SAHARA OCCIDENTAL: ROMPIENDO EL BLOQUEO INFORMATIVO

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Este año se cumplen cuatro décadas desde que España abandonara Sáhara Occidental, su última colonia, en manos de Marruecos y Mauritania. Viajamos hacia ese territorio del tamaño de Gran Bretaña para conocer de primera mano los atropellos y las violaciones a los derechos humanos que el gobierno de Marruecos comete. Manifestantes presos, activistas torturados, periodistas perseguidos, reporteros extranjeros expulsados: la vida es pura lucha cotidiana para los saharauis.

Texto: Karlos Zurutuza / Fotos: Fatma Ali Salem / Luali Salem / Bunana Moulud / Mohamed Awah

Ahmed Ettanji busca una vivienda para alquilar en algún edificio en el centro de El Aaiún, a 1100 kilómetros al sur de Rabat. Se conforma con que tenga una azotea con vistas a la plaza que acogerá la próxima manifestación prosaharaui. “Las azoteas son esenciales para nosotros porque sólo desde allí podemos documentar la brutalidad de la policía marroquí”, explica Ettanji. Este joven de 26 años es uno de los líderes del Equipe Media, un grupo de voluntarios saharauis que luchan por romper el bloqueo informativo impuesto por Rabat sobre Sáhara Occidental.

Los teléfonos móviles –con los que graban audio y video y toman fotos a escondidas–, las redes sociales y la página web, son sus únicas armas para dar a conocer al mundo las violaciones de los derechos humanos a los que son sometidos en forma cotidiana por parte de las autoridades marroquíes. Saben de los riesgos que su tarea implica y, sin embargo, no se rinden. “Aquí no hay agencias de noticias y a los periodistas extranjeros se les niega el acceso, e incluso se les deporta si visitan la zona”, añade el activista.

Se conforma con que tenga una azotea con vistas a la plaza que acogerá la próxima manifestación prosaharaui.

Ahmed Ettanji es uno de los periodistas que cumple con su difícil trabajo en los territorios ocupados del Sáhara Occidental.

Ahmed Ettanji es uno de los periodistas que cumple con su difícil trabajo en los territorios ocupados del Sáhara Occidental.

El español Luis de Vega es uno de los muchos informadores extranjeros que pueden corroborar dicho testimonio. No en vano, De Vega fue expulsado en 2010 tras pasar ocho años de corresponsal en Marruecos, y declarado persona non grata por las autoridades marroquíes. “La cuestión del Sáhara Occidental es uno de los temas más delicados para los periodistas en Marruecos y los que se atreven a cubrirlo se enfrentan inevitablemente a las consecuencias”, nos cuenta De Vega por teléfono desde Madrid. Ahora, establecido en la capital española, De Vega dice estar “plenamente convencido” de que el suyo fue un castigo ejemplarizante, por tratarse del corresponsal extranjero que más tiempo había pasado en Marruecos.

En abril del año pasado, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 2152 sobre el Sáhara Occidental en la que exhorta a Marruecos a respetar la libertad de expresión, pero éste sigue negando ese derecho y hace lo contrario: multiplica sus métodos represivos contra los periodistas y fotógrafos saharauis. Todas las personas que intentan documentar cualquier hecho que ocurre en los territorios ocupados llevado a cabo por las autoridades de ocupación, se encuentran con represalias.

País inconcluso

Este año se cumplen cuatro décadas desde que en 1975 este territorio del tamaño de Gran Bretaña fue anexionado por Rabat tras la retirada de España de su última colonia, la del Sáhara Occidental. Desde el alto el fuego firmado en 1991 entre Marruecos y el Frente Polisario, Rabat ha controlado casi todo el territorio, incluyendo toda la costa atlántica. El Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de Saguía al Hamra y Río de Oro) es la autoridad que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce como representante legítimo del pueblo saharaui. No obstante, la ONU todavía considera a Sáhara Occidental como un “territorio en proceso inacabado de descolonización”. Unicamente una exigua franja desértica, al otro lado del muro construido por Marruecos, permanece bajo control saharaui. Allí proclamó su independencia en 1976 la República Arabe Saharaui Democrática, que actualmente reconocen 82 países.

El español De Vega fue expulsado en 2010 tras pasar ocho años de corresponsal en Marruecos.

La catástrofe más conocida de este conflicto aún sin resolver fue el exilio de la casi la totalidad del pueblo saharaui al desierto de Argelia. Los que se quedaron siguen sufriendo las consecuencias de su decisión. “Nos golpean y detienen, entran en nuestras casas y se llevan a hombres, mujeres, e incluso niños menores de 15 años. Aquí no conocerás a ningún saharaui que no haya sido maltratado por la policía, ni familia que no haya perdido a uno de los suyos”, asegura Aza Amidan, hermana de un preso político. La activista de 34 años añade que la propia fundadora y actual lideresa de la organización Foro para el Futuro de la Mujer Saharaui, Zukeine Ijdelu, pasó 12 años en la cárcel.

Precisamente, una de las labores principales del Foro es la asistencia moral y económica a aquellas que han sufrido la cárcel, tanto en persona como la de sus seres más cercanos. “Hacemos colectas entre la comunidad para ayudar a las afectadas porque la mujer es siempre la que más sufre, tanto si la detienen a ella como a sus familiares; ellas son las que han de sostener a la familia, con o sin sus maridos”, señala Amidan.

Detenciones y torturas

Mohamed Mayara, también miembro del Equipe Media, acompaña a Ettanji en su búsqueda de azotea. Como la mayoría de sus colegas, Mayara reconoce haber sido detenido y torturado en varias ocasiones. En cualquier caso, el constante acoso no parecer haber menoscabado su entusiasmo, aunque admite limitaciones que se suman a las inherentes a toda actividad clandestina.

La resolución 2152 exhorta a Marruecos a respetar la libertad de expresión, pero éste sigue negando ese derecho.

El bloqueo militar e informativo en las zonas ocupadas viene de lejos. El objetivo: que no se conozca el autoritarismo marroquí.

El bloqueo militar e informativo en las zonas ocupadas viene de lejos. El objetivo: que no se conozca el autoritarismo marroquí.

“Creamos el primer grupo en 2009, pero la mayoría de nosotros trabajamos por puro instinto. No tenemos ninguna formación por lo que estamos aprendiendo periodismo sobre el terreno”, apunta este saharaui nacido el año de la invasión y que redacta los informes y comunicados de prensa en inglés y francés. Su padre, dice, desapareció en manos del ejército marroquí dos meses después de su nacimiento. No ha sabido nada de él desde entonces.

Ante la consulta de si tienen miedo de correr el mismo destino, Ettanji asegura: “Muchas veces lo conversamos con mis compañeros y compañeras. No tenemos miedo de ser torturados ni de ir a la cárcel. Porque nosotros estamos seguros de que somos objetivos de detención y de tortura por nuestro trabajo: sabemos el resultado. El miedo que tenemos es que detengan a la mayoría de los periodistas y, después, ¿quién podrá sacar la información al exterior? Ese es nuestro miedo”

La espina en la garganta del gobierno marroquí

“Marruecos busca negar nuestra existencia borrando nuestra propia historia incluyéndola en la suya propia”, denuncia Fátima Hamimid, de 62 años, una de las activistas más veteranas del Foro para el Futuro de la Mujer Saharaui. Puede que la ausencia en la educación y la administración del hassanía –la variante del árabe que hablan los saharauis– sea uno de los ejemplos más elocuentes de esas políticas. No obstante, la activista resalta también otros más recientes, como la prohibición de levantar la tienda tradicional saharaui, el acoso a las mujeres por su vestimenta, fácilmente distinguible por su colorido, o el veto a poner a los recién nacidos nombres que se asocian a los de disidentes históricos saharauis.

Según Ettanji, “el Sáhara Occidental es una espina en la garganta del gobierno marroquí. El propio vértice de la pirámide de ese régimen feudal, Mohamed VI, ha dicho en un discurso que la situación del Sáhara Occidental está en un momento muy crítico para Marruecos. Aunque parezca raro, Francia y otros aliados están cambiando la posición hacia Marruecos, porque saben que es un Estado terrorista, que no respeta los derechos humanos ni el derecho internacional, que ha violado muchas veces los dos principales pactos internacionales: el de Derechos Civiles y Políticos y el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales”.

Como la mayoría de sus colegas, Mayara reconoce haber sido detenido y torturado en varias ocasiones.

Pero eso no es todo, alega Ettanji: “Además, Marruecos está en crisis con Christopher Ross (enviado personal del Secretario General para el Sáhara Occidental), quien viene con una intención muy seria de aplicar una solución a este conflicto que ya lleva muchos años, que es olvidado por la comunidad internacional y por varios organismos. Lo que está haciendo ahora Marruecos es intentar explotar al máximo las riquezas porque, según los analistas políticos, 2015 es un año decisivo en la causa saharaui”.

Represión sostenida

La carretera desaparece en la arena nada más cruzar el puesto fronterizo de Tinduf, al oeste de Argelia. Tras 20 kilómetros a través del desierto, un cartel da la bienvenida a la República Arabe Saharaui Democrática (RASD). Desde una caseta acotada con carcasas de obús, un hombre en camuflaje examina el pasaporte sin estampar sello alguno. Nada extraño, porque la RASD es reconocida por 82 países, como ya lo aclaramos.

Sin apenas agua, ni luz, ni teléfono, ni hospitales, las tierras controladas por el Frente Polisario, también llamadas “territorios liberados”, son un lugar inhóspito únicamente habitado por nómadas y, por supuesto, por los soldados saharauis. Casi todos los saharauis viven actualmente en suelo argelino, en los campos de refugiados de Tinduf. Son entre 200 mil y 250 mil personas, según dijeron fuentes de la RASD.

“Nuestro deber como activistas mediáticos en las zonas ocupadas es intentar romper ese bloqueo informativo con nuestros mecanismos pequeños. Todo ese trabajo que se realiza aquí, en las zonas ocupadas, implica un alto riesgo para todos nosotros”, afirma el periodista Ettanji. Los miembros del Equipe Media dicen mantener una “comunicación fluida” con la RASD, la autoridad establecida allí y que reclama un territorio que en un 75% está ocupado por Marruecos. Además de compartir todo el material, también trabajan codo con codo junto a Hayat Khatari, la única periodista que informa abiertamente para la RASD TV, que emite desde Tinduf.

A sus 24 años, Khatari recuerda que empezó a trabajar en 2010 tras los incidentes del campamento de protesta de Gdeim Izzik, a las afueras de El Aaiún. Originalmente levantado como un campamento de protesta pacífica, Gdeim Izzik desembocó en disturbios que se extendieron a otras ciudades saharauis cuando fue desmantelado por la fuerza marroquí el 8 de noviembre pasado. Analistas occidentales, como el estadounidense Noam Chomsky, atribuyen el origen de la llamada “primavera árabe” a El Aaiún, y no a Túnez, como comúnmente se ha establecido.

“Tenemos que trabajar muy duro y asumir muchísimos riesgos para poder contrarrestar la propaganda difundida por Rabat sobre todo lo que ocurre aquí”, subraya Khatari. La joven activista recuerda que fue detenida por última vez en diciembre de 2014. A diferencia de Mahmood al Lhaissan, su predecesor en RASD TV, Khatari fue puesta en libertad poco después de su arresto.

Agallas. La joven Hayat Khatari es la única periodista que informa abiertamente para la RASD TV, que emite desde Tinduf.

Agallas. La joven Hayat Khatari es la única periodista que informa abiertamente para la RASD TV, que emite desde Tinduf.

En un informe publicado en marzo último, Reporteros sin Fronteras recoge el caso de Al Lhaissan. El activista fue puesto en libertad provisional el 25 de febrero tras ocho meses en prisión por cubrir una manifestación. Aún espera su juicio por cargos de participar en una “reunión armada”, obstruir la vía pública, daños a la propiedad y agredir a agentes de seguridad durante el desempeño de su labor. En el mismo informe, Reporteros sin Fronteras también denuncia la detención y deportación en febrero de los periodistas franceses Jean-Louis Perez y Pierre Chautard. Ambos trabajaban en un documental para la cadena de televisión France 3 sobre la situación económica y social en Marruecos, hasta que fueron detenidos y puestos en un vuelo a París tras serles confiscado todo su material.

El arresto se llevó a cabo en la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, una de las principales organizaciones humanitarias del país pero a la que el Ministerio del Interior acusa de “socavar la labor de las fuerzas de seguridad”. Asimismo, otras organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch denuncian de forma constante violaciones a los derechos humanos sufridas por el pueblo saharaui a manos de Marruecos durante las últimas décadas. En un informe publicado en mayo, Amnistía Internacional califica la práctica de la tortura en Marruecos de “endémica” y sitúa a los disidentes políticos saharauis en el principal grupo de riesgo. Asimismo, acusa al gobierno marroquí de “proteger a los torturadores, y no a los torturados”.

En su Informe Mundial de 2015, Human Rights Watch denuncia que en Sáhara Occidental las autoridades prohibieron “todas las reuniones públicas consideradas hostiles a la norma impugnada de Marruecos sobre ese territorio”. Asimismo, esta organización humanitaria, con su sede central en Nueva York, destaca la “gran cantidad de policías que bloquearon el acceso a los lugares de las manifestaciones” así como la dureza empleada para dispersarlas.

Circunstancias como esta son las que llevaron a Takbar Haddi a realizar una huelga de hambre durante 36 días frente al Consulado de Marruecos en Gran Canaria, la mayor de las españolas Islas Canarias, situadas frente a las costas del Sahara. La protesta culminó en junio con la hospitalización de la activista. Haddi sigue exigiendo que le entreguen el cadáver de su hijo, Mohamed Lamin Haidala, apuñalado en febrero en El Aaiún, y que se investiguen tanto las circunstancias del crimen como la presunta negligencia de los médicos que le atendieron.

En la actualidad, Aminatu Haidar es la activista por los derechos humanos del pueblo saharaui más reconocida, tanto en su tierra como a nivel internacional. Cinco años atrás puso en jaque al rey marroquí con una huelga de hambre de 32 días. Luce bien, pero está preocupada porque desde aquellos días aún no se ha producido una mejora sustancial de la situación de los derechos humanos de su pueblo: “Sigue sin ser una cuestión prioritaria en la agenda internacional y todavía tenemos un largo camino por recorrer. No obstante, creo que la situación de los derechos humanos en Sáhara Occidental se ha empezado a visibilizar. La comunidad internacional parece estar mucho más sensibilizada y ahora podemos encontrar alguna noticia en algún medio de prensa, cosa que antes ni siquiera ocurría”.

Tras 20 kilómetros a través del desierto, un cartel da la bienvenida a la República Arabe Saharaui Democrática (RASD).

Territorio agreste. Los campos de refugiados de Tinduf, al oeste de Argelia, albergan a la tercera generación de saharauis.

Territorio agreste. Los campos de refugiados de Tinduf, al oeste de Argelia, albergan a la tercera generación de saharauis.

Haidar reconoce algunos logros: “Entre otros factores, creo que la implicación de la Unión Africana ha sido fundamental, aunque supongo que es lo que tocaba al ser miembro firmante del plan de paz. Asimismo, hemos detectado que incluso Estados Unidos está más interesado en el tema de las violaciones de los derechos humanos en nuestro territorio y la comunidad internacional empieza a denunciar abiertamente tanto las constantes violaciones de nuestros derechos, como el expolio sistemático de nuestros recursos naturales (principalmente fosfatos, arena y pesca). El último informe de Ban Ki-moon (secretario general de la ONU) también supone un espaldarazo a la causa saharaui al ser un factor de presión sobre Marruecos para que Rabat y sus socios respeten a nuestro pueblo y pongan fin al expolio de nuestra tierra. Quiero pensar que todo esto contribuirá a alcanzar una solución al conflicto”.

A pesar de repetidas llamadas telefónicas y correos electrónicos, las autoridades marroquíes se negaron a responder a las preguntas de este cronista sobre estas y otras violaciones a los derechos humanos presuntamente cometidas en el Sáhara Occidental.

La azotea al fondo del túnel

De vuelta en el centro de El Aaiún, los activistas del Equipe Media parecen haber encontrado lo que buscaban. Los propietarios del apartamento elegido son una familia saharaui, como no podía ser de otra manera. “Nunca pediríamos a un marroquí tal cosa”, acota Ettanji desde la azotea, y sin quitar la vista del escenario de la próxima protesta. La fecha y el lugar exactos, dice, no pueden develarlos “por razones obvias”.


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