SVETLANA ALEKSIÉVICH: LA NOBEL DE LOS QUE NO TIENEN VOZ

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La escritora y periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich ganó en octubre pasado el Premio Nobel de Literatura. Después de 28 años una representante de la literatura rusa se llevó el galardón más importante de este ámbito. Según el jurado sueco, su obra es un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo. Además, es la primera vez que el Nobel de Literatura reconoce un género como el reportaje periodístico. En su caso, relata el fracaso de la utopía soviética, para descontento del poder bielorruso.

Texto: Natalia Richardson-Vikulina (Euronews) / Fotos: Renan Milevskiy / Igor Volodko

La escritora bielorrusa recibió en diciembre el Nobel de Literatura en Estocolmo con un duro alegato contra el comunismo.

La escritora bielorrusa recibió en diciembre el Nobel de Literatura en Estocolmo con un duro alegato contra el comunismo.

Todos los escritores rusos que han ganado el Premio Nobel de Literatura han sido perseguidos en Rusia. Es lo que nos ha contado la autora galardonada en octubre pasado, Svetlana Aleksiévich, de Bielorrusia. Cuando consiguió el premio muchos rusos se indignaron por sus opiniones contra su presidente, Vladímir Putin. En esta entrevista, Aleksiévich (Ivano-Frankivsk, 1948), nos habla de la situación actual en Rusia, de la reacción de sus compatriotas y del futuro europeo de Ucrania.

Se trata de la primera periodista en la historia que se alza con este lauro por su obra Voces de Chernóbil. La mujer de prensa y escritora ha retratado la realidad a través de personajes no ficticios creando una “obra polifónica”, en la que ha recogido durante 10 años los testimonios de más de 500 personas presentes en el desastre de Chernóbil. El libro fue publicado en 1997 y ha sido traducido a 20 idiomas. Sin embargo, en Bielorrusia está prohibido debido a los conflictos políticos que atraviesa su país.

El jurado sueco calificó al texto como “un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestros tiempos”. Aunque en ediciones anteriores fueron propuestos periodistas como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, estos obtuvieron el Nobel por su obra literaria. Aleksiévich es la décimo cuarta mujer a la que se le otorga el Nobel de Literatura, un galardón que consiste en casi un millón de dólares, y que le fue entregado el 10 de diciembre en Estocolmo, Suecia.

Estudiante en la Universidad de Minsk en su juventud, Aleksiévich se debatió en sus comienzos por seguir con la tradición familiar de trabajar como profesora o dedicarse al periodismo. Se decantó finalmente por la segunda opción, trabajando en periódicos locales en las ciudades de Biaroza y Narowla. Escribió ensayos, cuentos y reportajes para la revista Neman de Minsk.

Aleksiévich, experta en el reportaje literario, a través de entrevistas narra en sus escritos los acontecimientos más traumáticos de la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Afganistán, la catástrofe de Chernóbil y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Entre sus libros sobresalen La guerra no tiene rostro femenino (1983), Ultimos testigos. Cuentos nada infantiles (1985), Los chicos del zinc (1989), Cautivos de la muerte (1993) y su última publicación Epoca del desencanto. El final del homo sovieticus (2014). Aleksiévich también ha sido honrada con otras distinciones: Premio Herder en 1999 (Alemania), Premio Círculo de Críticos de Estados Unidos en 2005 y Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán en 2013.

“Puedes ganar tres veces el Nobel, los dirigentes autoritarios seguirán sin escucharnos.”

ALMA MAGAZINE: ¿En qué ha cambiado su vida tras ganar el Premio Nobel?

SVETLANA ALEKSIEVICH: Ha sido hace tan poco que no me he dado cuenta todavía, pero mi vida ha cambiado. He conocido a mucha gente y estoy viajando mucho.

Las mejores frases del discurso en Estocolmo

*Muchas veces he estado conmocionada y asustada por los seres humanos. He experimentado el placer y la repugnancia. A veces he querido olvidar lo que escuché para regresar al tiempo en el que vivía en ignorancia.

*Nos enseñaron la muerte. Nos dijeron que los humanos existen para dar todo lo que tienen, para quemarse, para sacrificarse. Nos enseñaron a amar a las personas con armas.

*El mal es cruel, tienes que estar inoculado contra él. Crecimos entre verdugos y víctimas. Incluso si nuestros padres vivían con miedo y no lo decían –y a menudo no lo hacían– el aire de nuestra vida fue envenenado. El mal mantuvo un ojo vigilante sobre nosotros.

*He escrito cinco libros pero siento que ha sido uno solo: un libro sobre la historia de una utopía.

*Hace veinte años, nos despedimos del “imperio rojo” de los soviéticos con maldiciones y lágrimas. Ahora podemos ver ese pasado con más calma, como un experimento histórico. Esto es importante, porque los argumentos sobre el socialismo no se han apagado. Una nueva generación ha crecido con una imagen diferente del mundo, pero muchos jóvenes están leyendo a Marx y Lenin de nuevo. En las ciudades rusas hay nuevos museos y monumentos dedicados a Stalin. El “imperio rojo” se ha ido, pero el “hombre rojo”, el “sovieticus homo”, permanece.

*Colecciono la vida cotidiana de los sentimientos, pensamientos y palabras. Colecciono la vida de mi tiempo.

*Estoy interesada en la historia del alma, en su vida cotidiana, en las cosas que el panorama general de la historia omite. Yo trabajo con la historia perdida.

*A menudo me han dicho, incluso ahora, que lo que escribo no es literatura, que es un documento. Pero, ¿qué es la literatura hoy en día?, ¿quién puede responder a esa pregunta?

*Estoy interesada en las historias pequeñas. Historias pequeñas, grandes personas, así es como lo pondría porque el sufrimiento expande a las personas. En mis libros estas personas cuentas sus historias, la gran historia es contada en el camino.

*No hemos tenido tiempo para comprender lo que pasó y lo que todavía nos está pasando, sólo tenemos que decirlo. Para empezar, debemos al menos articular lo que pasó pero tenemos miedo de hacer eso, no estamos listos para hacer frente a nuestro pasado.

*La guerra no es más que matar.

*No estaba buscando héroes. Yo estaba escribiendo la historia a través de sus testigos inadvertidos y sus participantes. A ellos nunca los habían consultado: “¿Qué piensa la gente?”. No sabemos muy bien lo que la gente piensa acerca de las grandes ideas.

*Los documentos son seres vivos, que cambian a medida que nosotros cambiamos.

*El sufrimiento es nuestra capital, nuestro recurso natural. No es el aceite o el gas, es el sufrimiento. Es lo único que somos capaces de producir constantemente.

*En los tiempos que corren es difícil hablar de amor.

AM: ¿Siente de alguna manera que tiene más influencia en la sociedad?

S.A.: Bueno, mi posición en la sociedad no ha cambiado, es igual que antes. Pero es cierto que en mi primera rueda de prensa me preguntaron por la situación en Ucrania. Dije lo que pienso, que es una ocupación y que Vladímir Putin ha desatado una guerra civil. Ese tipo de conflictos pueden surgir en cualquier lugar. En Bielorrusia se pueden provocar, puedes enfrentar a la gente. Todo es posible. Siempre lo dije pero el jefe de prensa de Putin nunca se dio por aludido y ahora dice que no tengo toda la información. Lo único cierto es que no hay ninguna diferencia. Puedes ganar tres veces el Nobel, los dirigentes autoritarios seguirán sin escucharnos.

AM: ¿Cómo ha reaccionado el presidente bielorruso Aleksandr Lukashenko a su galardón?

S.A.: Al final del día me felicitó. Lo hizo después de Mijaíl Gorbachov y de los presidentes de Alemania y Francia. El país estaba celebrando las elecciones presidenciales y había muchos observadores internacionales. En cuanto pasaron los comicios y los observadores se fueron, dijo que estaba difamando a mi país. Nada nuevo, lo mismo de siempre.

AM: Su Premio Nobel fue un revulsivo en la sociedad rusa. Mucha gente manifestó que le dieron el galardón por su postura contra Putin. ¿Le sorprendió esa reacción o se la esperaba?

S.A.: No, la verdad es que no. No me esperaba esta actitud, especialmente por parte de otros escritores. No pensaba que la sociedad rusa estuviera tan enferma. Pero todos los escritores rusos que han ganado el Nobel han sido perseguidos en Rusia. Bunin, Solzhenitsyn, Brodsky y Pasternak. Es algo increíble.

AM: A lo mejor no es sólo por Putin. Puede que a muchos rusos no les guste que describa aspectos controvertidos de la sociedad rusa. A lo mejor no les gusta.

Obra Voces de Chernóbil.

Obra Voces de Chernóbil.

S.A.: Existen muchas razones. En primer lugar vengo de Bielorrusia, un país pequeño que muchos rusos no toman en serio. Muchos me dicen: “El bielorruso… ¿Qué lengua es esa? Es sólo un dialecto del ruso”. Desde mi punto de vista, la sociedad rusa es cerrada. Parece que nunca se haya abierto al mundo. El principal fallo que se produjo después de la perestroika fue un rechazo al mundo. El país se ha vuelto a cerrar. Lo liberal es calificado como sucio y muchos rusos piensan como Putin, en una gran Rusia rodeada de enemigos. Es como un viejo mensaje que ha calado en la opinión pública. Un ejemplo de ello es que en tan sólo unos meses se ha conseguido enfrentar a lo que antes eran hermanos, a los rusos con los ucranianos. Cuesta creerlo. Mi madre es ucraniana y mi padre bielorruso. Hay muchísimas familias así.

AM: En sus libros usted habla de la vida de los ciudadanos de la sociedad soviética y postsoviética. ¿Cómo ha sido la vuelta de la gente a la iglesia? ¿Ha sido algo natural? ¿Se puede separar la iglesia de la propaganda?

S.A.: Creo que después de la perestroika la sociedad se liberó del poder de las ideas, de las ideas fuertes, pero el pueblo ruso estaba acostumbrado a vivir como un ente nacional unido y poderoso. La gente empezó a ir a la iglesia. Muchos de ellos son gente interesante, buena y honesta. Pero rápidamente, en diez años, la iglesia se ha convertido en parte de la propaganda. Hay una especie de vínculo entre el Estado y la iglesia, y me sorprende escuchar ciertas declaraciones. Como por ejemplo lo que dijo Vsévolod Chaplin. Es el responsable de la comunicación y dijo: “Gracias a Dios que los años de abundancia han pasado ya que no son buenos para el pueblo ruso. Tenemos que hacer sacrificios, tenemos que sufrir”. ¿Qué significa eso? Es una opinión horrible y nada más.

AM: La piloto militar ucraniana Nadia Savchenko está detenida en una cárcel rusa. ¿La ve como un símbolo de libertad y de esperanza para Ucrania?

S.A.: Sí, me maravilla esa mujer. Desde el primer momento en el que la vi. No sé si recuerda su primera declaración y la dignidad que mostró. Estaba rodeada por hombres bastante arrogantes que se comportaban con ella de forma grosera, pero ella mantuvo la calma en todo momento y les dijo: “Pueden matarme pero toda Ucrania está contra ustedes”. Lo dijo de manera muy tranquila. Me gustó mucho. Creo que pensaron que se trataba de una mujer normal y que podrían explotarla de alguna forma, aunque se encontraron con una mujer con una gran personalidad, una Juana de Arco.

AM: ¿Cree que Ucrania tiene futuro en Europa?

S.A.: Sí. He estado en Ucrania hace poco y he visitado la universidad de Kyiv-Mohyla Academy en Kiev. También he estado en Maidán y en su museo improvisado. He visto a la gente que va allí. Caras de gente joven que quiere vivir en un país diferente. Creo que Ucrania es el primer país postsoviético que ha intentado cortar el cordón umbilical con Rusia para llevar el país a otro mundo. Llevarlo a Europa. Otra cosa es la violencia que ha habido. Rusia no quiere que Ucrania se marche. ¿Qué es Rusia sin Ucrania? Ya no es la gran Rusia con la que sueñan los rusos. Ucrania será libre pero tendría que serlo con menos sangre derramada.


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