RUSSELL BANKS: “DONALD TRUMP ES AMORAL, AVASALLADOR E IGNORANTE”

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Si a usted le gustan las novelas que se asoman al lado salvaje y exploran temas ásperos como la drogadicción, el alcoholismo y la violencia, Russell Banks es probablemente el autor adecuado. Internacionalmente reconocido, el premiado escritor estadounidense es también un activista de izquierda y un observador crítico de la actualidad. Recientemente lanzó en inglés Voyager: Travel Writings, una colección de postales viajeras. A los 76 años, Banks integra el International Parliament of Writers y es miembro de la American Academy of Arts and Letters.

Texto: Lesley Alexander (Euronews.com) / Fotos: Gentileza HarperCollins Publishers

ALMA MAGAZINE: ¿Por qué se siente atraído por el lado oscuro de la vida y de los personajes marginales de la sociedad? ¿Qué nos dice eso sobre usted?

RUSSELL BANKS: En primer lugar, creo que realmente no escribo sobre una minoría o un elemento oscuro de la sociedad en general, sino que en realidad escribo sobre la mayoría de ella. Quiero decir, la vida de la mayoría de las personas tiene un lado oscuro y ese lado oscuro es el que controla su vida en un grado extraordinario… Pero, bueno, lo confieso, sé que tengo una visión un tanto oscura del mundo. Me gusta decir que desde mi punto de vista: “El mal perro siempre muerde y siempre gana” y creo que eso es algo inevitable en la vida.

AM: ¿Esto tiene que ver con su infancia oscura, con sus circunstancias familiares? De niño usted pasó por momentos muy difíciles, ¿no es así?

“Sé que cuando escribo, estoy más lúcido que cuando no escribo; y soy más honesto que cuando no estoy escribiendo.”

R.B.: Sí, totalmente. Tendríamos que retrotraernos a los años 40 y 50. Mi vida familiar se deterioró y se caracterizó por el alcoholismo y el abandono. Mi padre nos abandonó cuando yo tenía 12 años. Yo era el mayor de cuatro hermanos criados en la pobreza por una madre soltera. Desde una edad muy temprana, me sentí marginado y al mirar alrededor me identificaba con otras personas que se sentían excluidas, ya fuera por el color de su piel, por su sexo, por su orientación sexual o por su relación con la sociedad en general. Así que no tuve que hacer un gran esfuerzo para empatizar con ellos.

AM: ¿Sigue estando presente en su escritura la memoria de sus padres?

Perfil atípico como escritor. Hijo y nieto de fontaneros, él mismo trabajó durante un tiempo arreglando escapes y cañerías.

Perfil atípico como escritor. Hijo y nieto de fontaneros, él mismo trabajó durante un tiempo arreglando escapes y cañerías.

R.B.: Mi padre está muerto desde 1979, solo existe en mi memoria, pero hasta hace relativamente poco tiempo era una presencia muy significativa en mi escritura. De alguna manera, el padre ausente puede convertirse en una presencia más poderosa que un padre vivo y ése era mi caso. Si bien nos abandonó, volvimos a aproximarnos cuando yo ya era una persona adulta y pude conocerle bien. Y pese a que fue la figura paterna con la que me identifiqué como hombre, desde hace relativamente poco tiempo ha sido mi madre la que ha pasado a ocupar el primer plano, hasta el punto de haberse transformado en una presencia real y constante en mi imaginación y en mi trabajo.

AM: ¿Su escritura es una forma de terapia personal o esto es una simplificación?

R.B.: Sí lo es, en cierto modo, aunque si es una forma de terapia, ¡no ha funcionado!

AM: ¿Ni siquiera un poco?

R.B.: Ni siquiera un poco. Me incomoda la idea de la literatura como terapia. No me siento a gusto con esa noción. No creo que, en lo que a mí respecta como escritor, la literatura haya tenido una cualidad necesariamente terapéutica. Cuando era pequeño, la narración dentro del círculo familiar, para mis hermanos y para mí, fue un modo de salvación. Podíamos darle sentido a una vida que de lo contrario era algo incoherente para un niño. ¿Sabe lo que sí es la escritura para mí? Una forma rigurosa de disciplinar mi atención y mi vida. Sé que cuando escribo, estoy más lúcido que cuando no escribo; y soy más honesto que cuando no estoy escribiendo. Y probablemente sea mejor como ser humano.

AM: En algunas de sus obras (Continental Drift y Lost Memory of Skin) usted exhibe mucho conocimiento de Miami. ¿Qué piensa de ella?

R.B.: La conozco mucho, me encanta esa ciudad, ya que es donde pienso morir. Fui a Miami por primera vez en 1959, luego en 1961 y desde ahí empecé a vivir en ella como hasta hoy que estoy un tiempo en Florida y otro en Nueva York. Todos los que emigran a Miami, van en busca de un final feliz, pero muy pocos lo logran –casi nadie–. De hecho, la vida misma no tiene un final feliz. Miami es una ciudad dura, difícil. Tiene un final feliz para los que van de visita unos días, porque luego regresan a sus casas. No obstante, creo que Miami es la ciudad más americana que hay en este momento. Es tierra de inmigrantes y este es un país de inmigrantes, eso no lo debemos olvidar.

AM: El Miami de los años 80 lo vivió de cerca. ¿Cómo era?

R.B.: Era una ciudad muy violenta, peligrosa, con mucho dinero sucio. Pero, más allá de eso, en aquellos años me di cuenta de que la ciudad iba a cambiar, que el anglo iba a perder poder y el latinoamericano iba a ganarlo porque se estaba apoderando de Miami. Y eso es lo que ha sucedido, ahora el hispano es mayoría y, a diferencia, por ejemplo, del inmigrante de California que ocupa el estrato más bajo de la sociedad, el latinoamericano en Miami tiene poder, dinero, está involucrado en política, es empresario, dueño de bancos.

AM: ¿Cuál es el peso del alcohol en el Estados Unidos profundo y en su propia vida?

R.B.: Es la droga que está a mano, especialmente en los largos inviernos. Es cierto que está muy presente en las vidas de mis personajes y no sólo en mi mundo de ficción, sino también en mi propia existencia. Es la droga que disfruta de mejor reputación social y resulta, por supuesto, ineludible. Mi padre era alcohólico, y esa experiencia, desde luego, me afectó. Cuando la persona más poderosa de la familia es un alcohólico, todos sus integrantes resultan marcados y sus personalidades distorsionadas por esa circunstancia. Soy perfectamente consciente de ello en lo que a mí respecta. No soy un alcohólico, aunque es una cuestión que evidentemente me preocupa, y sé que es peligroso, pero no tiene un papel muy importante en mi vida del mismo modo que lo tuvo, por ejemplo, en las de Hemingway o Faulkner y su generación.

AM: Una cosa que es muy importante para usted es la libertad de expresión. Se encontraba en París en enero de 2015, justo después de los terribles ataques terroristas contra la revista Charlie Hebdo. ¿Cuáles son sus recuerdos de aquel momento?

R.B.: Fue un crimen atroz contra toda la humanidad y me sentí exactamente igual a como me sentí en Nueva York. También estuve en Nueva York el 11-S, y vi desplomarse las torres. Fue una experiencia muy similar a la de estar en París en aquel momento y participar de aquel sentimiento generalizado de pena, ira y miedo.

AM: Algo es seguro a ambos lados del Atlántico: vivimos momentos políticos extraordinarios, con un aumento del populismo y un ascenso del nacionalismo. Usted es un animal político. ¿Cómo percibe lo que ha estado ocurriendo con Donald Trump?

R.B.: En Estados Unidos, tanto a la izquierda como a la derecha, creo que estamos viendo una erupción del miedo, del miedo al otro, miedo a la gente cuyo idioma o color de piel o religión es diferente de la mayoría, digamos, y también hay ansiedad económica. Por primera vez en nuestro país, la gente es consciente de que, básicamente, el uno por ciento de la población controla la economía.

AM: Usted ha firmado la petición StopHateDumpTrump junto a decenas de miles de otros ciudadanos estadounidenses y nombres como Jane Fonda, Danny Glover, Michael Moore…

R.B.: ¡Los sospechosos habituales!

AM: ¿Qué tan peligroso cree que sería Donald Trump de resultar elegido presidente en noviembre? ¿Cree que es una posibilidad real el que sea electo?

“Por primera vez en nuestro país, la gente es consciente de que el uno por ciento de la población controla la economía.”

R.B.: A: Creo que es una posibilidad muy real y B: creo que sería muy peligroso. Creo que él es un maníaco que sufre un trastorno narcisista de la personalidad de grandes proporciones. Es un maestro de la manipulación y es magistral en televisión, pero es amoral, avasallador e ignorante.

AM: Está claro que usted no regatea sus adjetivos en esto.

R.B.: No, así que creo que sería extremadamente… La sola idea de Donald Trump controlando las fuerzas armadas estadounidenses, el Departamento de Estado estadounidense, la economía estadounidense es, para mí, una pesadilla.

AM: En 1986, usted escribió un atractivo artículo sobre Bernie Sanders. En esa época, él era alcalde de Burlington, la ciudad más grande de Vermont. Usted estuvo con él y lo que es más interesante es la forma en que lo describe. Parece que es tal y como es en la actualidad…

R.B.: ¿No es sorprendente? No ha cambiado lo más mínimo.

AM: ¿Vio en él a un futuro presidente?

R.B.: ¡No, en absoluto! En las primarias, voté por él en el estado de Florida. Y le envié un cheque de 25 dólares para poder ser uno de esos millones de colaboradores de los que le gustaba presumir.

AM: Volviendo a su obra, tiene usted un flamante proyecto a punto de finalizar. Es un nuevo libro algo diferente a los demás. ¿De qué trata?

R.B.: Bueno, es algo que nunca había hecho hasta ahora: escribir sobre mí mismo. Este libro es un libro de memorias. Es un intento de mirar hacia atrás desde la perspectiva de un hombre de 76 años. Sobre mi vida, pero en realidad solo sobre un aspecto de mi vida, que es la vida matrimonial. He estado casado cuatro veces y me he divorciado tres, así que es un intento de tratar de comprender cómo pudo pasar algo así. ¡Cómo diablos acabé haciéndome eso a mí y a otros!

AM: Díganos la primera frase del libro, un clásico.

R.B.: La primera frase… sí, dice más o menos de qué va el libro. La primera frase es: “Un hombre que se ha casado cuatro veces tiene mucho que explicar”.


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