STEPHEN HEPPELL: DEBEMOS PREPARAR A LOS ESTUDIANTES PARA LO INESPERADO

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El profesor de la Universidad de Bournemouth Stephen Heppell es uno de los más importantes investigadores en materia de educación, con más de tres décadas de trabajo a sus espaldas, y muchos lo conocen como “el hombre que puso la ‘C’ de ‘comunicación’ en las TIC”. Su modelo de enseñanza prioriza los proyectos en los que el alumno adopta un lugar privilegiado. Este experto mundial en innovación educativa opina sobre el papel de familias, niños y profesores, y sobre cómo mejorar el aprendizaje.

Texto: Tiching / Fotos: Jack Staples / Mark Anderson

Jerarquía. El profesor británico Stephen Heppell es uno de los más destacados investigadores en innovación educativa.

Jerarquía. El profesor británico Stephen Heppell es uno de los más destacados investigadores en innovación educativa.

Al británico Stephen Heppell, presidente de New Media Environments, Universidad de Bournemouth (Reino Unido), se le conoce como el hombre que puso la ‘C’ de comunicación a las Tecnologías de la Información (TIC). A lo largo de todos los años de su trayectoria profesional, su objetivo ha sido mejorar el proceso de aprendizaje y, para ello, considera imprescindible que “los niños estén más involucrados en mejorar su forma de aprender”.

Algunas de las frases que se han publicado para definir a Stephen Heppell son: “El mayor experto en educación online de Europa” (Microsoft). “El académico más influyente en los últimos años en el campo de la tecnología y la educación” (Departamento de Educación y Habilidades de Reino Unido). “Es un buen samaritano digital que ayuda a que la gente corriente se adentre en la era internet, con su aspecto de Santa Claus, con esa mirada de ojos azules centelleantes y su poblada barba” (The Wall Street Journal). “Podría ser un hombre muy rico debido a su visión única, pero ha decidido que prefiere ayudar a los niños y a los padres a sacar el máximo provecho de las TIC y de la educación” (European Wall Street Journal).

ALMA MAGAZINE: Nos enfrentamos a un futuro profesional incierto, ¿cree que el sistema educativo está preparando a los estudiantes para ello?

STEPHEN HEPPELL: La incertidumbre sobre las profesiones del futuro siempre ha existido, pero la diferencia es que en la actualidad las condiciones de la mayoría de puestos de trabajo cambian muy rápidamente. Sin embargo, en las escuelas siempre se hace lo mismo; no estamos preparando a los estudiantes para acceder a un mundo profesional lleno de situaciones inesperadas.

“En este milenio debemos acoger las nuevas tecnologías y analizar cómo podemos utilizarlas en clase desde un primer momento.”

AM: ¿Cómo deberíamos preparar a los estudiantes?

S.H.: Mediante sorpresas. Actualmente los alumnos van a la escuela y siguen un horario durante todo el año, se sientan en el mismo sitio y estudian siempre las mismas materias. La rutina no ayuda. Si sorprendemos a nuestros estudiantes, veremos cómo nos asombran con su capacidad de hacer frente a lo inesperado. Debemos sorprenderlos y retarlos. Los niños deben estar más involucrados en mejorar su forma de aprender. No se trata de que hagan lo que quieran sino de animarles a investigar buenas ideas de otras personas y que piensen cuáles podrían funcionar en su escuela.

AM: ¿Cuál sería la forma para que un docente pueda aplicar estas sorpresas dentro del aula?

S.H.: En primer lugar es importante que los docentes se doten de ideas para probar nuevos métodos. Esta es una práctica muy positiva que muchos docentes ya están llevando a cabo mediante el intercambio de experiencias. Otro método útil sería modificar a menudo el horario escolar o utilizar el aprendizaje basado en proyectos.

AM: ¿En qué punto esto sería un beneficio?

S.H.: El aprendizaje basado en proyectos permite retar a los estudiantes a resolver un problema difícil, a partir del cual siguen aprendiendo matemáticas, literatura o ciencias pero aplicando los conocimientos en la resolución de un caso práctico. Y estas situaciones se convierten en factores sorpresa. Otra fórmula para sorprender es otorgándoles autonomía.

AM: ¿Dejándoles decidir?

S.H.: Permitiendo que los estudiantes gestionen la manera en que utilizan el espacio del aula para desarrollar el trabajo que el docente les ha encomendado, empoderándolos para ser más autónomos. La dificultad está en que los alumnos están acostumbrados a que los docentes les digan qué deben hacer en cada momento.

AM: ¿Cuál es el cometido de la sorpresa en la enseñanza?

educarS.H.: Los niños, más que ser creativos e imaginativos, tienen que saber resolver problemas, colaborando entre ellos mismos, y por eso hay que crear capacidad de sorpresa, algo que no se hace muy a menudo. Si llegas a un examen y lo que dicen es: “Espero no encontrarme con ninguna sorpresa”, estamos haciendo lo peor porque no les estamos preparando para un mundo lleno de sorpresas que no podemos anticipar. Una manera de atajar ese problema es, por ejemplo, proponiendo proyectos a largo plazo que trasciendan la habitual división del tiempo de los alumnos. Están acostumbrados a exámenes semanales, obras de teatro mensuales, asignaturas trimestrales… Los proyectos a largo plazo con un reconocimiento que no es inmediato también pueden enseñar que el trabajo da frutos que no tienen por qué disfrutarse mañana.

AM: A menudo menciona que el estudiante debe ser el protagonista de su propio aprendizaje. ¿A qué se refiere?

S.H.: Históricamente hemos intentando construir el aprendizaje centrándonos en los alumnos de manera individual, pero esto ha derivado en un plan de estudio muy individualista y egoísta. Actualmente queremos que los estudiantes trabajen de manera conjunta y una forma de conseguirlo es permitiéndoles ser dueños de la mejora de su propio aprendizaje.

AM: ¿Qué ventajas se pueden conseguir con este cambio de modelo?

S.H.: Hay muchos estudiantes con grandes ideas que pueden mejorar la educación. No les pedimos sus opiniones, sino que lo que queremos es que investiguen para saber cómo podemos organizar la escuela, cómo mejorar la lectura en clase basándonos en cómo leen en casa… Cuando les involucramos en la investigación para mejorar su aprendizaje, les convertimos en profesionales reflexivos; se sienten dueños de lo que está pasando y pueden apreciar y entender lo que hacen sus profesores desde un punto de vista profesional.

AM: Muy interesante…

S.H.: Hay muchos niños en el mundo que ven cómo su educación mejora día a día y cómo adquieren más autonomía. Desde la escuela debemos motivar a los estudiantes para que se ayuden unos a otros, que quieran enseñar y ser enseñados. Debemos fomentar el trabajo colaborativo.

AM: En un mundo cada vez más tecnológico, ¿cuál debería ser el rol de las nuevas tecnologías en el proceso de aprendizaje?

S.H.: Deben fomentar la curiosidad en la mente de los niños para que sientan interés para inventar la tecnología del mañana. La educación ha prohibido tradicionalmente cualquier tipo de nueva herramienta tecnológica hasta no entender su utilidad. Y creo que en este milenio debemos acoger las nuevas tecnologías y analizar cómo podemos utilizarlas en clase desde un primer momento.

AM: Fomentar la curiosidad y ser útiles.

S.H.: Efectivamente. La tecnología también debe ayudar a los estudiantes a sentirse seducidos por el aprendizaje y a disfrutar de la educación. Además, debe jugar un papel muy importante a la hora de buscar el efecto sorpresa que he comentado anteriormente.

AM: En este contexto educativo de sorpresas, seducción y liderazgo por parte de los alumnos, ¿cómo deben involucrarse los docentes?

S.H.: Es esencial que los profesores conozcan en profundidad la materia que imparten, pero es más importante que sientan pasión por su trabajo. Además, es fundamental que sean diferentes para que los estudiantes puedan disfrutar de su diversidad. Es un buen indicador que los docentes sean excéntricos e inusuales. A su vez, deben continuar siendo profesionales del aprendizaje y al igual que los estudiantes deben estar en un estado de práctica reflexiva. Quizá en la actualidad también se considera necesario el análisis de datos, no prestamos suficiente atención a la información compleja que tenemos o deberíamos tener sobre el proceso de aprendizaje. ¿Cuánto tiempo están los estudiantes en clase?, ¿cuánto tiempo se desperdicia en una jornada partida?, ¿están disfrutando con su aprendizaje?, ¿qué comida es mejor antes de un examen?, ¿qué profesor es mejor en qué temas?… Tenemos que ser analíticos con el arte de la enseñanza. Y, finalmente, los docentes deben ser siempre aprendices. Si no se reciclan constantemente, no podrán seguir los avances de la educación.

AM: ¿Y qué papel debe jugar la familia en la educación?

S.H.: El entorno doméstico es muy importante. Los estudiantes tienen numerosos contextos familiares diferentes y pasan mucho más tiempo en casa que en la escuela. La mayoría de los padres (y los abuelos) quiere lo mejor para sus niños, pero no les hemos ayudado lo suficiente en este aspecto, por ejemplo, ¿cuál es la mejor forma de leerle a un niño? o ¿qué pueden hacer para que se diviertan con los números desde pequeños? Al igual que los niños son fundamentales para moverse hacia delante, también es esencial el papel de la familia y de la comunidad en general. Las personas deben querer que los niños tengan un futuro mejor y si involucramos más a nuestras familias y sus entornos, el aprendizaje será mejor y al mismo tiempo más económico.

“Los profesores y los niños se convertirán en las superestrellas del futuro.”

AM: Cambiando de tema, ¿cuál es su opinión respecto a los exámenes?

S.H.: Las pruebas tienen que ser mucho más sofisticadas y complejas, ya que si no estamos fomentando un grupo de niños que podrán manejar lo esperado, pero que estarán aterrorizados ante las sorpresas. Hicimos una investigación a partir de la cual vimos cómo los estudiantes son más ambiciosos que los propios planes de estudio al marcarse sus objetivos de aprendizaje. Asimismo, es importante que ayudemos a preparar a los estudiantes a afrontar un examen con éxito.

AM: ¿A qué tipo de ayuda se refiere?

stephen-heppellS.H.: Por ejemplo, asesorando sobre qué deben desayunar o ingerir antes de un examen; como si de deportistas se trataran. También mejorando el ambiente del aula en la que se realiza la prueba. En este sentido, hemos desarrollado una herramienta que puede ser muy útil, el “learnometer”.

AM: ¿En qué consiste?

S.H.: Hemos estado observando las condiciones ambientales en las aulas: el CO2, la temperatura, el nivel de luz, la humedad; y hemos analizado de forma científica los niveles óptimos para el aprendizaje. Por ejemplo, sabemos que la temperatura ideal de una clase está entre los 19º y los 21º. Y esto es igualmente aplicable a los espacios donde los niños hacen los deberes, que a menudo son muy oscuros y calurosos.

AM: ¿Cómo cree que será la educación en diez o veinte años?

S.H.: La educación será mucho más global. Viviremos en un mundo donde los niños trabajarán proyectos conjuntamente con estudiantes de otros países. Una de las implicaciones es que ya no tendremos planes de estudios nacionales, sino que serán globales. También entenderemos mucho más sobre aprendizaje, sobre cómo funciona el cerebro, sobre las condiciones óptimas de una clase… Y todos estos conocimientos cambiarán el modo en que enseñamos. Por último, los niños serán cada vez más dueños de su propia educación.

AM: Antes de finalizar, ¿le gustaría añadir algo más?

S.H.: Sí, me gustaría terminar diciendo que los profesores son lo más importante de la economía y los niños son la base de nuestro futuro, y creo que actualmente ambos están infravalorados. La sociedad cree que los niños siempre son problemáticos y que el trabajo del docente es muy sencillo. Sin embargo, esto es algo que cambiará, los profesores y los niños se convertirán en las superestrellas del futuro.


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