TRATA DE NIÑAS: “VENDI A MI HERMANA POR 300 DOLARES”

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Es un tema recurrente en estas páginas: los derechos vulnerados de mujeres y niñas en los países árabes. Matrimonios infantiles, niñas vírgenes entregadas por dinero o vacas, menores alquiladas para satisfacer deseos sexuales de turistas adinerados: el abyecto fenómeno no tiene fronteras ni conoce punto final. Tres cronistas relatan la cruda realidad que transitan las niñas y sus familias en un campo de refugiados sirios en Jordania, Sudán del Sur y Egipto.

Texto: Annabell Van den Berghe (Jordania) / Charlton Doki (Sudán del Sur) / Cam McGrath (Egipto) / Fotos: Mona Mahmud / Farah Abazeed / Khawlah Mohamed / Amar Sahbani / Bashar al-Rimi

Amani tiene 22 años recién cumplidos. Cuatro meses atrás abandonó su casa de Damasco para huir de la guerra civil siria. Tras un viaje peligroso que le llevó toda la noche, llegó a Zaatari, el campamento de refugiados en la frontera de Jordania donde desde hacía un año vivían sus padres y dos hermanas. En Damasco, Amani había vivido con su esposo y cinco hijos en un apartamento en plena ciudad vieja. Como muchas sirias, se casó cuando era aún una niña. Acababa de cumplir 15 cuando encontró al hombre de sus sueños y decidió contraer matrimonio.
“En Siria las cosas son diferentes. Las jóvenes se casan muy tempranamente; es una tradición. Pero eso no significa que a todas nos casen con extraños. Yo elegí a mi esposo y él me eligió a mí. No podríamos haber sido más felices que cuando estábamos juntos”, señaló a esta cronista. Después de tener a sus cinco hijos, la guerra civil estalló en el país que ama, aunque cuyas políticas considera injustas y cuyo gobierno le parece corrupto. Vivir en la capital, que todavía está bajo el control del presidente Bashar al-Asad, no le facilitó las cosas.
Su esposo tomó las armas desde los primeros días de la revuelta armada y se integró al Ejército Libre Sirio. Pronto se convirtió en líder de uno de los mayores batallones que combatían al régimen en Damasco. La propia Amani luchaba en las filas rebeldes, pese a que tenía cinco hijos que cuidar: “Las mujeres no somos tan fuertes como los hombres, pero a veces somos más estratégicas. Uno no puede funcionar sin el otro”. Sin embargo, un ataque contra su apartamento mató a su esposo y a cuatro de sus hijos.
Amani escapó y apenas logró salvar a su hija menor. “Cuando oí que se acercaban los aviones del régimen, escondí a mi hijita bajo la pileta de nuestra cocina. Cabía justo en el pequeño espacio que estaba junto a la basura. Era apenas una bebé. Los otros niños habían corrido hacia su padre para buscar protección. Y yo, sumida en el pánico y para ver qué estaba ocurriendo, corrí hacia la calle. Segundos después de haber llegado a la calle, una explosión destruyó toda la casa. Entre los escombros sólo pude hallar a mi pequeña bebé”, relató.

“¿Una suerte de matrimonio? Se trata, ni más ni menos, de la venta de mujeres vírgenes.”

Luego de la tragedia, Amani hizo el arriesgado viaje de Damasco hasta el campamento de refugiados. Pero la vida en Zaatari no ha sido en absoluto un alivio: “Estamos encerrados como monos en una jaula. Apenas entras al campamento, ya no hay manera de salir”. El asentamiento está superpoblado. Un mar de tiendas de campaña ocupa 3,3 kilómetros cuadrados y alberga a 150 mil refugiados, tres veces la cantidad para la que fue construido hace casi dos años. El campamento, en medio de un árido desierto, padece tormentas de arena y enfermedades. La poca ayuda humanitaria no alcanza a todas las personas que la necesitan. Quienes quieren pan o mantas para protegerse del frío tienen que comprárselas a individuos que reciben esta asistencia de modo gratuito y luego la venden ilegalmente.
En el campamento se ha consolidado toda una economía clandestina. La lucha por los alimentos es feroz, y sólo unos pocos afortunados ganan suficiente dinero para mantener a una familia. “Trabajo siete días a la semana, por lo menos 10 horas por jornada, para una organización no gubernamental que se ocupa de los niños más pequeños del campamento. Luego de trabajar una semana entera, cobro tres dólares. Con una madre enferma, un padre anciano y una bebé a la que cuidar, esta vida es insostenible. Mi hermana mayor y su esposo todavía tienen a todos sus hijos, gracias a Dios, pero esto significa cinco bocas más para alimentar”, reveló Amani.
Alimentar a una familia de 10 integrantes con apenas tres dólares semanales es imposible. Amani trajo a su hermana menor, Amara, para que trabajara en la misma organización no gubernamental. Pero duplicar el ingreso tampoco alcanzó para mantenerlos a todos. Había una sola manera de obtener dinero con celeridad, una vía que muchas familias habían seguido antes de que lo hiciera Amani: vender a una de las muchachas. Amani vendió a su hermana Amara, de 14 años, para formar una suerte de matrimonio.

Hacia un enfoque de género equilibrado
Texto: Emma Bonino

Los últimos tres años fueron muy importantes para reforzar el movimiento por los derechos y libertades fundamentales de las mujeres y las niñas y, sobre todo, para eliminar la mutilación genital femenina en todo el mundo. Vimos cómo crecía y culminaba el impulso político en diciembre de 2012 con la aprobación por consenso en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de la resolución 67/146, que prohíbe la mutilación genital femenina en todo el mundo.
La resolución fue un importante paso adelante. Ahora la responsabilidad de asegurar su aplicación efectiva es nuestra. El reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) nos recuerda que, a pesar de los esfuerzos para acabar con la mutilación genital femenina, la práctica persiste. Por esta razón, durante la Asamblea General del año pasado se organizó un evento paralelo, junto con Burkina Faso, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y Unicef, para compartir las contribuciones específicas que los gobiernos y las instituciones internacionales realizaron a los compromisos asumidos con la adopción de la resolución.
La mutilación genital es apenas una de las múltiples formas de violencia que las mujeres siguen sufriendo en todo el mundo. Sólo por mencionar el ejemplo de mi propio país, más de 100 mujeres fueron asesinadas en Italia en 2013, sobre todo en el contexto de la violencia doméstica. Para invertir esta tendencia terrible, incrementamos la acción del gobierno contra los delitos que victimizan a las mujeres. También siento mucho orgullo de que Italia fuera el quinto estado miembro del Consejo Europeo en ratificar el Convenio de Estambul para prevenir y combatir la violencia sexual y doméstica.
Una forma menos evidente, pero sin embargo perjudicial de la violencia contra las mujeres, es la práctica de los matrimonios precoces y forzados. Debemos aprovechar cada oportunidad para recordar la importancia de la erradicación de esta práctica en el lapso de una generación, y acelerar el cambio en la cultura y las tradiciones a través de una campaña vibrante y constante. Por este motivo también llamamos a la inclusión de este objetivo en la agenda de desarrollo posterior a 2015.
Un paso muy alentador fue la aprobación en noviembre último por la Tercera Comisión de la Asamblea General de la ONU de una resolución destinada a lograr la prohibición, dentro de los próximos 12 meses, de los matrimonios precoces y forzados. Esta resolución, auspiciada por Italia y nueve países más, fue patrocinada por 109 países y aprobada por consenso.
La violencia contra las mujeres también abarca el tráfico y la esclavitud. Este es un tema particularmente doloroso para mí. Es muy triste y frustrante sentirse impotente cuando cientos de migrantes, mujeres y hombres, niños y niñas, mueren trágicamente en las costas de Lampedusa (Sicilia). Por esta razón insistimos en un esfuerzo común europeo en el marco del grupo de trabajo del Mediterráneo dirigido por la Comisión Europea para luchar contra el tráfico de personas.
Esto me lleva a hablar de la situación de las mujeres en nuestros países vecinos del sur del Mediterráneo. En algunos de estos países la promoción de los derechos de las mujeres tiene una larga tradición. En otros casos, las cuestiones de género fueron promovidas por los regímenes autocráticos que fueron derribados por la primavera árabe, ya que aquellas les resultaron útiles para mostrarles a sus aliados de Occidente un rostro moderno mientras seguían violando otros derechos humanos.
Cualesquiera que sean las razones para su auspicio en el pasado, debemos continuar la vigilancia para evitar cualquier contratiempo, como los intentos de deslegitimar el Código del Estatuto Personal (adoptado en 1956) en Túnez o de aplicar mal la ley que impone sanciones a la mutilación femenina en Egipto.

Emma Bonino es la ministra italiana de Relaciones Exteriores.

¿Una suerte de matrimonio? Se trata, ni más ni menos, de la venta de mujeres vírgenes. “En Siria no es raro casarse a los 16 años. La mayoría de los hombres árabes lo saben y a menudo van a Siria a buscar una novia joven. En estos días vienen a buscarlas a los campamentos, donde casi todo el mundo está desesperado por irse. He visto jordanos, egipcios y sauditas pasando por las tiendas en busca de una virgen que llevarse. Pagan 300 dólares y obtienen a la muchacha de sus sueños”, explicó.
Amani alega que no tuvo opción. “Yo sabía que ella no estaba enamorada, pero también sabía que él la cuidaría. Me habría vendido a mí misma, aunque Amara era la única virgen en nuestra familia. Tuvimos que venderla para que los demás sobreviviéramos. ¿Qué más podía hacer?” Así fue como Amara contrajo matrimonio con un saudita que pasó por su tienda y le pidió su mano a su padre. Eso fue después de haber conocido a Amani, que le había hablado de la desesperación financiera de la familia y de su hermana menor, a quien todavía no habían casado. Con esa boda, Amani obtuvo una suma vital para sostener a su familia, al menos por ahora.

Memorias de la trata

Egipto es el peor país para las mujeres del conjunto de los países árabes, incluso por delante de Irak, según un estudio.

Niñas sursudanesas dadas en matrimonio a cambio de vacas
“Nuestras hijas son nuestra única fuente de riqueza. ¿De dónde más espera que pueda obtener vacas?”, preguntó Jacob Deng, de 60 años, originario del estado sursudanés de Yonglei. La opinión de Deng es compartida por muchos habitantes de Sudán del Sur. El matrimonio infantil todavía es apoyado por muchas comunidades de este país, donde las niñas son vistas como una importante fuente de ingresos debido a la dote que recibe la familia de la novia.
Según el Ministerio de Género y Asuntos de la Infancia, el 48% de las niñas sursudanesas de entre 15 y 19 años están casadas, y algunas contrajeron matrimonio cuando apenas tenían 12. La Ley de Infancia de Sudán del Sur, de 2008, fija la edad mínima para casarse en los 18 años, y establece una pena de hasta siete años de prisión para quien la viole. Sin embargo, la ministra de Género y Asuntos de la Infancia, Agnes Kwaje Losuba, admitió que la norma no se está cumpliendo.
El matrimonio precoz es parte de la tradición de las comunidades. “Una vez que una niña alcanza la pubertad, ya es considerada una mujer. Mientras haya alguien dispuesto a pagar muchas vacas por ella, la daré en matrimonio”, admitió Deng. Biel Gatmai, de 50 años, del estado del Alto Nilo, sostuvo que está a favor del matrimonio temprano porque teme que sus hijas queden embarazadas sin estar casadas, algo que es duramente condenado por la cultura local: “Es mejor que una niña se case a una edad temprana que mantenerla en la casa de sus padres y que quede embarazada. Si su primer hijo nace fuera del matrimonio, cualquiera que desee casarse con ella sólo pagará unas pocas vacas”.
Sudán del Sur lleva adelante un proceso de revisión de la Constitución, que incluye la realización de seminarios y talleres en todo el país para reunir aportes de los propios ciudadanos. En estas discusiones, el tema del matrimonio infantil se incluye con frecuencia. Se espera que la Comisión presente un borrador de la nueva Constitución en diciembre próximo. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las mujeres y las niñas siguen siendo particularmente vulnerables en Sudán del Sur. Después de una guerra civil que duró 21 años, ellas fueron víctimas de los peores abusos a los derechos humanos, incluyendo violaciones y secuestros.
Se estima que unos dos millones de personas murieron y cuatro millones fueron desplazadas antes de que un tratado de 2005 pusiera fin al conflicto y dividiera a Sudán en dos países. La Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS, por sus siglas en inglés) expresó su preocupación por la situación de las mujeres en medio de la violencia entre los diferentes grupos étnicos del país, que afecta especialmente a los civiles. La directora de la UNMISS, Hilde Johnson, dijo a periodistas en Juba que la ONU estaba comprometida a hacer respetar los derechos de las mujeres, de los niños y de los ancianos, que son “particularmente vulnerables y necesitan protección”.

“Las niñas en Sudán del Sur son vistas como una importante fuente de ingresos debido a la dote que recibe la familia de la novia.”

Paleki Mathew Obur, directora de la organización local Red para el Empoderamiento de las Mujeres de Sudán del Sur, subrayó la necesidad de que el tema de la edad mínima para el matrimonio fuera contemplado en la nueva carta magna: “Varias organizaciones han ido a los distintos estados y recolectaron recomendaciones para la edad mínima para contraer matrimonio. Algunas personas dicen que debería ser a los 18 años, otros piensan que lo ideal sería a los 25”.
Por su parte, Angelina Daniel Seeka, de la organización End Impunity, advirtió que la principal causa del matrimonio infantil es el derecho consuetudinario. “Los matrimonios precoces, la violencia de género y muchas otras cuestiones que sufren las mujeres se deben al derecho consuetudinario. Así que debemos hacer algo al respecto. Espero que se nos ocurra algo que pueda ayudar a las mujeres en el futuro”, indicó.
Activistas explican que, dado que la ley consuetudinaria no está escrita, los jefes locales, en su mayoría hombres, la interpretan según su deseo. Lorna James Elia, jefa de la organización de mujeres Voice for Change, manifestó que la nueva Constitución debería definir también el derecho consuetudinario: “Lo que estamos diciendo es que hay áreas en el derecho consuetudinario que son muy buenas y que se pueden mantener. Pero esos aspectos que son muy discriminatorios, sean apreciados por mujeres o por hombres, deben ser abordados”. En el sistema judicial sursudanés, el derecho consuetudinario, que consiste en muchas leyes tradicionales no escritas, se aplica conjuntamente con el derecho común.

Luego de Siria

Vulnerabilidad. Las refugiadas sirias en Zaatari se quejan de que están más sometidas a acoso sexual que las mujeres jordanas.

Menores egipcias se “alquilan” en temporada veraniega
Todos los veranos, turistas adinerados de los países del Golfo se trasladan a Egipto para escapar del abrazador calor de la península arábiga. Muchos alquilan habitaciones en hoteles de lujo o apartamentos en El Cairo o Alejandría. Pero algunos otros tienen propósitos más siniestros. Muchos hombres viajan con sus familias y el personal de servicio. Se pasan el día en la piscina, de compras y frecuentando cafés y lugares de entretenimiento nocturno.
En El Hawamdia, un pueblo agrícola pobre 20 kilómetros al sur de El Cairo, estos hombres árabes son fáciles de identificar. Vestidos con sus relucientes túnicas blancas, rondan las calles en sus automóviles lujosos. En cuanto llegan, intermediarios egipcios en sandalias rodean sus vehículos ofreciéndoles apartamentos y lo que más buscan y desean: menores de edad. En El Hawamdia, así como en otras comunidades rurales humildes del país, todos los años se venden o alquilan miles de niñas de entre 11 y 18 años. Los padres las entregan a hombres adinerados mucho mayores que ellas mediante un acuerdo de matrimonio temporal, que puede durar desde un par de horas hasta años, según el arreglo negociado.
“Es una forma de prostitución infantil disfrazada de matrimonio. El hombre paga por la niña para quedarse con ella un par de días o todo el verano, e incluso se la lleva a su país para trabajo doméstico o prostitución”, señaló Azza el-Ashmawy, directora de la unidad de lucha contra la trata de menores del Consejo Nacional para la Infancia y la Maternidad (NCCM, por sus siglas en inglés). La niña regresa con su familia cuando el matrimonio se termina, y por lo general la vuelven a “casar”.
“Algunas ya han pasado por 60 matrimonios para cuando cumplen los 18 años. La mayoría duran un par de días o semanas”, puntualizó Ashmawy. Los acuerdos se sellan en alguna de las muchísimas oficinas de “intermediarios para el matrimonio”, fácilmente identificables por los visibles equipos de aire acondicionado en un pueblo ruinoso y con servicio eléctrico intermitente. Los intermediarios, por lo general abogados, también ofrecen servicios de entrega. Para que los clientes elijan, trasladan a las niñas hasta los apartamentos rentados o los hoteles. Los hombres que viajan con sus esposas y sus hijos suelen hacer la transacción en otros lugares.
Los matrimonios temporales son una estrategia para sortear las restricciones islámicas que rigen las relaciones sexuales prematrimoniales. “Muchos hoteles y propietarios en Egipto no alquilan a parejas que no estén casadas. Un certificado de matrimonio, aún si es precario, permite que los hombres tengan relaciones sexuales dentro de la norma”, aclaró Mohammad Fahmy, agente inmobiliario de El Cairo. Tener relaciones sexuales con menores de edad es ilegal en Egipto. Los intermediarios también brindan su asistencia al respecto: entregan certificados de nacimiento o reemplazan el carné de identidad por el de una hermana mayor.
Un matrimonio “mut’a” o de “placer” por un día se arregla con 800 libras egipcias (unos 115 dólares). El dinero se reparte entre el intermediario y los padres de la menor. Un matrimonio “misyar” o “visitante” por todo el verano cuesta entre 200 mil libras egipcias (unos 10 mil dólares) y 70 mil libras egipcias (unos 2.800 dólares). El contrato termina cuando el hombre retorna a su país.
La dote que estos hombres árabes están dispuestos a pagar por mantener relaciones sexuales con niñas es un poderoso imán para las familias empobrecidas de Egipto, donde un cuarto de la población vive con menos de dos dólares al día. Un estudio encargado por NCCM, para el que se entrevistaron unas 2 mil familias en tres pueblos cercanos a El Cairo, concluyó que las fuertes sumas pagadas por los turistas árabes eran el principal motivo de la gran cantidad de “matrimonios de verano” en esas localidades.
El 75% de los entrevistados dijeron conocer a una niña incorporada en este “comercio”, y la mayoría cree que el número de matrimonios aumentaba. El estudio mostró que el 81% de los “esposos” eran de Arabia Saudita, el 10% de Emiratos Arabes Unidos y el 4% de Kuwait. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) también estudia estos matrimonios. “La familia toma el dinero y el ‘marido’ extranjero suele dejar a la niña a las dos o tres semanas”, arguyó Sandy Shinouda, de la unidad contra la trata de la OIM, con sede en El Cairo.

“Las fuertes sumas pagadas por los turistas árabes eran el principal motivo de la gran cantidad de “matrimonios de verano” en Egipto.”

“El Estado no reconoce los matrimonios no registrados y no concede derechos a la menor ni a los hijos que pueda tener la pareja. La mayoría de las niñas procede de familias grandes que consideran que casar a sus hijas con un hombre mayor y adinerado es una forma de escapar de la pobreza. La niña puede tener unos 10 hermanos, y para la familia es un bien”, observó Shinouda, quien estuvo al frente de un refugio para víctimas de trata de personas.
Los padres acostumbran buscar un intermediario para casar a su hija cuando esta llega a la pubertad. En un tercio de los casos se obliga a la menor a aceptar el acuerdo, especificó el estudio de NCCM. “Esta práctica tiene un profundo impacto psicológico sobre la salud mental de la menor. Las niñas saben que las familias las explotaron y pueden entender que sus padres las vendieron. La reintegración es un gran desafío porque en muchos casos si se restituye la niña a su familia, sus padres la vuelven a vender”, subrayó Shinouda.
La Ley de Infancia, de 2008, condena el matrimonio con menores de 18 años, la edad legal para contraer matrimonio. Hay otra norma que prohíbe el matrimonio con extranjeros con los cuales la diferencia de edad sea mayor a 25 años. Pero estas leyes no se cumplen, reconoció Ashmawy, de NCCM. La evidencia muestra que la trata de personas creció tras la revuelta popular de Egipto en 2011 debido al deterioro de la situación económica y a la falta de efectividad de la policía. “No se trata sólo de pobreza o religión. Sino de normas culturales que apoyan el ‘comercio’ ilegal; la gente cree que es lo mejor para las niñas y las familias grandes. Y los intermediarios logran llegar a un entendimiento con las familias para explotar a las menores”, puntualizó Ashmawy.


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