STANLEY KUBRICK: DUEÑO DE UN RESPLANDOR

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¿Stanley Kubrick sigue vivo? En abril se cumplen 40 años del estreno de 2001: A Space Odyssey y todo parece indicar que sí. Que sigue vigente. Su filmografía, hoy convertida en un corpus clásico, su aura mítica de perfeccionista terco y su implacable genialidad –puesta en evidencia en cada una de sus películas, siempre a la vanguardia de su época–, convierten a este cineasta fallecido hace casi una década en un mito incombustible de los tiempos modernos. Vida, obra y sobras de uno de los artistas más polémicos, inventivos y legendarios de la historia del cine.

Texto: Miguel Peirotti / Fotos: AP / AFP

Exitoso fotografo, Stanley Kubrick

Este joven introvertido, era un exitoso fotógrafo de Nueva York. Pero dejó todo para dedicarse al cine.

Cómo funciona la mente de un cineasta visionario? El secreto se fue a la tumba con Stanley Kubrick el 7 de marzo de 1999, en Harpenden, Hertfordshire, Inglaterra. Había nacido el 26 de julio de 1928 en Nueva York y 30 años más tarde empezaría a rubricar una de las carreras más envidiadas, aunque malditas, de toda la historia del cine, que amó como loco hasta morir. En la escuela, Kubrick, una de las grandes mentes de este oficio del siglo XX, fue un pésimo alumno. Un contundente contraejemplo de la relación que puede existir entre la educación obligatoria y el llamado de la vocación más profunda. Convencido de que la flama de su hijo ardía en otra parte, a los 11 años su padre, Jack, lo envió a vivir un tiempo con su tío en una zona más rural de Pasadena, California. Al año siguiente el pequeño Stanley retornaría al Bronx con resultados magros: ningún cambio se había registrado en él. Un nuevo intento paterno por encarrilar al retoño hacia una vida útil lo sentó frente a un tablero de ajedrez. Eureka: prácticamente a los días, el entusiasta nuevo jugador se inflamó de talento innato para los jaques y los mates y dejaba bien muertos a cada uno de sus rivales, desde niños prodigio a señores experimentados. Para el año 1943, fecha de nacimiento del genial campeón mundial Bobby Fischer, el joven Kubrick había perfeccionado su primera vocación.

LOS 13 MANDAMIENTOS
Según su tercera y última mujer, Christiane, madre de sus tres hijas, Anya, Katharina y Vivian, su lema era: “Si no estás enamorado del asunto, déjalo. Ya hay demasiadas películas mediocres”. Sin contar los tres cortos documentales que suscribió durante su transición de fotógrafo de la revista Look a director de cine, aquí van las 13 historias de amor que Kubrick convirtió en películas ajenas a cualquier atisbo de mediocridad. Si las vuelves a ver, recuerda las palabras del escritor Vicente Molina Foix, encargado de los doblajes de sus películas en España: “La posibilidad de revisitar las ficciones de su extraordinaria obra fílmica ofrece también la oportunidad de vislumbrar algo que es más privado y revelador: la indoblegable voluntad del poeta que supo hacer un exquisito y elocuente verso libre sin salirse nunca de la prosa del cine”.

Fear and Desire (1953)

Killer’s Kiss (1955)

The Killing (1955)

Paths of Glory (1957)

Spartacus (1960)

Lolita (1961)

Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1963)

2001: A Space Odyssey (1968)

A Clockwork Orange (1971)

Barry Lyndon (1975)

The Shining (1980)

Full Metal Jacket (1987)

Eyes Wide Shut (1999)

TU ERES UN GENIO, SIEMPRE

KUBRICK

Kubrick durante la filmación de Barry Lyndon en 1975.

Así reza el vigésimo mandamiento de la “escritura espontánea” patentada por el santo patrono de los escritores beatnik, Jack Kerouac, con quien Kubrick compartió la pasión por el fútbol americano. Es como si lo hubiera leído, impreso y enmarcado y colgado luego sobre la cabecera de su cama. El director de Lolita buscó la perfección allí donde sólo hay defectos, erosiones e interrogantes. Quería, por encima de todo, entender qué significa ser humano. Por eso fue un artista que intentó acercarse a la emoción desde la geometría de la razón, en virtud de lo cual se engendró el prejuicio más popular en torno a su estilo: Kubrick era frío. Es que a veces practicó el cine ciertamente sin controlar una frialdad que, desde la distancia, podía desconcertar a los amantes del caos creativo, a los seguidores del arte visto como un volcán. Todo en Kubrick era orden, precisión, preparación, obsesión. Digno de un ajedrecista. Sin duda era un genio, y todos los genios son temerarios y minuciosos. Nada lo asustaba porque creía que podía reinventar el mundo y empezar de foja cero. Kubrick abordó casi todos los géneros del cine. Sólo le faltaron el western y el musical. Ninguna novela se le resistió, incluida Lolita, la provocativa obra de Vladimir Nabokov. A pesar de no haberse acercado a un libro hasta los 19 años, salvo obligatoriamente, todas sus películas fueron adaptaciones de textos literarios, a excepción de sus dos primeras realizaciones, Fear and Desire (1953), de la que renegó toda su vida al punto de comprar los negativos para que nadie pueda verla nunca –factor modificado por la era internet: en algunos servidores se puede descargar–, y su primera obra maestra, el policial negro ambientado en el mundo del boxeo Killer’s Kiss (1955).

AQUI MANDO YO

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Su fama de perfeccionista obsesivo le permitió realizar grandes obras maestras sin fisuras ni errores. Pero también le sirvió para cosechar enemigos dentro de la industria.

2001, A Space Odyssey es un caso aparte. Esta maravilla en tecnicolor de valses de naves espaciales surgió del cuento (The Sentinel) del maestro de la ciencia ficción Arthur C. Clarke, que no fue acreditado. Contra la creencia popular, la película terminó transformada en una novela y no al revés. Este año, puntualmente el 6 de abril, se cumplen 40 años del estreno en Estados Unidos de este magnus opus que le cambió el rostro y el alma a la ciencia ficción moderna. Sin la innovación tecnológica y espiritual de 2001, A Space Odyssey, no existirían hoy la distópica THX 1138 ni la saga Star Wars, ni todo lo que vino después. No existiría nada. Demiurgo como él solo, Kubrick fue un artesano atravesado durante casi medio siglo de actividad por una obsesión: antepuso su deseo de ser Dios al de ser un cineasta en la Tierra. Sus películas no eran más que enormes tableros de ajedrez, mapamundis universales donde actores y técnicos dirimían el destino del Hombre desde un recurrente estudio de la deshumanización. Al respecto, la antibélica Paths of Glory (1957) fue un emotivo ejemplo, al igual que su reverso sangrante, Full Metal Jacket (1987), su abordaje de Vietnam. Contradictorio como él solo, para Kubrick lo importante no era participar sino ganar y los métodos que seguía para lograr sus objetivos no sobresalían precisamente por tener en cuenta el factor humano. Fue materia de estudio la recordada tortura psicológica a la que sometió a Shelley Duvall durante las sádicas sesiones de filmación de la famosa escena del baño en The Shining (nota al pie: todas pero “todas” las películas de Kubrick tienen alguna escena en un baño). Nada le importaba mientras saciara sus expectativas. Malcolm McDowell, protagonista de A Clockwork Orange (1971), lo recuerda siempre con mucho cariño, a pesar de que Kubrick le dañó la córnea durante el rodaje de la escena del “Tratamiento Ludovico” y de que, habiendo cultivado una fuerte y devota amistad durante toda la filmación, una vez terminada la película Kubrick nunca más lo volvió a llamar.

A UN PASO DE KUBRICK

A lo largo de su vida siempre quiso filmar una biografía sobre Napoleón Bonaparte. Y durante años estuvo a punto de rodar A.I. Inteligencia Artificial, adaptación de la novela de Brian Aldiss. Existen ilustraciones de Chris Baker basadas en las ideas visuales que el director había propuesto al barajar el proyecto. Además, intentó convertir en película la novela imposible de William Burroughs Naked Lunch, que David Cronenberg transmutó en una descompuesta galería de exposición descarnada. El péndulo de Foucault, de Umberto Eco, aparecido en 1988, también estuvo entre los libros que pretendió adaptar. Pero el italiano se negó a vender los derechos, decepcionado por la versión fílmica de El nombre de la rosa que perpetró Jean-Jacques Annaud en 1986. Por otro lado, Kubrick se topó con un ego más grande que el suyo, el de Marlon Brando, cuando estuvo a punto de dirigir el western One-Eyed Jacks (1961). Fue reemplazado por el actor. Para terminar. Leyenda urbana o no, habría dirigido la película del montaje televisivo del supuestamente falso primer alunizaje del hombre. En la versión que más circuló, la NASA se encargó de la producción en un estudio londinense.

LOCO INVENTOR

La influencia de 2001- A Space Odyssey

La influencia de 2001: A Space Odyssey, basada en la novela del británico Arthur C. Clarke, se puede percibir en muchas de las películas de ciencia ficción de la actualidad.

Lo creían chiflado por su fe ciega en la tecnología para definir los límites del cine. Tristemente célebre por sus rodajes eternos y sus proyectos aplazados durante décadas –prueba de ello son sus storyboards para A.I. Inteligencia Artificial, que acabó dirigiendo Steven Spielberg en 2001, luego de otra odisea–, Kubrick, como Alfred Hitchcock, logró hacer lo que le vino en gana –13 largometrajes en 46 años de carrera– dentro de un sistema de estudios no conocido precisamente por su flexibilidad. Hay que decirlo: lo logró en función del éxito de taquilla que tenían sus películas. La historia del cine registra el rodaje del péplum Spartacus (1960) como un campo de batalla donde las refriegas sangrientas entre esclavos y romanos esclavistas no eran nada en comparación con sus luchas teóricas contra los magnates de los estudios. Quizá por hartazgo de defender lo indefendible –el estilo– un día Kubrick tomó la determinación de no dar más entrevistas. La rumorología afirma que siempre llevaba un cuchillo en su maleta de viaje y que no soportaba las enfermedades: amante del cine de Woody Allen, absorbió osmóticamente su hipocondría; tenía miedo permanente al contagio.

Arthur C. Clarke

Arthur C. Clarke.

También le temía a los aviones y acabó aislándose en una mansión fortificada en Inglaterra para alejarse de la banalidad de Hollywood y de las intrusiones en su intimidad. En los últimos años de vida, sólo el ex matrimonio integrado por Tom Cruise y Nicole Kidman –estrellas y factótums de su vuelta al ruedo con el tortuoso, lúbrico y críptico melodrama Eyes Wide Shut (1999), su canto de cisne– accedieron a su entorno privado, incluso fueron de los pocos invitados a su funeral, ocurrido meses antes del estreno del filme. Tal vez debido a su radical defensa de la individualidad fue que la soledad del hombre se erigió en uno de los grandes y fundamentales temas de su obra, así como la singularidad controlada por el destino, el individuo estrangulado por las convenciones sociales y la violencia institucional como respuesta a un instinto que no sabemos cómo reconducir fueron ejes importantes en sus fi lmes. Que aún hoy continúan vigentes. La leyenda alrededor de Kubrick no para de crecer con el paso del tiempo. Su fi – gura se convirtió en mito antes que el mundo comprendiera su trascendencia. De hecho, todas las películas de Stanley pueden verse como un himno a la trascendencia, a todo aquello que nos hace más grandes que la vida.


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