libia y Siria.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que Israel es un “país muy pequeño que carece de profundidad demográfica y geográfica”, pero manifestó que no es indiferente a la tragedia humana de los refugiados de Siria y Africa. “Ya le hemos dedicado atención aproximadamente a mil heridos de los combates en Siria, y les hemos ayudado a rehabilitar sus vidas”, aseguró. Con sus ocho millones de habitantes, Israel es considerado un país fundado sobre todo por refugiados. Sin embargo, ahora está construyendo una valla, de unos 29 kilómetros de extensión, a lo largo de la frontera con Jordania para evitar “la inmigración ilegal y las infiltraciones hostiles”. “Tenemos que controlar nuestras fronteras, ante los inmigrantes ilegales y el terrorismo”, proclámo Netanyahu después de una reunión de su gabinete ministerial semanas atrás.

Su declaración recibió la fuerte crítica de Isaac Herzog, el líder del principal partido de oposición, la Unión Sionista, que recordó la historia del pueblo judío. “Nuestro pueblo experimentó de primera mano el silencio del mundo. Usted ha olvidado lo que es ser judío: refugiados. Perseguidos. El primer ministro del pueblo judío no cerraría su corazón y las puertas cuando hay gente que huye por sus vidas, con bebés en sus brazos, de los perseguidores”, recalcó.

“Si bien todo el mundo tiene derecho a salir de su país, no todos tienen derecho a ingresar a otro”, destacó Chamie.

En un comunicado difundido el lunes 7 de septiembre, el Comité de la ONU afirmó que los migrantes sirios, obligados a tomar medidas extremas en la búsqueda de una vida segura y digna para sus familias, están poniendo literalmente en riesgo sus vidas para llegar a Europa. “Cientos de hombres, mujeres y niños han muerto mientras intentaban alcanzar la seguridad de las costas. Esto es inconcebible, a juicio de la Comisión”, señaló el comunicado. “Estamos, una vez más, conmocionados y consternados por la pérdida terrible de vidas en el mar Mediterráneo”, enfatizó el presidente del Comité, el ecuatoriano Francisco Carrión, tras el ahogamiento de inmigrantes sirios en la costa de Turquía a principios de septiembre, mientras que el organismo sesionaba en Ginebra.

Dado el estado actual del mundo, Chamie razonó que deberíamos preguntar: “¿Por qué no hay más personas que emigran?”. Además de la globalización, las tecnologías de la comunicación y los medios sociales, potentes fuerzas contrapuestas actúan para generar las corrientes migratorias actuales, como la pobreza, violencia, corrupción, desempleo, represión y crecimiento demográfico acelerado, por un lado, y la riqueza, puestos de trabajo, seguridad, servicios sociales, libertad y descenso de la población en el otro, agregó.

“Si bien todo el mundo tiene derecho a salir de su país, no todos tienen derecho a ingresar a otro”, destacó Chamie. Esta paradoja es el círculo vicioso que padecen el creciente número de migrantes y los países de destino. La oferta de migrantes, que son libres de abandonar sus países de origen, sencillamente es muy superior a la demanda, que fijan los países receptores. “Si la gente no puede entrar a un país por la vía legal, entonces muchos optan por hacerlo ilegalmente. Hoy en día muchos migrantes son de hecho refugiados, ya que vienen de países desgarrados por la guerra. Y hay una gran cantidad que no son estrictamente refugiados, sino que buscan mejores oportunidades económicas y condiciones de vida más seguras para ellos y sus familias”, precisó.

Muchos se preguntan cuál será la consecuencia de las corrientes migratorias actuales, dijo Chamie, que no habrán de cesar en el corto plazo y que traerán aparejados importantes cambios demográficos, sociales, económicos, políticos y culturales. Y deslizó un interrogante significativo: “La pregunta central para Europa es: ¿En los próximos años, los migrantes y sus familias se integrarán con éxito a las sociedades europeas?”.


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