RICKY GERVAIS: “NO HAY DIFERENCIA ENTRE LA FAMA Y LA INFAMIA”

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Dueño de un humor a prueba de balas, guionista visceral y actor comedido, ahora vuelve a mostrar su compromiso con su veta de director al frente de un reparto donde se destacan Eric Bana, America Ferrera y Vera Farmiga. En Special Correspondents –estrenada directamente en Netflix–, unos fracasados corresponsales de radio se hacen famosos por cubrir una guerra en Ecuador sin haber salido nunca de Nueva York. Hablamos con el inglés Ricky Gervais, siempre tan hilarante como proverbial.

Texto: Fabián W. Waintal / Fotos: Gentileza Tribeca Film Festival / Netflix

ALMA MAGAZINE: ¿Hay una gran diferencia entre filmar una película especialmente para Netflix en comparación con otro estudio convencional de Hollywood?

Su última apuesta, Special Correspondents, es una sátira periodística orquestada por su humor irreverente y contestatario.

Su última apuesta, Special Correspondents, es una sátira periodística orquestada por su humor irreverente y contestatario.

RICKY GERVAIS: Para nada. Lo cierto es que siempre pido que las cosas se hagan a mi modo, sin condiciones. Pero para lograrlo, siempre lo tuve que hacer con otros estudios más libres como HBO, NBC o la BBC. Y con Netflix tengo lo mejor de los dos mundos: no interfiere para nada en el proceso y no me pone ningún límite. Además, cuenta con siete mil millones de suscriptores que responden muy bien al saber que tienen sus propias películas. Tampoco hay que filmar un estilo generalizado ni hay que sacar una película de una sala de cine para hacer lugar a otra. Creo que es una gran diferencia. Y es maravilloso saber que la gente va a ver Special Correspondents en vez de mostrarla en tres cines donde a lo mejor no la ve nadie. Uno siempre quiere que nuestro trabajo lo vea la mayor cantidad posible de gente aunque sin compromisos.

AM: El negocio de Netflix es bastante diferente y sus personajes también. ¿En cierta forma usted se parece a un pez fuera del agua como sus personajes?

R.G.: Sí, en cierta forma sí. Supongo que todos nos sentimos fuera de lugar en algún momento. Sin embargo, al mismo tiempo creo que también queremos hacer lo correcto, explorando ciertas cosas que otros exploran. No importa quién seas ni si a lo mejor te tocó ser un ejecutivo o una mesera, lo peor que nos puede pasar es que pasemos vergüenza. Y a nadie le gusta pasar vergüenza. Yo trato de explorar esas situaciones donde me siento incómodo, porque es algo que les pasa a todos. Y la comedia es la mejor forma de decir que somos idiotas.

“Me gusta la gente ordinaria que hace algo extraordinario.”

RickyGervaisAM: ¿Cuál diría que fue el primer trabajo donde pensó: “Ok, voy por un buen camino”?

R.G.: Probablemente cuando conseguí trabajo en una estación de radio. Yo había aplicado en una universidad donde ayudé para que una estación de radio local consiguiera la licencia y como premio me dieron un trabajo. Era malísimo pero me encargaba de buscar las fuentes de las noticias y escribirle datos a los DJs, hasta que me di cuenta de que era más fácil hacerlo todo solo y empecé a hacer bromas. Y si bien me dijeron que era pésimo con mi trabajo, ¡me dieron un show propio! Y ahí se originó todo. Empecé con un programa en 1997, hasta que alguien me llamó preguntando si quería tomar una prueba de audición para un programa nocturno de comedia llamado DW Talk Show. Después me puse a escribir The Office y el resto ya es historia.

AM: ¿Cómo fueron sus inicios en la comedia?

R.G.: Había conseguido un trabajo de stand up solo porque alguien se había enfermado. Más tarde, me dieron una oportunidad en un programa llamado Tonight Live y luego me eligieron en el show de comedia en Australia Full Frontal; donde aprendí a actuar gracias a otros actores.

Un caballero inglés

Ahora en el cine. Quince años después, el actor vuelve a interpretar a David Brent, su personaje de la serie The Office.

Ahora en el cine. Quince años después, el actor vuelve a interpretar a David Brent, su personaje de la serie The Office.

El acento lo delata por completo. Jamás podría esconder que nació en Inglaterra, el 25 de junio de 1961, con el verdadero nombre de Ricky Gervais (nada de Richard ni Ricardo). Sus principios poco tuvieron que ver incluso con la actuación. Previamente estudió filosofía en la University College London –en la que se sumó a las actividades de la radio de la institución– y después intentó suerte con el dúo pop Seona Dancing que había creado con un compañero de la universidad, con cierto estilo musical parecido al de David Bowie. No le fue para nada mal cuando consiguió un contrato con una grabadora que incluso lanzó varios temas que nunca llegaron a los primeros puestos del ranking, pero dejaron suficientes huellas en internet como para burlarse hoy de Gervais.

Sin embargo, el turno de la fama tuvo que esperar. Primero consiguió un programa de entrevistas con bastante sentido del humor: Meet Ricky Gervais (2000). Apenas televisaron seis episodios, aunque fueron la semilla del éxito de la comedia de la BBC The Office (más conocida en Hollywood por haberla protagonizado Steve Carell). En televisión, regresó con Extras (2005), una sátira del mundo del espectáculo donde tuvo invitados célebres como Samuel L. Jackson, Ben Stiller y su gran ídolo, David Bowie. El humor tan particular cruzó las fronteras internacionales cuando al presentar la entrega de los premios Golden Globes se burló de la mismísima Asociación de Periodistas Extranjeros en Hollywood que lo había contratado.

Por su parte, Gervais ya había rechazado trabajar en superproducciones como Mission: Impossible III, The Da Vinci Code, Ocean’s Thirteen y Pirates of the Caribbean, hasta que aceptó protagonizar en 2008 su propia comedia Ghost Town –que vale la pena ver– y al año siguiente The Invention of Lying –donde se encargó del guión también–, antes de decidirse a dirigir Special Correspondents con Eric Bana, America Ferrera y Vera Farmiga, sobre unos fracasados corresponsales de radio que se hacen famosos por cubrir una guerra en Ecuador sin haber salido nunca de Nueva York.

“El blanco de Special Correspondents es la fama. La obsesión con ese tema y como empeora cada vez más.”

AM: ¿Cómo es Ricky Gervais como director?

R.G.: Trato de que no se note. (Risas) Es mucho menos estresante si lo hago todo yo y es una forma de terminar más temprano también. Me acuerdo el día antes de empezar el rodaje de Special Correspondents, cuando fuimos a cenar a las seis de la tarde y Eric (Bana) al día siguiente dijo que tuvo que pedir de comer en la habitación a la medianoche porque habíamos cenado demasiado temprano. Y yo le dije: “¿Quién te crees que eres? ¿Mi padre?”. (Risas).

AM: ¿Digamos que no le importa tanto lo que digan los demás actores?

R.G.: Me importa, pero tampoco soy un nene. Trabajo rápido, muy rápido y cuando llegan las diez de la noche, ya estoy durmiendo.

AM: ¿Cuál es el mejor consejo para los que sueñan con dirigir cine?

R.G.: Yo diría que si pueden, que muestren antes lo que hacen. Si yo hubiera enviado a alguien el guión de The Office que había hecho al principio, todavía estaría en el escritorio de alguien. Es difícil imaginar alguien que dice cosas para nada graciosas, que mira a cámara y solo se toca las uñas. (Risas) Ese talento y ese material hay que hacerlo conocer. Yo siempre me preocupo cuando tengo que mandar un guión porque creo que es algo que hay que interpretar. Es imposible encontrar alguien que pueda imaginar un guión como yo, porque miles de directores harían miles de versiones diferentes de la misma película. Por eso es importante mostrar la visión que tengas. No hay nada mejor que interpretar una creación propia… antes de las cinco de la tarde. (Risas)

 

“Todos mentimos un poco y a veces la situación se nos va de las manos.”

AM: ¿Alguna vez suspendió un día de rodaje, como director, porque habían pasado las cinco de la tarde?

R.G.: Sí, una vez. Decidí que la escena de la noche quedaba afuera. Ya habían pasado las tres de la tarde y no iba a esperar hasta que bajara el sol. ¡Es ridículo! (Risas) Tenía que volver a filmar el viernes a la noche y no iba a parar hasta el sábado a la mañana. A la m… con eso. No necesitamos filmar de noche. Ese es el mejor consejo: nunca agregues en un guión demasiadas escenas de noche.

AM: ¿Cuál es la parte más difícil de la dirección de cine?

R.G.: Es algo que me olvido a veces, incluso un día le pregunté a mi madre: “¿Yo actúo en esta película?”. Había tenido el guión un año entero antes que cualquier otro. Es lo más difícil, después filmo siempre con dos cámaras, para que no tengamos problemas de continuidad. Además, hay que mejorar siempre el guión. Y es bueno conservar la chispa, no es algo que pasa en tres horas… así que corto los horarios por la mitad. Hay escenas cómicas del rodaje que ni me acuerdo, pero no hicieron que pare el reloj. La verdad, solo trato de hacer una película divertida.

Corresponsales especiales

Humorista y actor, Gervais es también conocido por haber sido el polémico presentador de los Golden Globes en cuatro ediciones.

Humorista y actor, Gervais es también conocido por haber sido el polémico presentador de los Golden Globes en cuatro ediciones.

Un filme como Special Correspondents muestra a Eric Bana como un periodista de radio y a Gervais como el deprimido sonidista que además está casado con Vera Farmiga (sin saber que lo engaña con Bana). La comedia va tomando color cuando son enviados a cubrir una supuesta guerra en Ecuador. Sin embargo, al perder los pasaportes en el camino al aeropuerto, deciden esconderse en un restaurante español en Nueva York, justo frente a la radio, reportando las noticias con efectos de sonido como si realmente estuvieran en Ecuador. Lo gracioso es que hasta la filmación que aparece como si fuera Ecuador tampoco lo es.

AM: En cierto sentido, el rodaje se parece a la historia de Special Correspondents, al mostrar escenas que aparecen como Ecuador cuando tampoco las filmaron en ese país latinoamericano…

R.G.: (Risas) Todas las escenas importantes las filmamos en Nueva York, pero en verdad la mayor parte de lo que sucede en Nueva York y Ecuador la filmamos en Toronto. ¿Conoces Ecuador? ¿Para qué teníamos que ir a Ecuador? Yo no quería ir, era demasiado lejos. Y pedí que me construyeran Ecuador en un estudio, hasta que alguien dijo que había encontrado un lugar que podía funcionar. Me pareció bien, pero cuando lo construyeron todo, pregunté qué tan lejos era del hotel y me dijeron: “Cincuenta minutos”. No sabes cómo me enojé: “¿Cincuenta minutos? ¡¿A eso le llaman construir un Ecuador más cercano?!”.

AM: ¿Podemos decir que lo que se ve en la película no tiene nada que ver con Ecuador?

R.G.: Podrás decirlo, pero no me importa. Quedaba apenas a cincuenta minutos del hotel. (Risas)

AM: ¿Por dónde pasó la inspiración de una historia sobre dos corresponsales enviados a Ecuador que reportan las noticias sin nunca estar allí? ¿Es una venganza contra alguna mentira que pudieron haber publicado en algún medio periodístico?

R.G.: No creo que pase por el periodismo o los medios. Es solo el escenario de fondo, donde ocurre todo. En todo caso, lo veo mucho más como gente buena que a veces termina haciendo las cosas mal. Todos mentimos un poco y a veces la situación se nos va de las manos. Hasta los niños mienten porque creen que es una forma de evitarse problemas, hasta que se dan cuenta de que la honestidad es lo mejor. Creo que el blanco de Special Correspondents es la fama. La obsesión con ese tema y como empeora cada vez más.

AM: ¿Qué opina de la fama a nivel personal?

R.G.: Es mucho peor que hace diez años atrás. Es que en la actualidad hay gente que se hace famosa por mostrar sus vidas como si fuera una herida abierta. Harían lo que fuera por ser célebres. No hay diferencia entre la fama y la infamia. La gente hace de todo. Prefieren dejarse ver en pésima forma que no aparecer para nada. Es como si necesitáramos más cantantes que médicos.

AM: Y en el caso puntual de Special Correspondents, ¿pensó siempre en protagonizar el personaje del esposo engañado? ¿Nunca consideró encarnar al periodista experto que realizó Eric Bana?

R.G.: No, sería ridículo. El primer día que vino Vera (Farmiga) y leímos juntos el guión, ella también pensó que yo tenía el rol de Eric. Un amigo me dijo que hubiera sido gracioso que fuera al revés. Y eso es lo que pasa con los guiones, cuando los lees te imaginas a los actores, pero también puede cambiar todo. Es algo mental. Lo que me gusta de mi personaje es que se parece a Hulk. (Risas)

AM: ¿Quién es el malo de la película? ¿Los periodistas que mienten o los bandidos de Ecuador que ni siquiera existen?

R.G: Pienso como todos, que en la ficción diseñamos a nuestros villanos de un modo donde nadie sale lastimado y que en cierta forma creo que también mejoramos la vida real. Por eso, además, nuestros villanos pueden redimirse como nuestros héroes y eso nos da cierta satisfacción. Supongo que haciendo películas como Special Correspondents mejoramos un poco al mundo. A mí me gusta la gente ordinaria que hace algo extraordinario.

AM: ¿Y la parte donde su personaje se vuelve un héroe después de aspirar cocaína?

R.G.: ¿Me va a decir que la película está a favor de las drogas y la cocaína? En realidad, se trata de alguien que jamás realizaría algo así y cuando lo hace, vemos la reacción. (Risas) Para nada digo: “Chicos, consuman cocaína que les borra todos los problemas”.

AM: En estos días también está estrenando una película sobre su personaje de la serie The Office…

R.G.: Sí, se llama David Brent: Life on the Road y lo presenta donde está ahora, una década y media después, con quince años más. El mundo cambió. The Office estaba basado en los años 90 y ahora él vende productos para el baño, gastando lo que tiene, aunque piensa que va a tener éxito como estrella de rock. Es algo así como Martin Scorsese persiguiendo a los Rolling Stones, pero pasa por mostrar donde está su vida. Es trágica, aunque divertida.

¿Toronto es la verdadera espalda de Hollywood?

humorista Ricky GervaisAsí como el filme Special Correspondents muestra a Ricky Gervais y Eric Bana simulando que están reportando desde Ecuador como periodistas, sin salir en ningún momento de Nueva York, la película también repite la misma ficción en la realidad. Las escenas que supuestamente suceden en Ecuador, en verdad han sido rodadas en Toronto. Tampoco es nada nuevo. Los estudios de Hollywood están filmando desde hace tiempo en la capital de Ontario, como si realmente fueran verdaderas ciudades de Estados Unidos. Solamente en 2014 se rodaron allí nada menos que 51 películas, 115 especiales de televisión, 100 series televisivas, con un total de 1100 proyectos en 6300 días de filmación. La película ganadora del último Oscar, Spotlight, es otra historia sobre periodistas de Boston, pero en realidad fue filmada en Toronto. Así, el interior del periódico Boston Globe es un viejo edificio de Sears en Islington Avenue, y la escena donde Michael Keaton toma un trago, es el legendario Roof Lounge del Hotel Park Hyatt, en pleno centro de Toronto. Incluso el productor Michael Bederman –de origen canadiense– lo justifica, afirmando que “la ciudad de Toronto es el gran sustituto, donde sabemos que podemos conseguir la misma calidad de gente y las mismas opciones que pudimos haber tenido en los escenarios exteriores de Boston”. Otras películas del Oscar se decidieron por paisajes canadienses. Es el caso de Brooklyn que utilizó a Quebec para revelar las calles de Brooklyn ambientadas en los años 50 y Room –filme por el que Brie Larson ganó el premio de la Academia como mejor actriz– se filmó completamente en Toronto; es más, la escena del hospital acontece en el Bridgepoint Health de esa ciudad. Solo hay que recorrer sus calles para reconocer el verdadero perfil de Hollywood. Los viejos edificios de la Universidad de Toronto le dieron vida a Chicago en el filme Chicago como en Mean Girls –donde la verdadera escuela es el instituto Etobicoke–, además de otras producciones populares como Capote, Good Will Hunting y hasta The Incredible Hulk. El distrito financiero de Toronto hizo las veces de Detroit en Robocop y el distrito de destilerías se supone que es Nueva Jersey en Cinderella Man o el fabuloso campo de concentración de X-Men. Volviendo a Special Correspondents, Ricky Gervais le encontró el lado risueño a la ficción de hacernos creer que se encuentra en un lugar cuando realmente está en otro. Y será por eso que en el cine hay un nuevo proverbio que dice: “Cuando Hollywood es el último que ríe, Toronto ríe mejor”.


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