TRUMAN CAPOTE: ECLIPSE DEL CORAZON

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Tuvo en sus manos el don de convertir la realidad –propia y ajena– en literatura, mal que le pesara a quienes lo cuestionaban por considerarlo insolente y desprejuiciado –y aún también por su homosexualidad–. Su ilimitada capacidad de transgredir lo convirtió en uno de los más afamados hombres de la literatura norteamericana. Sin embargo una vida plagada de excesos lo confinó a una soledad interior insondable. Murió como vivió. En el pasado mes de agosto hubiera cumplido 80 años.

Texto: Valeria Gatti 

“Pregunta: ¿Qué le asusta?

Respuesta: Los sapos verdaderos en jardines imaginarios.

P: No, en la vida real…

R: Estoy hablando de la vida real.”

(Fragmento de Vueltas nocturnas, del libro Música para camaleones. El relato es un diálogo de Truman Capote con sí mismo, que deriva en un autorreportaje). (*)

“Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio.” Truman Capote se ufanaba de sus propias miserias, y se hacía fuerte desde allí, hablando –y escribiendo– mucho sobre sí mismo para esconderse, como alguna vez definió Nietszche. Desnudaba sin prejuicios historias de otros como lo hizo con él mismo, exhibiendo sus propias miserias e iluminaciones. Truman Streckfus Persons –su verdadero nombre– ejercitó su estilo mordaz desde muy pequeño, y pasó su vida reinventándose y reescribiéndose a sí mismo a través de sus novelas. Jamás permitió que lo circunscribieran: transcurría sus días pasando de una vida a otra, y cada novela que engendraba cumplía la función de válvula de escape. Por eso nadie hubiera pensado –siquiera él mismo–, que el autor de Desayuno en Tiffanny’s, la encantadora y delicada novela que contribuyó como pocas a mitificar el New York de la época, era el mismo que escribiría A sangre fría, la novela periodístico policial que inauguraría un nuevo género literario.

Nacido en Nueva Orleans, el 30 de septiembre de 1924, quedó al cuidado de tres tías solteras de Alabama, luego del divorcio de sus padres. Allí descubriría su gusto por escuchar conversaciones ajenas, que luego transcribía a un papel. Cuando todos creían que el pequeño Truman estaba realizando sus tareas escolares, el precoz escritor practicaba y practicaba, tal como lo hacen los músicos o los pintores. Diferenciándose del gran prócer literario de la zona, William Faulkner, Truman Capote escribiría con profunda melancolía sobre el sur. Esa misma nostalgia es la que vibra en películas como Matar a un ruiseñor (en la que el pequeño Truman es personaje), Tomates verdes fritos o El gran pez. En esos filmes, el afecto de los seres marginados, diferentes, –como él y su tía retrasada Sook– describen aquel ambiente hostil o al menos ajeno a toda afición literaria. El mismo Truman contaría, tiempo después: “a los diecisiete ya era un escritor consumado y estaba listo para publicar”. “Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación”, escribió en el prólogo de Música para camaleones. Con ese látigo, insistente y sin piedad, se castigaría dolorosa y brillantemente.

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EN 1924, QUEDO AL CUIDADO DE TRES TIAS SOLTERAS DE ALABAMA, LUEGO DEL DIVORCIO DE SUS PADRES. ALLI DESCUBRIRIA SU GUSTO POR ESCUCHAR CONVERSACIONES AJENAS, QUE LUEGO TRANSCRIBIA A UN PAPEL.

CUATRO CICLOS DE SU OBRA

“Pregunta: ¿Qué sabe hacer?

Respuesta: Sé patinar sobre hielo. Sé leer al revés. Sé andar en patineta. Puedo acertar a una lata tirada por el aire con un revólver 38. He manejado un Maserati (al amanecer, en un desolado camino de Texas) a doscientos setenta kilómetros por hora. Sé hacer un soufflé Frustenberg (toda una proeza: es un preparado de queso y espinaca que implica meter seis huevos poché en la mezcla antes de cocinarla. Hay que hacer que las yemas estén blandas al servir el soufflé). Sé zapatear. Escribir sesenta palabras por minuto.” (*) Capote supo describir su trayectoria en cuatro ciclos creativos. En el primero se dieron sus inicios exclusivamente literarios con la novela Otras voces, otros ámbitos (1948). En el segundo, pasó de la ficción a la no ficción, con la novela Desayuno en Tiffany’s (1958), hasta llegar a la serie de artículos y reportajes publicados en The New Yorker, que aparecerían en forma de libros como Se oyen las musas (1956) – sobre el primer intercambio cultural entre Estados Unidos y la Unión Soviética–. El tercer ciclo está fuertemente marcado por A sangre fría (1966). En noviembre de 1959, Capote se topó con una crónica policial titulada: “Rico agricultor y tres miembros de su familia asesinados”. Este hecho lo embarcaría en un recorrido por las llanuras de Kansas que duró seis años. Entrevistas a los asesinos y a los habitantes del pueblo de Holcomb, conversaciones con psiquiatras, cartas, recortes de prensa, informes jurídicos; más de seis mil notas y toda la paleta de colores, técnicas y herramientas literarias que había estado perfeccionando fueron puestas en juego para elaborar una obra maestra del reportaje como In cold blood. El libro vendió entonces más de 5 millones de ejemplares, un éxito comercial y literario. Sus detractores, como perros de presa detrás de una víctima astuta, salieron a buscar errores en los datos que presentaba el libro, pero no pudieron hallar siquiera uno.

PREGUNTA: ¿TIENE ALGUN “LEMA”?

RESPUESTA: UNA ESPECIE DE LEMA. LO ESCRIBI EN UN DIARIO, DE ESCOLAR: ASPIRO. NO SE POR QUE ELEGI ESA PALABRA. ES RARA, Y ME GUSTA LA AMBIGÜEDAD; ¿A QUE ASPIRO, AL CIELO, O AL INFIERNO? SEA COMO FUERE, SUENA, INNEGABLEMENTE, NOBLE.
(*)

En el cuarto y último ciclo de la obra literaria de Capote, aparece Plegarias atendidas (1987), su único trabajo inconcluso –quizá sin finalizar como síntoma de lo que estaba ocurriendo en la vida del escritor–. Esta novela, de edición póstuma, fue llamada “la novela más famosa antes de su publicación”, en función de la enloquecida expectativa que había despertado en los ansiosos lectores de todo el mundo. Música para camaleones (1980), fue el último libro que escribió antes de morir. Este torbellino literario mezcla cuentos –Mojave, El señor Jones, Una luz en la ventana–; una excelente novela real breve –Ataúdes tallados a mano- y reportajes- Una adorable criatura e Y luego sucedió todo.

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Kate Harrington y Truman Capote en Studio 54, NYC, June 22, 1978. Foto RON GALELLA

CAPOTE, UN EXCENTRICO Y VANIDOSO…GENIO

“Pregunta: ¿Tiene algún “lema”?

Respuesta: Una especie de lema. Lo escribí en un diario, de escolar: Aspiro. No sé por qué elegí esa palabra. Es rara, y me gusta la ambigüedad; ¿a qué aspiro, al Cielo, o al Infierno? Sea como fuere, suena, innegablemente, noble.” (*) Jamás quiso que le adjudicaran la paternidad del género de no ficción, pero aceptó convertirse en una suerte de “instrumento fetiche” de varias celebridades de los años ´50 –entre ellas, de la dorada Marilyn Monroe–. Todos los días recibía invitaciones de figuras del arte y el cine para que participara de fiestas, paseos en yates, y viajes por el mundo… La adoración de la que era objeto contribuyó para potenciar enormemente su narcisismo. En 1945 Truman Capote era un perfecto desconocido en el círculo literario. Trabajaba como corrector en el periódico The New Yorker, vestía en forma excéntrica y sus jefes decían que era un enano presuntuoso. La cabellera rubia que caía sobre su frente y sus brillantes ojos azules le hacían aparentar una extraña belleza infantil, aún cuando ya había cumplido los 30 años. Capote recorría las oficinas de la revista sin poder colocar ninguno de sus cuentos. Tras publicar en la revista Mademoiselle un relato inusual, Miriam, la historia de una niña que lentamente vampiriza y destruye a una bondadosa viuda, comenzó a hablarse de él como la joven promesa de la literatura americana de posguerra.

“CUANDO DIOS NOS OFRECE UN DON, AL MISMO TIEMPO NOS ENTREGA UN LATIGO, Y ESTE SOLO TIENE POR FINALIDAD LA AUTOFLAGELACION”, ESCRIBIO EN EL PROLOGO DE MUSICA PARA CAMALEONES. CON ESE LATIGO, INSISTENTE Y SIN PIEDAD, SE CASTIGARÍA DOLOROSA Y BRILLANTEMENTE.

Otras voces, otros ámbitos –su primer libro–, triplicó en ventas, en menos de tres meses, su tirada inicial. Su faceta visionaria lo llevó a adelantarse casi una década a las técnicas del “new journalism”, cuando se embarcó en una excursión soviética para cubrir la presentación de una campaña estadounidense en Leningrado -en plena Guerra Fría-, donde escribió obras de ficción y no ficción. Otros viajes de Capote por la Unión Soviética, acompañando un tour de la ópera Porgy and Bess, dieron lugar a la publicación de Se oyen las musas, un escrito que ridiculizaba sutilmente toda la representación de aquella obra. Sus años en Europa le permitieron otro contacto con el teatro y el cine. En 1950 escribe el guión de La casa de las flores”, un musical ambientado en un burdel de las Indias Orientales. El estilo lírico, melancólico y el humor caprichoso de Truman marcaron El arpa de hierba (de 1951), adaptada en 1996 para la pantalla grande, con los roles protagónicos de Piper Laurie, Sissy Spacek y Walther Matthau. Sin embargo, el primer trabajo importante que Truman realizó para el cine fue su colaboración con John Huston en el guión de la película Beat the Devil (1954), protagonizada por Humphrey Bogart. En 1958 y a muy poco tiempo de ser editada, Desayuno en Tiffany’s se impuso con una rapidez pocas veces vista, provocando las mejores críticas. Aún así, Capote decidió cerrar su fase narrativa porque según él “ya no encontraba placer”. A partir de allí Truman le dio libertad irrestricta al enano maldito que siempre había llevado dentro suyo. Persuasivo como pocos, en una ocasión el escritor invitó a una cena a Marlon Brando –ya le habían advertido al fallecido maestro de la actuación que no se permitiera estar solo con él ni un instante-; Capote, haciendo uso de sus artimañas y explotando la elocuencia que da el alcohol, lo llevó por una conversación de más de cinco horas, que después reveló en su famoso retrato El duque en sus dominios: una radiografía que exploró en lo más profundo del actor, divulgando que “nunca se permite sentir porque siempre siente demasiado, y se cree incapaz de amar a nadie”. Esta entrevista fue publicada en The New Yorker y causó tal impacto que Brando, enfurecido, quiso demandarlo. Pero finalmente, y con la misma ironía con que Truman lo había descrito, sólo llegó a decir que lo golpearía “con un fideo mojado”. Quienes salieron airosos de los más crudos relatos comenzaron a sentirse incómodos porque le habían permitido a ese sureño codearse con ellos; lo habían invitado a sus casas y a sus yates ¿y así les correspondía? Capote veía todo desde un ángulo diferente: “¿Qué esperaban? Soy un escritor y me sirvo de todo. ¿Pensaron que me tenían para entretenerlos?”. Truman cargaba en sus espaldas una historia familiar tormentosa que lo hería a diario. Según contaba él mismo, el sonido primordial de su infancia fue el de una puerta al cerrarse, seguido del taconeo de su madre al partir, abandonándolo en algún hotel para ir al encuentro de sus innumerables amantes. El 26 de agosto de 1984, un mes antes de cumplir 60 años, Truman Capote ¿organizó? su propio final: murió por una intoxicación múltiple con fármacos, en compañía de una amiga. Casi en soledad. El alcohólico, el drogadicto, el homosexual, el genio, finalmente, habíacerrado su última puerta. “(…) De modo que empecé a pensar qué hubiera hecho inscribir yo en mi lápida, sólo que nunca tendré lápida, pues dos adivinos muy bien dotados, uno haitiano, el otro un indio revolucionario que vive en Moscú, me han dicho que moriré en el mar, aunque no sé si por accidente o elección (comme ça, Hart Crane). De todos modos, la primera inscripción que se me ocurrió fue: CONTRA MI MEJOR OPINION. Luego pensé en algo mucho más característico. Una excusa, una frase que uso ante casi cualquier compromiso: TRATE DE ZAFARME, PERO NO PUDE.” (*)

(*) Vueltas noctunas, en Música para camaleones. Editorial Sudamericana

– Random House Mondadori. 1994.

 


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