TOKIO: EL SAMURAI DE NEON

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Antiguamente, estaba prohibido desembarcar en la bahía de Tokio. Pero, con el tiempo, los feroces samuráis fueron reemplazados por empresarios industriosos, magistrales cocineros y amables agentes de viajes. Ahora, el país recibe, anualmente, seis millones de turistas. Con el paso de los años, la ciudad se convirtió en una de las capitales más poderosas e inquietantes de Asia. Moderna y milenaria, calma y multitudinaria, ostenta perfiles opuestos. Castillos y templos de ensueño contrastan con luces de neón y grandes rascacielos; los discretos monjes budistas con los llamativos fanáticos de los cómics japoneses. En metro, bicicleta o a pie, Tokio puede recorrerse sin prisa obsequiando un misterio en cada esquina.

Texto: Felipe Real / Foto: AFP / AP / Japan National Tourist Office / Niigata Professional Photographers Society

YOUNG VISITORS

as calles de Hiratsuka están decoradas con imágenes del videogame Pokemon.

Oriente siempre ejerció una enorme seducción sobre los occidentales, tanto por su lejanía y exotismo como por su poderío económico y fuerza creativa. Y Japón no es la excepción: un imperio milenario en constante renovación, que posee una capital hecha a imagen y semejanza. En Tokio, la enérgica megalópolis asiática, la vanguardia tecnológica convive con antiquísimas tradiciones. Soberbios rascacielos, jardines encantados y castillos soñados forman parte de una ciudad embriagadora y multitudinaria, que cultiva bienestar y cortesía propias de su tradicional cultura. El país del sol naciente está compuesto por cuatro islas principales y más de mil islotes, abarcando una superficie de 377.000 km2, donde habitan 127 millones de personas. En Tokio, la capital, viven 12 millones de habitantes permanentes y cada mañana esa cantidad se duplica con la llegada de los trabajadores que viajan desde las ciudades vecinas. Aunque un mar de gente invade las calles, jamás se siente la agitación y tensión de otras grandes capitales: nadie es arrastrado por los paseantes y los empujones son muy extraños. Casi no se oyen bocinas y mucha gente, incluso altos ejecutivos, optan por viajar en bicicleta.

El metro es la columna vertebral de Tokio. Sus 13 líneas –que transportan anualmente a 2.800 millones de usuarios– abarcan una red de 286 kilómetros. Se lo considera el cuarto metro a nivel mundial, de acuerdo a su extensión. Su servicio es ideal para recorrer la ciudad y llegar rápidamente a los barrios más alejados, siempre y cuando se evite viajar en el horario de entrada y salida de los oficinistas.

Palacio Imperial

La belleza y armonía del Palacio Imperial.

El palacio imperial. El castillo del Edo parece salido de un relato mágico, escrito para deslumbrar a los niños. Edificado en 1457 para proteger al emperador; con la llegada del clan Tokugawa al poder del Shogunado hacia el 1600, el Edo se transformaría en la capital militar desde la que se controlaría al país durante 263 años. Desde allí se gestaron campañas e intrigas que marcarían la historia de Japón. Entonces, sólo los chinos y holandeses podían desembarcar en el archipiélago y los comerciantes marinos que así lo no entendieran eran condenados a muerte. Ya en los mapas del Siglo XVII, el castillo y sus dominios se mostraban imponentes, como una gran ciudad de 44 km2 mientras que por aquellos años, Roma –la ciudad más grande de Europa– sólo abarcaba 15 km2. Su ambicioso trazado urbanístico incluía fosos diseñados en forma de espiral, que se extendían desde el castillo en el sentido de las agujas de reloj aprovechando ríos, valles y colinas. Todavía sobreviven parte de los recursos destinados a resguardar la fortaleza. La belleza y fastuosidad de sus pórticos demuestran la riqueza del clan que gobernó hasta 1867. Oculto tras bosques y jardines extraordinarios, situado en el corazón de Tokio, el Edo sirve como residencia oficial del emperador y su familia. Los parques que rodean el castillo del Edo conforman un gran pulmón urbano, gracias a los más de 7.000 pinos negros y 5.000 cerezos que florecen durante los primeros días de primavera. Vale el esfuerzo caminar hasta el puente Nijubashi para contemplar las mejores vistas y hasta el parque Kitanomaru, que tiene un estanque en su centro. En el templo Yasukuni reposan más de 2.500.000 almas de militares muertos en combate. Cerca, se encuentra el Museo Yushukan, dedicado a los guerreros japoneses. Allí se exhiben armas de principio del siglo pasado y las cartas que escribían los kamikazes japoneses para despedirse de sus familias.

Tren bala

Tren bala.

Rieles y prosperidad. El metro es la columna vertebral de Tokio. Sus 13 líneas –que transportan anualmente a 2.800 millones de usuarios– abarcan una red de 286 kilómetros. Se lo considera el cuarto metro a nivel mundial, de acuerdo a su extensión. Su servicio es ideal para recorrer la ciudad y llegar rápidamente a los barrios más alejados, siempre y cuando se evite viajar en el horario de entrada y salida de los oficinistas. Asimismo, la ciudad posee siete estaciones de trenes mientras que desde la estación de Tokio parten diariamente seis de las ocho líneas Shinkansen –el tren de alta velocidad– hacia diferentes puntos del territorio. Para llegar a Ginza, el elegante distrito del barrio de Chuo, no hace falta viajar demasiado. Es el barrio más chic de Japón y uno de los más exclusivos del mundo, y es conocido por albergar grandes empresas transnacionales como Sony Corporation y por su alta concentración de tiendas, boutiques y restaurantes. Por la variedad y calidad de sus locales, los japoneses comparan a este sector con la Quinta Avenida de Nueva York. En pocos kilómetros cuadrados se manifiestan el lujo y el consumismo al modo asiático. Según la historia, en 1612 se establecieron allí los primeros comerciantes, por lo que se creó una fundición para acuñar monedas. Eso dio origen al nombre del barrio, que significa “Lugar de plata”. Pero en 1872, un feroz incendio destruyó el próspero distrito y su reconstrucción quedó en manos de un arquitecto inglés que introdujo las lámparas de gas, los ladrillos, el pavimento y otros signos de modernidad urbanística. Por eso, suele decirse que Ginza es el sector más occidental y el faro del Japón moderno. Al oeste de la ciudad se encuentra Shibuya, un distrito comercial y de entretenimiento de gran popularidad entre los jóvenes, ya que alberga varios centros comerciales, aunque el más famoso es Shibuya 109. Uno de los puntos más emblemáticos de la zona es el cruce Scramble Kousaten, considerado el más abarrotado del mundo: cuenta con una luz de stop en las cuatro direcciones para que los peatones puedan cruzar. Frente al cruce, tres grandes pantallas de televisión le dan a la esquina un aire futurista. Al norte, se emplazan grandes cantidades de clubs nocturnos y love hotels para un público más maduro y dispuesto a permanecer despierto hasta la madrugada.

Ginza es el barrio más chic de Japón y uno de los más exclusivos del mundo. Es conocido por albergar grandes empresas transnacionales como Sony Corporation y por su alta concentración de tiendas, boutiques y restaurantes. Por la variedad y calidad de sus comercios, los japoneses comparan a este sector con la Quinta Avenida de Nueva York.

JAPAN NERD CULTURE

Colorido. Es habitual encontrar a los jóvenes con disfraces de sus cómics favoritos.

Contrastes nipones. Taitö es un barrio que, entre tanta modernidad, conserva la atmósfera de la vieja Era Edo. El Museo Nacional de Tokio exhibe todas las expresiones artísticas acaecidas en el archipiélago en los últimos 12.000 años. Es inevitable, también, mencionar el templo de Sensôji, conocido popularmente como Asakusa Kannon. Según la leyenda, dos hermanos pescadores echaron sus redes en el río Sumida y sacaron del fondo una estatua de oro de Kannon, la deidad de la Infinita Compasión y Misericordia. Aunque no se muestra jamás en público, se supone que la estatua se conserva en el interior del templo edificado en 628. Es, sin dudas, uno de los más antiguos y visitados de Tokio. La contracara del arte milenario es la moda. El epicentro del mundo de la alta costura, desde donde se marcan las tendencias de toda Asia, es el barrio de Harajuku. Centenares de negocios, tiendas de moda y casas de artículos de diseño invaden las calles, las más transitadas y heterogéneas en cuanto a sus visitantes. Entre los numerosos personajes que buscan diseño en las tiendas, destacan las Gothic Lolita, adolescentes seguidoras de un peculiar y recargado estilo estético, que se caracteriza por la predominancia del blanco y negro y los detalles victorianos. Por las calles de Harajuku, los sábados y domingos suelen pasearse los fanáticos del Manga, cómics japoneses, y de los Animé –dibujos animados locales– disfrazados con los trajes de sus personajes favoritos. Los mayores referentes son Mazinger Z y los personajes de Dragon Ball. Letra y música. Para introducirse en la atmósfera de la capital japonesa es recomendable leer la obra del premiado escritor Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo desarrolla una intensa trama en el interior de un buffet de abogados, pero sin dudas el relato más elocuente es Tokio Blues, que narra la vida de un ejecutivo que añora a su novia de la adolescencia. En cuanto al cine, aunque muchos tal vez prefieran ver Lost in Translation de Sofía Coppola, lo ideal es buscar los filmes de Akira Kurosawa y apreciar los clásicos como Rashomon que expresan la esencia nipona. También el mercado musical japonés seduce a músicos y productores por su alta capacidad de consumo y por la gran escala de su producción. Es por ello que muchos discos piratas (grabados ilegalmente en conciertos) pasan a la “legalidad” en Japón. Asimismo, las ediciones japonesas de ciertos títulos incluyen más tracks que los mismos discos en Occidente. Otra rareza es el elevado consumo de discos vinillo que se fabrican en el país. Como máximas figuras del mundo pop, encontramos a Pizzicato Five, un dúo integrado por Maki Nomiy y Yasuharu Konishi que se sumaron al Shibuya, movimiento musical germinado durante los 90 que hizo uso de enérgicas composiciones electrónicas, fusionándolas con jazz y músicas tradicionales. Otro referente es Cornelius, cuyo seudónimo fue tomado del personaje del filme Planet of the Apes (1970).

MUSASHIMARU BUYUZAN WAKANOYAMA

Los luchadores de sumo comen chanko, una comida tan popular como ese deporte.

Sabores de Oriente. Uno de los platos más representativos es la anguila asada (kabayaki) y la versión local del sushi es el nigiri, que consiste en un pequeño bloque de arroz, sazonado con vinagre dulce y acompañado por un trozo de pescado o marisco crudo, marinado o cocido. El sashimi es una delicia formada por mariscos o pescado, cortados finamente y servidos con salsas de fuerte gusto, entre ellas, el daikon, aderezo de rábano rallado. Los luchadores de sumo –otro de los grandes íconos japoneses– consumen el chanko, una comida tan popular como ese deporte. Este plato, ideal para mantener la figura de los colosos, es un caldo de pescado, pollo y vegetales (yose-nabe) o un cocido de pescado y vegetales acompañados con salsa de soja y vinagre (chiri-nabe). La cocina tokiota se caracteriza por usar pescados de agua dulce –como trucha o carpa– y un condimento vegetal llamado wasabi, cuyo sabor suele ser fuerte y provoca comezón en la nariz. La influencia Zen budista puede percibirse en la ceremonia del té, ritual único e irrepetible. Aunque muchos occidentales suelen coincidir en que la forma en la que se sirve esta infusión es demasiado compleja, es destacable que se trata de un rito que comprende cierta capacidad artística, en la que el anfitrión invita a sus huéspedes a compartir el goce del té y exhibe los valiosos utensilios en una atmósfera apacible, cultivada con esmero. Antiguamente, esta ceremonia servía para mostrar refinamiento cultural y se la consideraba un símbolo de riqueza y bienestar.

La influencia Zen budista puede percibirse en la ceremonia del té, ritual único e irrepetible. Aunque muchos occidentales suelen coincidir en que la forma en la que se sirve esta infusión es demasiado compleja, es destacable que se trata de un rito que comprende cierta capacidad artística, en la que el anfitrión invita a sus huéspedes a compartir el goce del té y exhibe los valiosos utensilios en una atmósfera apacible.

El Monte Fuji

El Monte Fuji es el pico más alto de Japón y una de sus clásicas postales turísticas.

Desde las alturas. Los días sin smog, desde Tokio puede verse un cono simétrico que se eleva hasta alcanzar los 3.776 metros. Es el Monte Fuji –el pico más alto de Japón–, un volcán cuya última erupción se registró en 1707. Por entonces, las cenizas llegaron hasta las calles de la ciudad, pero actualmente se lo considera inofensivo. Hasta finales del Siglo XIX, este monte era considerado sagrado y las mujeres tenían el acceso prohibido a su cima. En el lado norte se encuentran los Cinco Lagos Fuji, elegidos por los locales para librarse del clima urbano, practicar deportes acuáticos y visitar atractivos parques de diversiones. Debido a las abundantes nieves, el alpinismo se practica desde julio hasta finales de agosto. Muchos lo hacen con un objetivo único: observar la salida del sol. Un ritual mágico, altamente recomendable, teniendo en cuenta que Japón significa “el origen del sol”.


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