UCRANIA: EL AVION QUE TRAJO MALAS NOTICIAS

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Ucrania ha presenciado un grave incremento de la violencia durante los últimos meses. Al menos 1.200 personas murieron y más de 3.400 resultaron heridas desde mediados de abril. Más de 200 mil personas han sido desplazadas. El último cruento suceso fue el derribo del vuelo 17 de Malaysia Airlines, que ha desatado la represalia económica de Occidente hacia Rusia por considerar que Moscú apoya a los separatistas ucranianos. Stephen Cohen, profesor emérito de política rusa en la Universidad de Nueva York y en la de Princeton, es una voz reconocida para analizar un conflicto en puerta: una nueva guerra fría.

Texto: Amy Goodman & Juan González (Democracy Now) / Fotos: Helene Rubin / Theodore Tracy

El pasado julio, un vuelo de Malaysia Airlines con 298 personas a bordo estalló y se estrelló en el este de Ucrania, matando a todos los pasajeros a bordo. Funcionarios estadounidenses y ucranianos afirmaron que el Boeing 777 fue derribado por un misil lanzado desde tierra al aire, fabricado en Rusia, pero no es claro quién disparó el misil. El avión viajaba de Amsterdam a Kuala Lumpur con pasajeros de al menos diez países a bordo, incluyendo 173 ciudadanos holandeses, 44 malayos y 27 australianos. Alrededor de 100 de los principales investigadores y activistas contra el sida en el mundo estaban dentro del avión y camino a una conferencia en Australia, incluido el investigador pionero y ex presidente de la Sociedad Internacional del Sida, Joep Lange.
Ambas lados del conflicto se ha venido culpando unos a otros por haber derribado el avión. El primer ministro de Malasia, Najib Tun Razak, se comprometió a poner en marcha una investigación profunda sobre lo ocurrido: “Debemos, y lograremos, saber exactamente qué le pasó a este vuelo. No quedará ni la más mínima duda. Si se confirma que efectivamente el avión fue derribado, insistiremos para que los victimarios enfrenten el sistema de justicia”. Después de que el avión se estrellara, medios rusos citaron a testigos que dicen que vieron al avión ser atacado por algo que parecía un rocket.
Al respecto, ya se han dado otras disputas por recientes ataques a aviones en el este de Ucrania. En los últimos tiempos, funcionarios ucranianos culparon a la fuerza aérea rusa por derribar uno de sus aviones de ataque y un avión de transporte. Y en las últimas semanas, los gobiernos occidentales han expresado su preocupación de que Rusia esté amplificando su apoyo militar a los grupos separatistas del este de Ucrania. Moscú, que no oculta su simpatía con los rebeldes ucranios, niega que les pase armas y, sobre todo, que les haya entregado la lanzadera de misiles Buk con la que Estados Unidos cree que fue derribado el avión comercial malasio. Todavía no hay pruebas contundentes de quiénes en realidad dispararon el misil que causó la tragedia, pero Occidente está convencido de que fueron los separatistas, por más que estos lo nieguen y que el Kremlin pida que muestren las fotos de los satélites estadounidenses que lo prueben. Por lo pronto, Estados Unidos reforzó sus sanciones económicas contra Rusia.
Al anunciar las medidas en Washington, el presidente Barack Obama dijo que las mismas apuntan a la economía de Rusia, pero negó acusaciones respecto a una nueva guerra fría. Obama sostuvo: “Si Rusia continúa su línea actual, el costo para Rusia continuará aumentando. Hoy se trata de un recordatorio de que Estados Unidos habla en serio al afirmar que vamos a reunir a la comunidad internacional para defender los derechos y la libertad de las personas de todo el mundo. Hoy, sobre la base de las medidas que anunciamos hace dos semanas, Estados Unidos impone nuevas sanciones a sectores clave de la economía, la energía, las armas y las finanzas rusas. No se trata de otra guerra fría. Se trata de un asunto muy específico vinculado a la negativa de Rusia de reconocer que Ucrania puede trazar su propio camino”.

“Hay algo que es inevitable: la investigación va a estar completamente politizada. ¿Sabremos algún día qué pasó?”

Frente a este panorama, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha firmado un decreto para prohibir o restringir la entrada de los productos de los países que se han unido a la política de sanciones de Washington y Bruselas.
ALMA MAGAZINE: ¿Qué considera usted que debamos tener en cuenta sobre lo que sucedió con el avión comercial malasio?
STEPHEN COHEN: Ya he visto esto antes. Una función de la guerra fría son las víctimas inocentes. Las personas que murieron son las primeras víctimas de la nueva guerra fría, víctimas no residentes; porque las casi 300 personas fallecidas son de muchos países distintos. Este choque, esta forma en cómo fue derribado el avión, va a empeorar las cosas, sin importar quién lo hizo. Hay varias teorías posibles. No soy aficionado a las conspiraciones, pero sabemos que en la historia de la guerra fría hay provocaciones, personas que quieren agravar las cosas. Por lo tanto, en Moscú, y no sólo en Moscú, una teoría es que alguien quería que esto sucediera. No puedo imaginarme que alguien haya querido hacer esto, aunque no se puede descartar ninguna teoría. La otra posibilidad es que el gobierno de Ucrania tenga la capacidad de derribar aviones. Por cierto, el gobierno ucraniano derribó un avión de pasajeros ruso –creo que en 2001–, que viajaba de Tel Aviv a Siberia. Fue un accidente. La competencia es siempre un factor cuando se tienen esas armas. Otra posibilidad es que los rebeldes –los llamamos los separatistas, pero no eran separatistas en un principio, sólo querían gobernar en Ucrania– tengan la capacidad de hacer algo así. No obstante, hay un debate, porque este avión volaba a una altura propia de los vuelos comerciales. Entonces existe la posibilidad de que los rusos les hayan ayudado desde su territorio, pero yo descarto eso. Es que al fin de cuentas, cuando uno no sabe quién ha cometido un delito, la primera pregunta que un investigador profesional se hace es: “¿Quién tiene un motivo?”; y los rusos ciertamente no tenían ningún motivo. Esto es terrible para Vladímir Putin y para la posición rusa. Eso es lo que sabemos hasta ahora. Quizá más adelante sepamos más. Aunque puede ser que nunca sepamos quién hizo esto.

La violencia separatista, sólo uno de los problemas de Ucrania
Texto: Pavol Stracansky

El presidente electo, Petro Poroshenko, llega al cargo con una Ucrania en crisis. Parte de su territorio, Crimea, fue anexado por Rusia, los separatistas se levantaron en armas en el este del país, la economía está al borde del colapso y numerosos activistas y manifestantes que encabezaron el movimiento Maidan –que le allanó el camino al nuevo gobierno– sienten ira y confusión por muchas cosas que pasaron después de las protestas. Si bien la mayoría de los ucranianos coincide en que la primera prioridad del mandatario es la unificación del país y el cese del conflicto en el este, agregan que Poroshenko no debe ignorar los demás obstáculos que enfrenta Ucrania.
Antes de las protestas de Maidan –el nombre de la plaza de Kiev donde se congregaban los manifestantes–, muchos ucranianos sentían que la corrupción aquejaba sistemáticamente a instituciones como la presidencia, el parlamento, la función pública, el poder judicial y la policía. El nepotismo y el amiguismo se percibían como algo común. En su origen, el movimiento de protesta Maidan fue una reacción a la negativa del ex presidente Víktor Yanukovich a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE), un primer paso hacia la integración europea. Pero pronto se convirtió en una protesta más amplia contra el régimen y sus errores. Los manifestantes exigían el fin de la corrupción y medidas que mejoraran la economía en crisis.
Los analistas ven la victoria sorprendentemente sólida de Poroshenko como un reflejo de la demanda de cambio de los ucranianos, así como su esperanza en un gobierno que se ocupe de los problemas del país, además del apoyo hacia el candidato individual. Aunque también dicen que los ucranianos deben entender que el nuevo presidente por sí solo no podrá llevar a cabo el tipo de cambios que el país necesita. Algunas organizaciones no gubernamentales ya comenzaron a trabajar con el nuevo gobierno para ayudar en la redacción de leyes relacionadas con las reformas y aseguran que están viendo importantes progresos. Poroshenko dejó en claro que quiere asegurarse de que Ucrania firme el Acuerdo de Asociación con la UE que su predecesor rechazó. Sin embargo, muchos ucranianos están impacientes por ver algún tipo de mejora visible en sus vidas.
No obstante, los economistas no esperan que los habitantes, muchos de los cuales viven con un salario promedio de apenas 267 dólares, experimenten mejoras económicas en el futuro cercano. “Ucrania se enfrenta a algunos problemas económicos graves en los próximos meses y existe la posibilidad de que la recesión continúe. No estoy seguro de que mejore el nivel de vida de nadie en el futuro próximo. Al mismo tiempo creo que el gobierno aplicará reformas que ampliarán las oportunidades de crecimiento y desarrollo. Pero pasará un año más o menos antes de que los ucranianos promedio sientan la diferencia”, advirtió el analista económico Vasyl Yurchyshyn.
La violencia en los distritos orientales probablemente frene el progreso de las reformas. Aunque para la mayoría de la población la unificación del país y el cese del conflicto con los separatistas sean las principales prioridades de Poroshenko, los analistas dicen que concentrarse únicamente en estos dos problemas podría perjudicar las perspectivas de Ucrania. “Cuanto más tengan que concentrarse los ucranianos en Rusia, menos tiempo y energía tendrán para construir la nueva Ucrania. La cuestión clave es si la mayoría de los ucranianos querrá construir o luchar”, planteó el investigador Balazs Jarabik.

AM: Al respecto, la administración Obama ha ampliado las sanciones de Estados Unidos a Rusia. En declaraciones en la Casa Blanca, el presidente Barack Obama dijo que Rusia no ha abandonado el apoyo militar a los separatistas prorrusos.
S.C.: Las sanciones no vienen al caso. Obviamente, van a tener consecuencias económicas. Las corporaciones estadounidenses más grandes sacaron anuncios en los principales periódicos estadounidenses antes de que Obama hiciera esto, pidiéndole al presidente que no las llevara a cabo. Al restaurar las sanciones, Obama nos recuerda que él no tiene una política frente a Ucrania o a Rusia que sea distinta a culpar a Putin. Esa no es una política, esa es su actitud. Ucrania está siendo apoyada en un 150% por la Casa Blanca. Todos los días, la Casa Blanca y el Departamento de Estado aprueban lo que hace Kiev. Sin embargo, no sabemos cuántos civiles inocentes, mujeres y niños han muerto. Sabemos que hay probablemente cientos de miles de refugiados que se han desplazado de ciudades como Donetsk, Luhansk, Kramatorsk y Slovyansk; toda una serie de ciudades cuyos nombres no son familiares para los norteamericanos. Los estadounidenses no saben nada de esto. En igual medida, sabemos algo acerca de lo que está ocurriendo en Gaza, y la opinión de los estadounidenses está dividida: que los israelíes deben hacer esto, que los israelíes no deberían hacer aquello. Pero sabemos que hay víctimas: las vemos. A veces los medios de comunicación sancionan a un periodista, que muestra esta violencia muy claramente, porque desafía nuestra percepción de qué es lo bueno y qué es lo malo. Pero no nos han mostrado nada de lo que ha ocurrido en estas ciudades ucranianas, en estas ciudades del este de Ucrania. ¿Por qué esto es importante? Porque esta aerolínea malasia, este ataque, sucedió en un contexto. Los medios de comunicación de Estados Unidos dicen que tuvieron que realizarlo los chicos malos; es decir, los rebeldes, porque ya han derribado otros aviones. Esto es cierto, pero los aviones que han estado derribando son aviones militares de combate de Ucrania que bombardean a mujeres y niños en estas ciudades. Eso no se sabe.
AM: En los medios corporativos se ha dicho que este avión tenía una ruta inusual, que había ido más al sur, y se pensó que era un avión militar ucraniano.
S.C.: Pero lo que es absurdo es que el primer ministro de Malasia salga a decirnos que su gobierno resolverá este misterio, cuando todavía no puede encontrar su avión de pasajeros desaparecidos. Esto es absolutamente absurdo. Pero hay algo que es inevitable: la investigación va a estar completamente politizada. ¿Sabremos algún día qué pasó? Sin embargo, esto se remonta a lo mismo: ésta es una zona de guerra. Ha sido una zona de guerra, una zona de guerra en el aire, por lo menos durante un mes. Los estadounidenses no saben eso.
AM: En relación a este punto, debido a lo que ha estado sucediendo en Siria, en Irak, y ahora con respecto a los ataques israelíes en Gaza, es casi como si la cobertura de lo que está ocurriendo en Ucrania se hubiera disminuido en los medios de comunicación de este país, aunque sabemos que tendrá más impacto a largo plazo para Estados Unidos.
S.C.: No quiero dar prioridades a la muerte; o sea, no tenemos que decir que una muerte es peor o mejor que la otra. En realidad, es algo similar a si se le pide a un historiador que precise en qué medida el conflicto en Medio Oriente, incluyendo Irak, va a afectar a la política regional; lo mismo ocurre con respecto al conflicto en Ucrania: ¿va a afectar esto a la política mundial? En un punto, ¿ahora estamos en una nueva guerra fría con Rusia? Una característica de la guerra fría son las muertes civiles. Es claro que esto se va a poner peor y nos acerca a una guerra entre Rusia y Occidente, la OTAN y Estados Unidos. Por lo tanto, si uno se pregunta qué es más importante… Los rusos tienen un dicho: “¿Qué es peor? Y la respuesta es: ambos son lo peor”. Todos los escenarios son lo peor. Pero si usted me pregunta: “¿Cuál va a impactar a nuestros nietos?”. La respuesta es: “Lo que está sucediendo en este momento en Ucrania”.


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