STREET ART EN AMERICA LATINA: MANCHAS QUE HABLAN

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EL STREET ART SE EXTIENDE POR LAS CIUDADES DE AMERICA LATINA BAJO UN MISMO ESPIRITU, COLORES Y TECNICAS, CON EL OBJETIVO DE PLASMAR LAS DISTINTAS REALIDADES QUE VIVE EL CONTINENTE. SU REBELDIA SE INFILTRA EN MUSEOS, GALERIAS Y DEMAS CIRCUITOS COMERCIALES, AVIDOS DE UNA TENDENCIA CONSOLIDADA A NIVEL GLOBAL.

Texto: Federico Lisica

Veggie

Una creación de Veggie.

Las nubes procuran volverse lluvia. Feder y Valen cargan con enormes planchas de metal y algunos aerosoles de pintura. La premisa es dejarle un homenaje a The Ramones, vieja gloria punk nacida en los 70 en Nueva York, más precisamente en Queens. Pero éste no es uno de los cinco barrios de la gran manzana, sino Burzaco (en las afueras de la ciudad de Buenos Aires). De hecho, a esta pareja se los conoce en el círculo de street art como “Burzaco Stencil” más que por su nombre de pila. Ni el aguacero, ni los kilómetros, ni los años van a impedir que la tapa del debut de The Ramones con los cuatro punks de mirada juguetona y amenazante sea grabada a tamaño real en un lote abandonado. Sólo hay que pasar algunos matorrales y la pared grisácea aparece. “Va a ser un trabajo de algunas horas”, adelantan. Ni bien quedan eternizadas en el muro la pelvis y el jean de Joey Ramone, se escucha un grito: “¿Qué hacen pintando acá? Váyanse”. Con algunas palabras logran calmarse los ánimos. Mientras se emprende la retirada, con la frustración entre los dientes, otra voz surge. “Vuelvan chicos, terminen su trabajo. Mi hijo no sabía lo que estaban haciendo.” Una señora de unos sesenta años, al parecer amante del stencil, da el visto bueno para que la obra quede registrada en la pared del fondo de su casa.

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Vomito Attack.

La decisión final es la de volver al taller. “No vaya a ser cosa que enemistemos a madre e hijo”, dicen, entre risas, Feder y Valen. Una sola estampa de las miles que se suceden e ilustran las calles de América Latina. Puede ser en Buenos Aires, San Pablo, Santiago de Chile, Cali u Oaxaca. El street art –término generalizador que abarca graffi tis, murales, tags y demás acciones estéticas en la urbe– dejó de ser un pasaporte de Nueva York, Londres o Berlín, para confi gurar de forma colorida la realidad y el imaginario de los entornos de cemento de todo el continente latinoamericano. “Puede ser con humor inocente, crítico o simplemente algo lúdico, pero usar el espacio colectivo siempre es un acto político. Una verdadera intervención urbana propone un cambio de orden, se opone a la ceguera urbana causada por lo cotidiano. Y el arte en la calle no sólo está creciendo en Latinoamérica, esto sucede en todo el mundo”, explica Alexandre Orion, reconocido artista brasileño que vive y representa a San Pablo, una de las ciudades con mayor acogida en este tipo de expresiones. Su particularidad es la de tomar fotografías de pintadas que realizó previamente y en la que los transeúntes interactúan con su trabajo. Así lo explica: “Imagino una situación posible antes de pintar la pared. Aunque la espera del instante de encuentro es lo más importante. Si antes todo fue planeado, de ahí en más puede suceder cualquier cosa. La espontaneidad de la gente traza una información faltante: un periódico en la mano, un tipo de vestimenta, un gesto. Y el resultado siempre es mejor de lo pensado. No hay nada montado ni manipulado, están allí delante de la cámara”.

PINTANDO MI ALDEA

Alto Contraste

Paredes coloridas. Se luce Alto Contraste.

A la debacle económica, político y social de 2001 en la Argentina, le siguió una explosión de voces inconformistas que cubrieron su ciudad capital, pero también se dieron en lugares del interior plasmando los decires y dolores de una época convulsionada. “Caía el gobierno de Fernando De la Rúa y el aire que se respiraba estaba convulsionado a través de los cacerolazos y las asambleas populares. Todos estábamos con una actitud movilizadora. Y esta herramienta era ideal para expresarse”, dicen armando la frase los dos integrantes de Burzaco Stencil. “Y sí, en esa época no había otro lugar para decir cosas más que en la calle. Las ideas a mostrar la instauraron como medio de comunicación, y lo más importante es que los jóvenes ya la tienen como propia”, opina Boris de Vómito Attack, quien llegó a Buenos Aires de Nueva York algún tiempo después del 11-S y sentía la necesidad de manifestarse “como un vómito, justamente, y el stencil era lo más práctico para hacerlo”.

Doma

Doma.

Tester, del grupo Run Don’t Walk, determina: “En toda revuelta las paredes fueron las que hablaron”. El paulista Alexandre Orion adscribe a esta línea de pensamiento: “En América Latina, el arte siempre ha tenido un fuerte contenido social y político. Nuestra historia, empezando por las colonizaciones hasta las dictaduras, nos aproxima. Tenemos muchas más semejanzas que diferencias”. Es ahí donde el street art latino sobresale al de otras partes del globo: su originalidad cruda, más que lamento, es un deseo a fuerza de todo contexto. “San Pablo es una ciudad plural y compleja, llena de contrastes extremos, entre la miseria y la riqueza, con su naturaleza y la polución, lo bello y el abandono. Por ser una de las mayores capitales comerciales del tercer mundo, los problemas de San Pablo se presentan de forma más constante y dura. Eso me afecta, inevitablemente, a mí y a mis trabajos. De alguna manera, le devuelvo lo que me da. A veces es un juego de escape para el día a día. Pero en la mayoría, le recuerdo a la gente lo que trata de olvidar.” Chicos con armas, ángeles, parapoliciales, motos y calaveras se intercalan en el vaivén citadino que propone Orion. En Colombia, por su parte, surgió Popular de Lujo, iniciativa que busca proteger y estimular a través de miles de miradas gráficas el capital cultural y popular de Bogotá. “Sabemos que vivimos en una ciudad compleja, híbrida y temperamental, a veces siniestra, pero encantadora al fi n de cuentas y llena de carácter. Popular de Lujo es un ejercicio de reconocimiento de lo bogotano y de celebración de nuestras singularidades”, afi rman. Se trata entonces de captar en imágenes, situaciones, objetos y lugares ordinarios que se han vuelto invisibles para los habitantes de la ciudad. “Un menú del día, una cartilla cristiana o una tabla de buseta, no nos dice tanto sobre el almuerzo, sobre Cristo o sobre la ruta, como nos dice sobre nosotros.” Más al norte, en México, la muestra “Las calles están diciendo cosas” girará hasta 2009 por todo el país instruyendo con ánimo federal el trabajo de artistas de Mexicali, Puebla, Querétaro, Chihuahua o el Distrito Federal.

Run Don t Walk

Run Don´t Walk presenta una obra con elementos infantiles.

Conjugan pintadas, música, conferencias y talleres. Los lemas de los trabajos son elocuentes de los pesares y aspiraciones de la región: libertad, conciencia y sueños. Evolución es la palabra que defi ne el hacer actual del street art, nacido de la superposición de manchones que son escuelas y culturas –donde se encuentran Diego Rivera, el hip hop, el punk, Andy Warhol, las pinturas rupestres, el surrealismo, la publicidad y más–, para reponerlos con un sin fi n de formatos que se refieren al acontecer diario en una metrópoli. “La mirada propia del street art hace algún tiempo en Buenos Aires era más fuerte porque no se veía tanto. Luego se masificó y pasó a ser parte del entorno. Desde lo visual para quien observaba, hasta para quienes lo producían”, sintetiza Mariano, uno de los integrantes del grupo Doma; quienes irrumpieron a finales de la pasada década con sus trabajos, y en cierta medida, son reconocidos por haber encendido la mecha en la capital argentina. “Hoy día, con el street art buscamos darle un nuevo aire estético a la ciudad, pero la técnica usada varía en cada artista”, remarca Matías, otro de los integrantes del grupo. Por otro lado, las intervenciones en murales aportan un dato más para entender el fortalecimiento del street art: el trabajo colectivo.

Grupo Burzaco Stencil

Una producción del grupo Burzaco Stencil, que se dedica a expresar su arte en los suburbios del sur de Buenos Aires, Argentina.

Donde lo cooperativo surge de pintar con otra persona más allá de las diferencias estilísticas. “Se relaciona con jugar con lo que otro ya pintó, establecer una suerte de diálogo. Porque, finalmente, pintar en la calle te hermana”, explican desde Run Don´t Walk. Alexandre Orion cree que el trabajo de los artistas gráfi cos en la calle debería ser similar al de los científi cos. “Ellos parten del conocimiento acumulado por la humanidad para desarrollar nuevas teorías, prácticas, tecnologías, y medicamentos. Yo no pretendo ser diferente de otros, apenas me asiento sobre aquello que la historia del arte ofrece, y que sirve para apuntar en distintas direcciones. Tengo grandes amigos e influencias de arte en la calle dentro y fuera de San Pablo. Estaremos lejos pero unidos por la misma manera de pensar el mundo.” No es raro entonces que esa comunión pueda trascender barreras limítrofes. “¿En qué se parecen Bogotá y México? ¿Qué papel ocupa lo mexicano en nuestra vida cotidiana?

Andres Hutchings

Andrés Hutchings.

¿No esperábamos ansiosos la siguiente aventura de Kalimán y del Chapulín? ¿No rompimos la piñata en algún cumpleaños? ¿Cierto bolero no expresó al pie de la letra ese sentimiento de amor que nos hinchaba el pecho? ¿Cierta ranchera no resultó ser la viva imagen de nuestro despecho? ¿No nos despiertan a trompetazo limpio cada tanto?” Así presentan en Popular de Lujo su convocatoria de 365 días al año de obras que ahonden sobre “esas relaciones que hacen trizas las fronteras oficiales”. El lazo necesario, además de la pintura –en este y otros casos– es internet. Queda lugar para la elección de un mote. En estos artistas –que pululan por escuelas de diseño, galerías y la calle– es casi una norma la utilización de seudónimos. Puede ser por la persecución policial –la mayoría de las veces realizan su trabajo de forma ilegal–, pero también por una búsqueda identitaria. “Tal vez te llames Diego Gómez, y si trabajas en un estudio de diseño tienes que hacer una lata de cerezas para un cliente, y en ocasiones encuentras tu verdadero yo en un alterego”, sugiere Leplancton, miembro de Design-Politics de Santiago de Chile. “Queremos que esto diversifi que a otros terrenos como la sociología o mismo el periodismo”, invitan. Si Jean-Michel Basquiat firmaba sus graffitis en la Nueva York de los 80 como SAMO (Same old shit), Metabiótica es el término elegido por Alexandre Orion para denominar a sus “documentos fotoperiodísticos”.

CUESTION DE ESPACIOS

Studio Hush

Studio Hush.

La masificación del street art y su acceso al circuito de galerías, al campo de la publicidad y los museos, sigue siendo un tópico urticante para los realizadores de una práctica que surge de la necesidad de expresarse. La industria publicitaria, siempre en búsqueda de lo nuevo, encontró en el street art un fusible a su talla, a tal nivel que ya se habla de street branding como una nueva práctica del campo. “El mercado del arte, como otros mercados, se basa en la existencia de bienes de cambio. Y el street art, en cuanto objeto, no es tal. En cambio, su marginalidad genera una mística en relación a su proceso creativo que vuelve el hecho en sí (el momento en el que la obra se lleva a cabo) un bien de cambio en cuanto a performance. Los museos y demás espacios ofi ciales siguen gestionados como una especie de Greenpeace de las artes, y no ven en el street art una disciplina o técnica digna de ser conservada, o en peligro alguno de extinción”, clarifica Emilio Miler de la galería de dibujo contemporáneo porteña Sapo. Pese a esto, a lo largo de este año, la Tate Modern londinense está realizando una muestra sobre street art (la primera en una galería de este tipo) con la presencia de Nunca y Os Gemeos, ambos de San Pablo.

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Popular de Lujo.

Algún tiempo atrás, Swoon –una de las artistas más reconocidas del street art a nivel mundial junto a Banksy, Blek Le rat, Blu y Miss Van– vivió en carne propia los debates sobre la comercialización de su expresión. Mejor dicho, en sus trabajos. Por venderle obras al MoMA, algunos artistas optaron por responderle marcando sus trabajos en la calle con la inscripción “Vendido al MoMA”. “El poder del capital define los territorios de la ciudad y el perfil de sus habitantes, crea fronteras entre periferia y centro. No todos son bienvenidos al espacio de lo público, así como no todos son bienvenidos a galerías y museos. Por más que nos digan lo contrario. Mi trabajo se completa exactamente en el tránsito entre la calle y el museo, el museo y la calle. Estar `entre´ el mundo real de las galerías lo tomo como el desafío más serio del artista contemporáneo”, piensa Orion. Incluso Doma, ya reconocidos por sus trabajos como diseñadores, toman sus recaudos: “Utilizar nuestros recursos para trabajar a nivel comercial; ése es un tema bastante confl ictivo. Sé que no estoy vendiendo mi arte. Yo estoy utilizando una técnica por la que me contrata alguien de una agencia. En un caso con una campaña les dimos trabajo a quince personas. Y está buenísimo”, asegura Orilo. “Hicimos cosas con Nickelodeon y MTV.

Artista Pum Pum

Obra de la artista Pum Pum.

Pero ahí no fuimos a vender nuestro street art”, señala Matías. Es que el street art parece infiltrar todos los sentidos. Por eso no es tan raro que mientras en Colombia un corazoncito bogotano señale que “el querer es un poder”, en un mural del barrio de Palermo en Buenos Aires –tierno, colorido y pop– los integrantes de Doma escucharon, mientras pintaban unos enormes muñecos, a un niño que decía: “Papá, esto es el futuro”

SITIOS RECOMENDADOS

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WWW.POPULARDELUJO.COM

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LASCALLESESTANDICIENDOCOSAS.BLOGSPOT.COM


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