SANTO TOME Y PRINCIPE: EL SECRETO MEJOR GUARDADO DE AFRICA

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Es un diminuto archipiélago africano que, pese a sus trazas de paraíso, es aún un destino no del todo explorado. Por ello es tan virgen y tan auténtico. Además, se encuentra en el mismo centro del planeta y su naturaleza es sencillamente superlativa. En este rincón remoto, su gente transmite calma y exuda hospitalidad. Playas de postal, una legendaria industria del cacao y una gastronomía lujuriosa son parte del atractivo del secreto mejor guardado de Africa.

Texto: Ulises Parigi / Fotos: Nilson Nunes / Manuel Trovoada / Jacinto Redol / Fernando Veiga Moura / Faure da Pimenta / Eugénio de Brito

Ninos de Principe

Alejado de las rutas comerciales, vale la pena conocer este archipiélago africano ignorado por el turismo masivo.

La República Democrática de Sao Tomé e Principe es un país africano formado por varias islas situadas en el Golfo de Guinea, siendo las de mayor importancia Santo Tomé y Príncipe, que dan nombre a la diminuta nación. En verdad, es un antiguo territorio portugués que logró su independencia en 1975 a raíz de la decisión del gobierno portugués de disolver las colonias de ultramar. Y en 1990 fue uno de los primeros países africanos en instaurar una auténtica democracia con sistema multipartidista.
Los portugueses descubrieron este edén a fines de 1400. Eran islas deshabitadas. De aquellos tiempos de dominio atesoran no pocas huellas. La lengua, principalmente, adoptada del país vecino. Y las roças, genuinas plantaciones agrícolas donde crecían –y en algunas de ellas todavía crecen– los apreciados cafés y cacaos. Las roças estaban presididas por una enorme casa colonial, que era la del patrón, bajo cuyo mando trabajaban aquellos esclavos llegados de Angola y Mozambique. Hoy son un punto turístico, reconvertidas en alojamientos con encanto.
Uno de los puntales del hechizo de estas islas es su gente, personas sencillas y hospitalarias que conservan un modo de vida ancestral. Sus habitantes viven fundamentalmente de la agricultura y el cacao es el cultivo preponderante. La pesca representa asimismo una de sus actividades económicas principales y en la actualidad se está intentando desarrollar el turismo. Para el viajero puede resultar un destino muy seductor, más que nada por sus playas paradisíacas y su impresionante naturaleza tropical. Además, es uno de los países más tranquilos y seguros de Africa.

Posición estratégica. Apostados en la inmensidad del océano Atlántico, Santo Tomé y Príncipe son dos puntos verdes en pleno Golfo de Guinea, muy cerca de la costa de Gabón. Esto implica que están atravesados por la línea imaginaria del Ecuador y a muy corta distancia del meridiano de Greenwich. En definitiva, es el lugar más próximo a la posición 0º 0º, donde convergen los puntos cardinales. Otra sorpresa: es el país más pequeño de Africa después de Seychelles.

Naturaleza. Todo visitante queda embelesado por su naturaleza, de una belleza sin par, colmada de un verdor exagerado. A excepción de pequeñas poblaciones –la capital de la isla, Santo Antonio, es la ciudad más pequeña del mundo–, este territorio se encuentra cubierto de selva. El verde rodea los caminos a base de gigantescos árboles, que se a su vez están atrapados en infinitas enredaderas de las que cuelgan lianas y todo esto aderezado con múltiples frutas tropicales y sonidos selváticos. ¿Su máxima manifestación? El Parque Nacional Ôbo, que se reparte entre las dos islas mayores y que aloja sus dos puntos más encumbrados: el pico de Santo Tomé (2.015 metros) y el Pico de Príncipe (948 metros). Una panacea para los amantes de las caminatas: su extraordinaria vegetación primitiva y su fascinante riqueza floral –rosas de porcelana, picos de papagayo, begoñas gigantes– transforman este sitio en uno de los más hermosos jardines de la tierra. Además, hay murciélagos, musarañas, reptiles, anfibios, aves. Y todo ello coronado por una misteriosa bruma.

Tunel

Pequeño paraíso. Playas desérticas, fondos submarinos, jungla, plantaciones y antiguos edificios coloniales portugueses.

Playas. Las selváticas playas están a menudo bordeadas de baobabs, manglares y cocoteros. Como no saben de los estragos del hombre, se mantienen vírgenes. El espectáculo es abrasador: agua transparente con algún que otro arrecife –fondos cuajados de fauna marina y corales–, arena blanca y cocoteros repletos de frutos. Algunas de las playas para visitar en Santo Tomé: De las Conchas, Tamarindos, Lagoa Azul, Santana y Boca del Infierno. Aún más paradisíacas, en las de Príncipe sobresalen Bom Bom y Banana Beach –una playa con una formación rocosa que hace las veces de piscina como su propio nombre indica–. Mientras que los que gozan con un buceo grandioso, la gran opción son los islotes menores de San Miguel, Siete Piedras y Rolas.

Isla de Rolas. Ideal para una excursión de una jornada o perderse por ella durante unos días. Más allá de sus impresionantes playas desiertas, la isla se jacta modestamente de ser una zona de paso de la línea del Ecuador a través de un colorido y deteriorado monumento situado en la cúspide de una colina. Rolas es el sitio perfecto para fotografiarse con esta línea imaginaria puesto que también es el punto del Ecuador más cercano al meridiano de Greenwich. En verdad, Rolas es el centro del mundo.

Chocolate. Estas islas diminutas supieron ser adalides en la exportación de cacao. En la época colonial, los portugueses detectaron un filón en este cultivo, para el que arrancaron la selva y edificaron sus fastuosas roças. Hoy este legado se plasma sobre todo en la fábrica de Claudio Corallo, en la ciudad de Santo Tomé. Su chocolate, que es resultado de una materia prima excelente y un celoso proceso de producción basado en la pureza, se encuentra entre los mejores del mundo. Verificarlo es fácil con una visita a la fábrica, con degustación incluida. Nadie sale indemne.

Tortugas. Si bien además abundan los macacos, los reptiles, los anfibios y las aves exóticas y coloridas, quizá sean las tortugas quienes se llevan el protagonismo dentro de la fauna saotomense. Es que, año tras año, vienen a desovar a las playas del sur las cuatro especies de Africa central, incluida la grandota tortuga ambulancia. Existen incluso centros de protección que liberan a las crías al mar después de trasplantar los huevos lejos de las garras de los perros y de las personas. No olvidar: todas estas tortugas están en peligro de extinción.

Misa. Otra curiosa experiencia que muchos recomiendan es asistir a una misa. Los pastores, lejos de dar sermones tediosos, hacen bailar y cantar al público y enfatizan su mensaje a base de gritos. En cada calle hay una iglesia cristina, aunque de diferentes órdenes religiosas: apostólicos, evangélicos, baptistas. La más llamativa es la Iglesia Universal del Reino de Dios en la que dos veces por semana se realiza un impactante rito para extraer los malos espíritus de sus feligreses.

Prevención. Es obligatorio vacunarse contra la fiebre amarilla (se exige el carné de vacunación). Se recomienda estar vacunado contra el tétanos, la poliomielitis, el tifus y las hepatitis A y B. Santo Tomé es una región con una presencia endémica del paludismo, por eso hay que prever quimioprofilaxia (consultar con un médico) y productos repelentes antimosquitos. El agua del grifo no es potable por lo que se aconseja beber agua embotellada precintada (importada de Portugal), y pelar siempre las frutas y verduras.

Sabores. Hay que estar dispuestos para ingresar en un mundo desconocido: el de los fogones saotomenses. Un universo sugestivo y delicioso, a veces algo lejos de nuestras costumbres: la malagueta, pese a lo familiar del nombre, es un picante abrasivo con el que se rocían muchos de los guisos. Evidentemente, los productos que vienen del mar son los paladines incuestionables. Y entre ellos, la santola, una suerte de centollo carnoso y muy sabroso, y pescados de toda índole como atún, barracuda, corvina y garoupa, algunos de los cuales son la base de los elaborados platos locales: el calulú, la cachupa y el muzenque, con mil y un ingredientes. No faltan las frutas exóticas propias del trópico. Y el vino. Eso sí, de palma, extraído directamente de la palmera.


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