SALMA HAYEK: TODAVIA ME SIENTO DISCRIMINADA

0

Cuando se cansó de ser estrella de telenovelas en México –a las que encontraba un poco superficiales–, Salma Hayek eligió el rumbo más difícil: abandonar su casa y su familia y mudarse a Hollywood. Ella creía que allí, todo lo bueno podía suceder. Así pasó de ser una figura popular al anonimato más salvaje en una industria que le era ajena. Se enfrentó con toda clase de escollos: desde sufrir rechazos por sus raíces latinas hasta encontrarse acotada a roles menores. Con tres películas a estrenarse –Ask the dust, con Collin Farrell; Paint y Bandidas, con su amiga Penélope Cruz–, Salma es hoy una de las grandes estrellas latinas de Hollywood. En una entrevista exclusiva, la actriz que encarnó a Frida Kahlo explica por qué aún hoy se siente rechazada por la industria del cine.

Texto: Megan Medrano / Luciana De Luca Fotos: Archivo ALMA Magazine

ACTRIZ MEXICANA, SALMA HAYEK

El 1º de mayo Salma adhirió al boicot “Un día sin latinos”.

EL reloj no va a detenerse: son las 10 AM y en la habitación de la suite 221 del Hotel Four Seasons, de Beverly Hills, el sol entra con sigilo. Salma Hayek llega con unos minutos de atraso. Lo sabe y sonríe con coquetería. Se excusa, susurrando un “me entretuve con otros periodistas”. El efecto de la pequeña demora se desmorona detrás de la seductora sonrisa de Salma. Esta mujer, que en un cuerpo de baja estatura reúne una voluptuosidad inusitada, es sensata y eso se percibe a simple vista. Camina con una seguridad que excede la vanidosa impostura de las actrices de Hollywood. Es fuerte, de una manera femenina y avasallante. Lo suyo en el cine tiene mucho más de epopeya y de triunfo, que en el caso de otras actrices. Desde hace tiempo se ha mostrado comprometida con causas que la conmueven y, de un modo u otro, la convocan. Una de ellas es su permanente adhesión a la lucha contra la violencia: tanto participó de la inauguración de un monumento en memoria de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y Chihuahua, como hizo acto de presencia en festivales contra la violencia que sufren mujeres y niñas, y donó dinero para fundaciones de su país que protegen a las víctimas de abusos. Salma diferencia explícitamente su trabajo en el cine de su compromiso social; a éste, afirma, lo hace como una “ciudadana más”. Otra de sus causas es el apoyo a la comunidad latina en los Estados Unidos. A poco de volverse ciudadana americana, Salma Hayek confirmó a la prensa su adhesión al reciente boicot Un día sin latinos que, el 1º de mayo, intentó demostrarles a los norteamericanos cómo sería la vida en este país sin la presencia de inmigrantes. Esta protesta fue un llamado de atención para el gobierno americano y un pedido de reforma migratoria que beneficiaría a miles de indocumentados. “Son gente trabajadora y están exigiendo que se los respete por su aportación y su trabajo”, señaló Hayek, que padeció en carne propia las dificultades de tener una entonación y una piel diferentes. Ahora, mientras toma agua, reflexiona. Aguarda un tiempo antes de responder a cada pregunta. Salma, en libanés, significa “plácida, tranquila”.

ALMA MAGAZINE: ¿Siempre estuviste orgullosa de llamarte Salma Hayek? ¿De niña nunca imaginaste algún nombre más convencional?

Salma Hayek con Rigoberta Menchu.

Con Rigoberta Menchu, premio Nobel de la Paz, en un evento de la Feminist Majority Foundation.

SALMA HAYEK: De pequeña no me gustaba mi nombre, porque cuando iba a la feria había esas cosas con el nombre grabado que venden para el cuarto o llaveritos y nunca había nada con “Salma”. Me sentía un poco incómoda con mi nombre. Quería llamarme Claudia. Todos los niños somos así. Y cuando empecé mi carrera, en México, me dijeron: “Te lo tienes que quitar”. Insistían en que nadie se iba acordar de Salma Hayek. En ese momento le tomé cariño a mi nombre. Nunca más lo quise cambiar.

AM: ¿En qué medida ayudó en tu carrera la nominación al Oscar por la película Frida?

S.H.: No me parece que Frida me haya convertido en actriz. Yo ya era actriz. Lo que pasa es que nadie me había dado la oportunidad, no tuve el papel para mostrarlo. Cuando yo hice Desperado, era una actriz que podía tomar personajes de cierta complejidad, pero nadie me los daba.

LOS HOMBRES DE SU VIDA

AM: ¿Qué tomas en cuenta cuando aceptas filmar una película?

Salma Hayek junto a Colin Farrell

Junto a Colin Farrell en el film Ask the dust.

S.H.: A veces me gusta pensar en las mujeres que de alguna manera influyeron en la vida de un hombre. Muchas veces no se nota, pero todo lo que hacen ciertos hombres tiene que ver con la presencia de una mujer en su vida. Imagínate en la historia del mundo las mujeres que ha habido sin proponérselo, detrás de las grandes cabezas, los grandes artistas, los grandes escritores. Y en la mayoría de los casos, ellas ni siquiera saben cómo impactaron con su presencia. Yo he tenido suerte, porque cuando impacté en un hombre, me lo han dicho o me lo han hecho sentir.

AM: ¿Y los hombres influenciaron en tu propia vida?

S.H.: La influencia es recíproca para las mujeres y los hombres. Pero las mujeres somos más directas para aceptar la influencia de un hombre en nuestra vida. Inmediatamente lo notamos y lo decimos. Salma recuerda que era una muchachita pudorosa. Que les había prometido a sus padres no salir con hombres hasta cumplir los 18 años. Que tenía una concepción negativa del sexo, probablemente gracias a su educación católica. “Yo había entrado a la Universidad, muy joven, a los 15 años y medio. Imagínate. No querían que me fuera a vivir sola. No querían que saliera con muchachos en la Ciudad de México…”. Los actores Edward Norton y Josh Lucas fueron sus últimas influencias románticas. Durante la filmación de la película Ask the dust, en Sudáfrica, también se habló de un romance con el protagonista, Colin Farrell. Pero eso es algo que sucede y Salma lo sabe. “Yo pretendo explicarle a la gente que una mujer sexy es una persona que piensa, siente y tiene dignidad”.

AM: ¿Qué tan romántica eres?

S.H.: Medio romántica.

AM: ¿Medio romántica?

S.H.: Soy romántica y bastante sensible, pero no soy cursi.

AM: ¿Colin Farrell es romántico?

S.H.: Colin es increíble. Yo venía asustada porque la gente dice que le gustan las fiestas. No sé antes ni después de la película. Pero durante el rodaje de Ask the dust fue completamente profesional, con mucha pasión por el trabajo. Es el único actor que conozco que sabía el guión de memoria cuando empezamos a rodar la película. Sus líneas y las mías. Ya había leído el libro original tres o cuatro veces. Si le pedía que me dijera la página 42, me la decía con su acento irlandés, rapidísimo, que no se le entiende una palabra.

Salma Hayek como Frida Khalo.

Salma como la artista mexicana Frida Khalo.

A pesar de haber sido nombrada una y mil veces como una de las mujeres más hermosas del mundo, Salma Hayek no permitió que la enceguecieran las adulaciones. Y eso no fue algo sencillo de manejar. Desde su irrupción en la industria del cine, fue carne de toda clase de especulaciones. Desde aquellos que mencionaban algunas traiciones a sus raíces, hasta aquellos que, como sucedió en México mientras la actriz se instalaba en Holywood, la acusaron de mantener romances prohibidos con personas comprometidas. Sus roles de alto voltaje en From Dusk Till Down y Dogma la ubicaron en el paraíso reservado a las bombas sexies, a las divas del cine. Pero aún con ese estigma sobre sus espaldas, Salma demostró ser sensata y reflexiva respecto del amor y la seducción. Y eso, precisamente, la hizo destacar entre sus pares. “Todavía estoy esperando al hombre que tenga más agallas que yo misma”, señaló. Sus dos romances oficiales con dos actores (Edward Norton, entre 1999 y 2003 y Josh Lucas, desde el 2003 hasta el 2004) quedaron atrás. Esas relaciones le dejaron una clara percepción de lo que la exposición pública puede provocar : “Lo que realmente funciona en una relación de personas muy públicas es no volver a esa relación algo de interés público, y mantenerla tan íntimamente como sea posible. Esa es la única manera de que sea real. Sospecho de quienes necesitan hacerle saber al mundo cuánto se aman el uno al otro. Es un poco triste cuando sientes que tienes que estar explicándoselo a cualquiera. Cuando abres las puertas de tu relación para que opinen, puede transformarse en algo peligroso. Se trata de saber qué es lo que necesita uno, y no lo que los demás esperan que uno haga. Las mujeres hemos sido criadas para casarnos y tener hijos y de ese modo tener un sitio en el mundo. Si esa es la vida que uno quiere, perfecto. Pero para muchas mujeres, el matrimonio es solamente una manera de hacerle saber al mundo que hay alguien que las desea tanto como para decir: Este es un contrato para probarte que te amo y que voy a comprometerme contigo por el resto de mi vida. Para esa clase de mujeres, si no hay contrato no hay validación. Y entonces, no encuentran una razón para existir”.

UNA VIDA DE PELICULA

ACTRIZ SALMA HAYEKNació el 2 de septiembre de 1966 –es decir, hace casi 40 años– en una ciudad de nombre extraño, Coatzacoalcos, que ella pronuncia con soltura y orgullo. El suyo, que tantos problemas le trajo, aclara, es de origen libanés, como su apellido. “Hayek es una palabra que proviene de ‘hayito’, que quiere decir hermano. Así que yo vengo a ser como la ‘hermana tranquila’”. Su padre, Sami, era ejecutivo de una compañía petrolera, y su madre, Diana Jiménez, era cantante de ópera. Salma era la pequeña consentida del matrimonio. Y aún lo es. “Todavía me consienten mucho. Fueron buenos papás. Todo lo que quería me lo daban. Todo”. Pese a eso, los padres de Salma no estuvieron de acuerdo con ella cuando, luego de ver la versión original de Willy Wonka & the chocolate factory, dijo que quería ser actriz. La pequeña no era dócil: a los 12 años les hizo una “huelga de hambre” a sus padres para que la enviaran a estudiar a los Estados Unidos. Lo logró, pero de la escuela de monjas en Nueva Orleáns terminaron expulsándola por culpa de una curiosa afición: Salma se entretenía retrocediendo el tiempo en los relojes. Cuando ingresó en la Universidad Iberoamericana de México para estudiar Relaciones Internacionales, los padres respiraron aliviados: una carrera seria era todo lo que esperaban de su hija. Pero el tesón de la muchacha era mucho más fuerte que los mandatos familiares: comenzó a tomar clases de actuación en secreto. Hoy recuerda esa época de su vida con nostalgia y, claro, sabe que el tiempo finalmente acabó por darle la razón. “Hacía las dos cosas, hasta que decidí que la Universidad me quitaba mucho tiempo para mis estudios de actuación”. Después fue descubierta por un productor mientras actuaba en una obra de teatro. Salma comenzó a protagonizar telenovelas. Una de ellas, Teresa, la consagró en su país. Aburrida de un trabajo actoral que no le presentaba desafíos, envolvió unos pocos objetos personales y se mudó a Hollywood. Era 1990 y Salma apenas tenía 23 años. No fue fácil acostumbrarse a un entorno hostil. Si bien había latinos –como Jennifer López, Andy García, Ricky Martin– que triunfaban en la industria, había un preconcepto respecto de los actores de ese origen. Salma pronto descubrió que la mayoría de los papeles a los que podía aspirar eran mucamas o prostitutas. Su objetivo comenzó a delinearse pronto: nunca aceptar roles que denigraran a la cultura mexicana o española. Juró que iba a hacer algo por cambiar esta situación; mientras, estudiaba teatro y trabajaba su inglés. Tuvo algunas primeras aproximaciones a la pantalla grande y a la TV: un pequeño papel en Street justice (1991), en The Sinbad Show, en Nurses y en la serie de HBO, Dream on (1990). Una noche de 1992, mientras se presentaba en el talk-show conducido por Paul Rodríguez, la actriz denunció la discriminación que debía soportar por ser latina. El destino fue mucho más benigno entonces con ella de lo que habían sido los productores: el director Robert Rodríguez y su esposa, Elizabeth Avellan, estaban mirando el show y quedaron encantados con la soltura, la valentía y la inteligencia de Salma. Poco después, la actriz protagonizaba las dos primeras películas de Rodríguez: Desperado, con Antonio Banderas, y From dusk till dawn –en la que se inmortalizó como la reina de los vampiros con un sexy y enloquecido strip tease–, con George Clooney y Quentin Tarantino. Orgullosa de sus raíces y convencida de su talento, la actriz protagonizó, junto a Russell Crowe, Breaking up; 54, la historia del mítico club neoyorquino; Dogma, con Matt Damon y Chris Rock y Wild Wild West, junto a Will Smith. Hacia 1999, Hayek decidió dar un gran paso en su carrera y seguir sus impulsos creativos: con su productora Ventanarrosa produjo el filme El coronel no tiene quién le escriba –basado en la novela homónima de Gabriel García Márquez–, que fue exhibido en Cannes y elegido como representante mexicano en los Oscar. Con un aventajado background y su decisión habitual, en el 2002 Salma logró cumplir uno de sus grandes sueños: producir y protagonizar su propia película sobre la vida de Frida Kahlo, la artista mexicana de la que Salma era ferviente admiradora. El filme Frida fue un enorme éxito; muchos de sus amigos participaron casi sin recibir dinero a cambio, por lo que el casting de la película resultó de muy alto nivel: allí actuaban Ashley Judd, Alfredo Molina, Jeoffrey Rush, Edward Norton y Antonio Banderas, entre otros. Gracias a Frida, Salma se convirtió en la segunda actriz latina nominada al Oscar como Mejor Actriz (la primera había sido Fernanda Montenegro). Ese mismo año, Salma dirigió un pequeño filme, The Maldonado miracle, que cosechó muy buenas críticas en el Festival de Cannes. Con seis nominaciones al Oscar y dos en su haber, y considerada una intérprete de gran carácter, la actriz que, dicen, sufre de dislexia y claustrofobia demostró que es una mujer cuya entereza y férrea fuerza de voluntad son capaces de derribar montañas.

EL DOLOR DE LA PIEL

AM: ¿Tom Cruise también es el productor de la película? ¿El te llamó?

Salma Hayek como Sara Sandoval.

Como Sara Sandoval, en el film Bandidas que protagoniza junto a su amiga Penélope Cruz.

S.H.: Me habían ofrecido esta película hace ocho años y yo la había rechazado. En verdad, me la volvió a ofrecer otro amigo en común con el director. Warren Beatty me llamó para ir a cenar con Annette (Bening). A Tom (Cruise) lo conozco bastante bien, pero como productor, le dio completa libertad al director, Robert Tawne. Ask the dust transcurre durante los difíciles días de la depresión de Los Angeles, en la década de 1930. Es la historia de amor entre dos inmigrantes que no logran cumplir el sueño americano. Farrell, un arrogante escritor con problemas para escribir y Salma, una mesera mexicana, componen una historia de racismo, pobreza y sueños. Con la discusión sobre la inmigración, más vigente que nunca en el cine –luego de que Crash fuera consagrada como Mejor Película por la Academia–, Ask the dust intenta recrear la discriminación en una época en la que uno de cada seis habitantes de Los Angeles tenía sangre mexicana.

AM: ¿Alguna vez te sentiste discriminada en Hollywood por ser latina?

S.H.: Muchas veces, pero a otro nivel.

AM: ¿En qué sentido?

S.H.: Cuando exigen que para cierta película no quieren otra persona que no sea blanca. “Caucasean”, como dicen acá.

AM: ¿Te refieres al principio de tu carrera?

S.H.: Todavía hoy me siento discriminada. Les cuesta trabajo ver que al ser mexicana tengo acento. No asocian que una mexicana pueda aparecer como alguien poderoso en un personaje. Y eso lo veo como discriminación.

AM: ¿Al menos se nota algún cambio con el paso del tiempo?

S.H.: Como quiera que sea, vemos que en cuanto al racismo algo ha evolucionado. Antes era mucho peor. Hollywood tuvo una etapa en la que traían muchas estrellas extranjeras, sobre todo en la época del cine mudo. Justo en los años ’30, las mujeres empezaron a tomar mucha fuerza y eran las grandes protagonistas, no importaba tanto el acento. Eran momentos. Ahora, Hollywood es otro mundo.

AM: ¿Pensaste en hacerte ciudadana americana?

S.H.: Acabo de volverme ciudadana americana.

AM: ¿Y conservas todavía la ciudadanía mexicana?

S.H.: Claro.

AM: ¿Qué pasaporte vas a mostrar cuando viajes a México?

S.H.: La verdad, no lo sé. Supongo que usaré el mexicano, no sé. Llevo los dos juntos.

AM: ¿Dónde está la diferencia entonces?

S.H.: Tú me vas a entender bien. La razón por la que me hice ciudadana americana es porque puedo traer familiares. ¿Verdad? (Se ríe). Y además, puedo votar. Tengo ciertas posibilidades, pero es importante que pueda votar.

AM: Cada persona tiene una definición diferente de la felicidad. ¿Cuál es la tuya?

S.H.: Dentro de lo que te voy a decir está la respuesta. Para mí, un factor importante para la felicidad es el constante cambio. La evolución constante es la base para ser feliz. Mucha gente está contenta con la estabilidad y yo no. Pero igual soy muy feliz.


Compartir.

Dejar un Comentario