STEVE CARELL: PADRE DE FAMILIA

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Las últimas apariciones en la pantalla grande del genial comediante Steve Carell tienen poco de humor y mucho de drama. Así lo atestiguan las elogiadas Foxcatcher y The Big Short. Ahora de la mano de Woody Allen –con quien vuelve a rodar luego de más de una década–, en Café Society sencillamente demuestra la calidad de su trabajo. Además, ésta estrella de la comedia del tercer milenio supo convertirse en un padre ejemplar con la ayuda del amor de su vida. Retrato de un padre de familia.

Texto: Gonzalo Paz / Fotos: Jessy Wilson / Brandon Whang / Matt Gill

Es imposible odiar a los personajes que interpreta Steve Carell. Incluso aquel jefe déspota de la hilarante serie The Office, en el fondo era un hombre que buscaba –y de alguna manera u otra lo conseguía– ser aceptado por sus compañeros de trabajo. En persona, toda esa bondad y esa mirada casi nostálgica que les imprime a sus personajes se hacen palpables desde el minuto cero.

Su participación en Café Society se dio a último momento, ya que originalmente su papel estaba en manos de Bruce Willis.

Su participación en Café Society se dio a último momento, ya que originalmente su papel estaba en manos de Bruce Willis.

De caminar tranquilo y una amabilidad propia de un hombre de familia, el actor que protagoniza Café Society, la nueva comedia dramática de Woody Allen –que se estrenó en Cannes en mayo y que a mediados de julio llega a las salas de todo Estados Unidos–, se muestra más como una persona normal que como una súper estrella de Hollywood. Tal vez sea porque la fama le llegó siendo un hombre maduro, y entonces la actuación para él sea un empleo como cualquier otro.

Que el estrellato moldee su personalidad, no parece ser una opción para Steve Carell, menos a sus 53 años con una familia consolidada y una carrera que crece a la par. Nacido en 1962 como Steven John Carell en Massachusetts, su primer gran éxito actoral le llegó recién después de los 40. En 2005 firmó un contrato con la cadena NBC para protagonizar la versión estadounidense de The Office –un mockumentary que en la versión original, de Inglaterra, tuvo a Ricky Gervais como estrella principal–; allí Carell encarnó al mánager regional de una empresa dedicada al suministro de papel.

“Tener hijos es, por lejos, lo más importante que nos ha pasado a mi mujer y a mí.”

Aunque la primera temporada no fue del todo aceptada por la crítica, NBC apostó a renovarle el contrato confiando en que el éxito de 40 Years Old Virgin, estrenada ese mismo año, derivarían en un público ansioso por seguir viendo a Carell. No se equivocaron. En 2006 la serie fue un éxito y el actor ganó un Golden Globe por su papel. Ese mismo año, su actuación como tío atormentado de la adorable Olive (Abigail Kathleen Breslin) en Little Miss Sunshine fue el salto definitivo hacia la consideración definitiva de los mejores directores de Hollywood y la crítica especializada.

En los diez años que van desde aquel 2006 consagratorio a este 2016 que lo tiene actuando por segunda vez bajo la dirección de Woody Allen –la anterior había sido en Melinda and Melinda (2004)–, Carell imprimió su personalidad en decenas de películas –generalmente comedias y dramas– y hasta puso su voz a Gru, el personaje principal de Despicable Me, el megaéxito de animación de Illumination Entertainment y Universal Studios. Como muestra de versatilidad, fue nominado al Oscar como mejor actor por su rol en el drama biográfico Foxcatcher (2014) y por su participación en The Big Short (2015) casi se lleva un Globo de Oro.

Pero ninguna vida es exitosa sin el éxito familiar. Su carrera actoral encuentra en su familia el balance perfecto. Carell se casó en 1995 con Nancy Walls, la actriz con quien escribió últimamente la serie televisiva Angie Tribeca –que va por su segunda temporada– y a quien conoció durante las clases de improvisación actoral que él daba en Chicago. Hoy la familia se completa con dos hijos: Elisabeth Anne, de 15 años, y John, de 12.

ALMA MAGAZINE: ¿De qué manera se transformó su vida profesional desde que es padre?

STEVE CARELL: Cambió completamente. Nunca olvidaré mi primera audición después de que mi hija Elisabeth nació. Me fue realmente bien porque no me importaba el resultado. Antes de eso no había tenido mucho éxito en los castings, pero esa vez me lo tomé de otra manera. Sabía que no era algo de vida o muerte. Todo lo que quería era volver a casa a ver a mi hija recién nacida, eso transformó la perspectiva que tenía sobre mi carrera, sobre quién era yo y sobre el mundo en general. De pronto los pequeños problemas personales dejan de parecerte cruciales y te concentras en lo que realmente importa. Tener hijos es, por lejos, lo más importante que nos ha pasado a mi mujer y a mí.

AM: ¿Cómo logra que sus hijos no lo vean a usted como una estrella de cine sino como un padre?

S.C.: Mi trabajo no los condiciona de ningún modo. Siento que ellos están orgullosos de mí, pero sigo siendo su padre. Cuando vamos a lugares públicos, siempre se trata de que ellos la pasen bien y nos comportamos como una familia normal. Como padres tratamos de mostrarnos como una unidad, la comunicación es clave. Los chicos siempre van a querer manipularte para conseguir lo que quieren, les gusta eso de ir a preguntar una cosa a uno y después a otro para ver quién les responde lo que quieren escuchar.

“Suelen preguntarme cuál es la clave para que un matrimonio funcione: no hay secretos, creo que es cuestión de suerte. Y yo la tuve.”

AM: ¿Qué es lo más difícil de ser padre?

S.C.: Creo que un poco tiene que ver con no sucumbir a su ternura todo el tiempo. Eso puede sentar un precedente peligroso, estás tan enamorado de tus hijos que harías cualquier cosa por ellos, pero no necesariamente eso es lo mejor. Es un equilibrio que hay que lograr.

AM: Ahora que su hija mayor es adolescente y su hijo está a punto de serlo, los desafíos deben ser otros…

S.C.: Seguro, ahora intentamos no sobreprotegerlos, pero sabiendo que tenemos que estar presentes. Es una etapa donde ellos tienen muchas preguntas y muchas inquietudes.

AM: Podría decirse que encontró en su mujer una socia ideal.

S.C.: Supe desde un comienzo que ella era la indicada. Nunca voy a olvidar el momento en el que estuve parado en el altar y la vi entrando a la iglesia. De inmediato me invadió una sensación de calma que nunca había experimentado. Fue saber, aunque de una forma etérea y abstracta, que todo iba a estar bien y que yo iba a salir fortalecido de tenerla a ella como compañera cuidándonos las espaldas mutuamente. Me hizo sentir fuerte, fue eso, simplemente.

AM: ¿Recuerda cómo fue la primera vez que la vio?

S.C.: Sí, claro. Ella asistía a mis clases de improvisación, y fue como si llenara todas las opciones de un formulario: era hermosa, inteligente y muy graciosa. Sin embargo, pensé que ella un poco me odiaba o algo así, porque era muy callada y casi no me dirigía la palabra. Después me confesó que era porque la situación la ponía igual de nerviosa que a mí y trataba de que no se notara.

AM: ¿Qué lugar ocupa el humor dentro de la pareja y la familia?

S.C.: Yo no solía compartir el mismo sentido del humor con mis padres y mis hermanos, pero definitivamente lo comparto con mi esposa. Por cierto, ella es mucho más graciosa que yo. Actualmente escribimos guiones juntos y hace más de 20 años que estamos casados. La gente suele preguntarme cuál es la clave para que un matrimonio funcione: no hay secretos, creo que es cuestión de suerte. Y yo la tuve.

AM: Si tuviera que definir qué es lo mejor y lo peor del matrimonio…

S.C.: Lo mejor es tener una unión con la persona que amas y proteges, y saber que eso es recíproco. Lo peor… decidir qué cenar. (Risas) A ella le gustan las sopas y las ensaladas; yo prefiero comer carne con papas todos los días.

AM: ¿Ha llevado a sus hijos a ver sus películas?

S.C.: Sólo si son aptas para su edad. Fuimos a ver Despicable Me y sus secuelas. Cuando fui a ver la primera película con mi familia, mis hijos no hacían más que hablar de los minion. Me siento orgulloso de tener un papel en esta saga de películas, porque esos bichos son lo más parecido a los hermanos Marx que tenemos hoy en día. Son graciosos, violentos y adorables a la vez, y puedes ver sus gags repetirse todo el tiempo. Cuando leí el guión por primera vez, no tenía ni idea de qué pinta iban a tener, y creo que el diseño final fue un golpe de genialidad: no tienes más que verlos, y ya te caen bien.

AM: ¿Le resultó particularmente difícil trabajar en una película animada?

S.C.: A decir verdad, no hay nada especialmente difícil en hacer animación. Es sencillo, divertido y, sobre todo, libre. Llegas al estudio, recitas el guión con todas las variaciones posibles para cada línea, y todo ello sin ver a nadie ni interactuar con nadie. La única dificultad es hacer que tu voz suene a la de una persona, no a la de alguien que lee líneas en un papel. Pero, básicamente, es pura diversión.

AM: ¿Nota que una película como Foxcatcher le abrió nuevas puertas, por fuera de la comedia?

S.C.: Sí, sin dudas. Pero lo más importante fue sentirme cómodo en una película tan intensa, y poder trabajar con un director como Bennett Miller. Fue una película mucho más oscura que cualquier cosa que haya hecho antes y la experiencia fue increíble.

Soy lo que soy. “No soy bromista, no soy el alma de la fiesta ni era el payaso de la clase de pequeño”, admitió el actor.

Soy lo que soy. “No soy bromista, no soy el alma de la fiesta ni era el payaso de la clase de pequeño”, admitió el actor.

AM: ¿Temía en algún momento que al interpretar papeles serios, el público no los acepte bien y acabe encasillándolo en roles cómicos?

S.C.: No, en absoluto. Me siento tan agradecido de tener trabajo que aunque me limitasen a papeles cómicos seguiría considerándome extremadamente afortunado.

AM: ¿Considera que la comedia está pasando por un buen momento?

S.C.: Si me pongo a soltar alabanzas a la comedia, voy a sonar pretencioso. Siento que es un género en mutación perpetua. Ahora mismo, por ejemplo, las intérpretes femeninas están en alza, con gente como Tina Fey, Amy Poehler y Melissa McCarthy. Ellas están creando personajes e historias muy buenas y diferentes. Siempre es bueno que surjan voces nuevas. Por otro lado, debo admitir que la comedia tiene un lugar en el mundo. Hablando desde mi propia experiencia, es un alivio cuando regreso a casa y encuentro algo que puede hacerme reír al final de la jornada. Eso supone un desahogo momentáneo para días que, a veces, pueden hacerse muy estresantes.

AM: Existe la idea de que los actores son extrovertidos por naturaleza, pero con usted no parece el caso. Se lo ve como a una persona tranquila.

“Si me pongo a soltar alabanzas a la comedia, voy a sonar pretencioso. Siento que es un género en mutación perpetua.”

S.C.: Siempre fui muy tímido. No era de los que tendían a mostrarse. Sí, practicaba muchos deportes, aunque también me gustaba estar en obras de teatro y hacer cosas así. Sin embargo, en la vida cotidiana no me gustaba estar expuesto. Disfrutaba mucho con la gente graciosa, me gustaba reír, pero no era el centro de atención.

AM: ¿El hecho de estudiar improvisación le dio más confianza para fortalecer su forma de ser?

S.C.: En el escenario sí, pero, repito, yo reservaba todo eso para el trabajo. Me parece desubicado cuando alguien tiene la propensión a actuar todo el tiempo y la idea de tener una forma de ser determinada como individuo, ya sea en el escenario o no, frente a cámara o no, y no hacer una diferencia entre los dos. Además, me resultaría agotador ser de esa manera todo el tiempo.

AM: ¿Cómo describiría su personalidad hoy?

S.C.: En gran medida soy el mismo. No soy muy gregario, pero tampoco soy extremadamente tímido. Creo que simplemente me ubico dentro del rango normal. Es un esfuerzo, igual, dejar atrás el sentimiento de timidez. No se puede ser muy tímido en una entrevista, pero tiendo a ser reservado en otros momentos.

AM: ¿Qué recuerdos tiene de su paso por la serie The Office? Claramente ese fue el papel que le hizo ganar notoriedad.

S.C.: Pienso que ha sido una grandísima ayuda a mi carrera, es algo que me encantó hacer. Estoy muy orgulloso de la serie que logramos, el reparto y los guionistas eran de primer nivel. Y sí, sé que debo gran parte de mi éxito actual a mi participación en esa serie. Por eso no puedo más que estar agradecido y recordarla con cariño.

AM: Antes de eso, usted había trabajado en avisos comerciales. ¿Qué fue lo más bizarro que hizo?

S.C.: Realicé un aviso de la hamburguesa triple de McDonald’s, en el que tenía tres brazos, y cada brazo sostenía una hamburguesa triple. Ese era el gancho. Entonces, yo tenía a ese tipo atrás que usaba su brazo para ayudarme, junto con los míos. ¡Tenía tres brazos! Fue fantástico. No estoy diciendo que no fuera un comercial fantástico, pero ese día me comí un montón de hamburguesas triples. Creo que no he comido otra desde entonces.


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