TRIBULACIONES DE REFUGIADOS SIRIOS EN JORDANIA

0

Casi un millón de personas cruzaron el mar Mediterráneo como refugiadas o como migrantes el último año. Los conflictos en Siria y otras partes del mundo profundizan el sufrimiento humano; probablemente 2015 siente un precedente en materia de desplazamientos forzados, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Visitamos una ciudad de Jordania para conocer de primera mano la vida cotidiana y el sufrimiento de aquellos sirios que tuvieron que huir de un país sumido desde hace cinco años en una cruenta guerra civil.

Texto: Silvia Boarini / Fotos: Aicha Samhan / Hikmet Baker

Emelline Mahmoud Ilyas, una mujer de 35 años de origen sirio y que ahora reside en Zarqa, Jordania, rememora el “trayecto de la muerte” que la trajo junto a su familia a este reino hachemita tras una reunión conjunta entre padres jordanos y sirios para conversar sobre el cuidado de sus hijos. Acurrucada en un pozo cerca de la frontera junto a su esposo y sus tres hijos mientras escuchaban las explosiones a su alrededor, Ilyas estaba segura de que aún si su cuerpo lograba sobrevivir, su mente quedaría para siempre en ese lugar. Cómo se iba a imaginar que en dos años estaría ayudando a otros refugiados sirios y a jordanos desamparados a cambiar sus vidas en Zarqa, su ciudad adoptiva.

El viento y el polvo le dieron la bienvenida a ella y su familia al llegar al campamento de Zaatari, construido en el estéril desierto, muy lejos del barrio en el que vivía en la cosmopolita Damasco, de donde había escapado diez meses atrás. “Juré que si no podía salir de Zaatari, regresaría a Siria y moriría allí”, confiesa Ilyas, recordando su estadía en el campamento. A los pocos días, le pagaron a un tratante de personas para que los sacara de forma ilegal, sin documentos, y así llegaron a esta ciudad de Zarqa.

Cuando las cosas mejoraron y su esposo consiguió trabajo en una barbería, ella sintió en carne propia la soledad de estar refugiada en una ciudad extraña. Recuerda que no tenía con quién hablar de la guerra ni del sentimiento de pérdida. “Me quedaba sentada sola en casa, deprimida, culpando a mi marido de todo, de habernos tenido que ir de Siria y de que no hubiera salida”, rememora.

Jordania ha asilado a miles de personas a lo largo de su historia, principalmente palestinos e iraquíes.

En Siria, Ilyas era funcionaria de un ministerio y se dedicaba a monitorear e inspeccionar la corrupción en la función pública. No poder trabajar en Jordania aumentó su desesperación. Pero cuando sus hijos comenzaron la escuela, se volvió renuente a regresar a Siria, donde las escuelas abrían de forma esporádica, en el mejor de los casos, en un contexto de agitación. Los tres menores se integraron bien y estaban contentos, sólo ella no era feliz.

En la actualidad, la prensa cubre masivamente la llegada de refugiados a Europa, pero desde 2011, sólo Jordania, y en silencio, ya albergó a más de 700 mil sirios, según registros del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), y quizá sean 1,5 millones, sumando los que ingresaron sin documentación. La superficie del reino hachemita es de 89,35 kilómetros cuadrados y tiene una población de 6,5 millones de habitantes, además de 2,77 millones de refugiados. Jordania ha asilado a miles de personas a lo largo de su historia, principalmente palestinos e iraquíes.

No obstante, cuatro años después de la llegada de los primeros refugiados de Siria, no hay señales de que el flujo vaya a cesar, y los desafíos no hacen más que aumentar. Numerosas organizaciones no gubernamentales e instituciones gubernamentales alertan de que los refugiados están dispersos en las ciudades y no se concentran en los campamentos, donde pueden acceder fácilmente a los proveedores de servicios; los viejos enfoques de atención no alcanzan para hacer frente al gran reto.

Refugiados en ciudades

Desde hace 5 años Siria está inmersa en una guerra que parece no tener fin. Cientos de miles de muertos y millones de refugiados.

Desde hace 5 años Siria está inmersa en una guerra que parece no tener fin. Cientos de miles de muertos y millones de refugiados.

Zarqa, conocida como la ciudad natal de Abu Musab al Zarqaui, el fallecido líder de la red extremista Al Qaeda, está en el noreste de Jordania, tiene una población de más de 500 mil personas, además de las 50 mil sirias, y no es ajena a las crisis de refugiados. En 1948, se creó un campamento para refugiados palestinos a las afueras de la plataforma urbana, que gradualmente se incorporó a esta empobrecida ciudad.

Zarqa tiene un elevado número de personas desempleadas y, como las facciones islamistas gozan de un apoyo generalizado entre los sectores más marginados, está bajo un estricto control gubernamental por temor a una desestabilización política. Aunque las demoradas reformas hacen que el descontento fermente bajo la superficie. “Los alquileres en Zarqa aumentaron un 600% desde 2011, y a veces viven tres familias refugiadas en un apartamento”, relata Ohud Bayidah, coordinadora de la organización ActionAid en esta ciudad.

La constante llegada de refugiados agrega presión al sistema de salud y al escolar, y la población local se queja de que los sirios trabajan por magros salarios, lo que perjudica las relaciones entre ambas comunidades. Sin embargo, el tradicional modelo de atención de la organización no alcanza para hacer frente a problemas como aislamiento, violencia doméstica, falta de oportunidades educativas, desempleo o abuso de drogas.

Una “hoja de ruta” para Siria

Texto: Baher Kamal

Los Estados militares más poderosos del mundo –Estados Unidos, China, Francia, Gran Bretaña y Rusia– acordaron que ya es hora de acabar con la tragedia humana que es la guerra civil en Siria, próxima a cumplir los cinco años. Antes de llegar a esa conclusión esperaron que murieran 300 mil civiles inocentes, se dispararan toneladas de balas, 4,5 millones de personas se refugiaran en otros países o perdieran su hogar, se realizaran centenares de ensayos de modernos drones –aviones no tripulados– y se produjeran bombardeos diarios de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia.

Con estas estadísticas a mano, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó el 18 de diciembre la resolución 2254 que fija una “hoja de ruta” para el proceso de paz en Siria y hasta un cronograma de negociaciones, facilitadas por el foro mundial, entre el gobierno de Bashar al-Asad y grupos “de la oposición”. “El pueblo sirio decidirá el futuro de Siria”, declara la resolución.

Todo eso está muy bien, pero la medida no brinda respuestas concretas a una serie de preguntas clave. Para empezar, la Coalición Nacional de Siria (CNS) rechazó la idea por “poco realista”, informó el servicio de radiodifusión internacional alemán Deutsche Welle. La coalición se opone a un hecho que la resolución del Consejo de Seguridad “omite” cuidadosamente el futuro del presidente Asad. Según Deutsche Welle, la CNS expresó su molestia porque el lenguaje de la ONU se haya referido al terrorismo del grupo extremista Estado Islámico (EI), pero no al “terrorismo” del gobierno de Asad.

Si es así, ¿cuál “oposición” debe sentarse a hablar con el gobierno sirio? Mientras que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña apoyan los que ellos decidieron considerar como grupos “rebeldes” u “opositores”, Arabia Saudita, Irán, Rusia y Turquía tendrían criterios diferentes. En este sentido se decidió elaborar un mecanismo para establecer cuáles grupos rebeldes en Siria podrán participar en el proceso de paz. Con ese fin, Jordania, encargada de hacer una lista de organizaciones terroristas en Siria, habría presentado un documento que incluye hasta 160 grupos extremistas.

De todas formas, ¿el presidente Asad podrá postularse a un cargo en los comicios? ¿Cómo supervisará la ONU el alto el fuego y controlará tantos aspectos diferentes que intervienen en los combates armados, incluidos Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia? ¿Y si el alto al fuego no prospera? ¿Si más civiles sirios mueren, huyen, emigran? ¿Cómo se controla a EI y tantos grupos terroristas que operan en el territorio? ¿Qué hacer con los millones de refugiados sirios, dispersos en la región, principalmente en Líbano, Jordania, Irak y Turquía, mientras cientos de miles son “víctimas de tráfico” por bandas del crimen organizado, incluido el propio EI?

Y por último pero no menos importante, ¿cuál Siria existirá tras los 18 meses que se fijaron como meta para celebrar los comicios? ¿Será la Siria actual o una nueva, reformada tras quitarle una parte para fundar un nuevo “Suni-stán”, como recomendó recientemente quien fuera embajador ante la ONU del gobierno de George W. Bush (2001-2009), el republicano neoconservador y neoliberal John Bolton, sobre los territorios que se liberarán de EI en Siria e Irak?

Demasiadas preguntas fundamentales sin respuestas claras. Y demasiadas lagunas para que la hoja de ruta sea creíble. A menos que la idea sea implementar una solución al estilo libio, en la cual una coalición militar liderada por Occidente, bajo el paraguas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ataque a Siria, permita que se asesine a Asad y deje a la gente a su propia suerte. Exactamente lo que ocurrió en Libia en 2011.

Traducción: Alvaro Queiruga

Comunidades movilizadas

Para Ilyas la situación comenzó a mejorar cuando se enteró de un taller psicosocial organizado por el Centro para Víctimas de Tortura. Compartir recuerdos de su atribulado país le permitió aliviar un poco la presión. “Después sentí que no estaba sola, me volvió la esperanza”, evoca. Tras recorrer las calles buscando actividades en organizaciones humanitarias, hizo una fila afuera de un centro comunitario de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Próximo Oriente (Unrwa) y se enteró de los círculos comunitarios de ActionAid, que acercan a sirios y jordanos. Pronto se convirtió en una más.

“Gracias a los círculos pude ayudar a mujeres como yo, y también jordanas”, explica. Se reúnen una vez por semana, hombres y mujeres por separado. “Discutimos asuntos personales o familiares y hablamos de cómo podemos resolverlos recurriendo a los proveedores de servicios o apoyándonos unas a otras”, detalla. Los círculos comunitarios ayudan a las organizaciones a identificar los principales problemas que afectan tanto a sirios como a jordanos y a suministrar la ayuda necesaria. “La violencia doméstica es un gran tema, al igual que la explotación infantil”, puntualiza Bayidah.

Nueva vida

Los círculos comunitarios también apoyaron a la coordinadora de ActionAir, originaria de Karak. Es la primera en su familia en terminar la universidad y la primera en trasladarse por su cuenta a Amán. “Mi padre siempre fue de mente abierta en cuanto a mi educación, pero convencerlos de mudarme sin estar casada fue duro. Cuando le dije que la alternativa a esta oportunidad laboral era quedarme triste en casa, accedió a probar un mes. Trataron de convencerme de volver, pero ahora se dan cuenta de que soy feliz. Ayudo a mi comunidad y están muy orgullosos”, alega Bayidah, de 28 años.

En cuanto a Ilyas, si bien llevar un hiyab para mezclarse en Zarqa significó un gran cambio para ella, los círculos le abrieron la puerta al activismo como nunca lo hubiera imaginado. “Hablaba con mi hermana, que todavía está en Siria, y no podía creer que eso fuera posible aquí, que la gente se organizara a sí, libremente”, relata. A Ilyas por ahora le alcanza con que los círculos le hayan amparado para trepar aquel pozo de la frontera. “Debía ser esa refugiada a la que todo el mundo tiene que cuidar, pero ahora la gente me agradece por ayudarla, creen que soy jordana”, se alegra.

Traducción: Verónica Firme


Compartir.

Dejar un Comentario