Viena: El sonido de la música

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Al pie de los Alpes y a orillas del Danubio se levanta, imponente, Viena. Como una de las ciudades más antiguas de Europa, la capital de Austria se encuentra llena de historias. Por ello, también su patrimonio arquitectónico es vasto y suculento. Fue una de las fortalezas de la música durante el siglo XIX, y meca de la filosofía, el psicoanálisis y el debate político en el siglo XX, además de uno de los centros culturales más importantes del mundo. Ahora, en pleno siglo XXI, sigue teniendo encanto y lugares secretos y únicos para disfrutar.

Texto: Jorge Saldaña / Fotos: Gentileza Embajada de Austria

A mediados del siglo XIX, el emperador Francisco José I decidió transformar un antiguo pueblo medieval a orillas del río Danubio en la sede de un imperio. De esta manera nació Viena, imponente, única, majestuosa. Y a pesar del paso del tiempo, que se mide en siglos, ese pasado de esplendor imperial se ve aún reflejado en una de las ciudades más elegantes del planeta. Algunos creen que quizá no sea algo exagerado decir que es la capital de un país donde hasta los paisajes tienen música y se escuchan.

Entre lagos espejados y montañas de ensueño, la capital de Austria recibe y despierta a sus visitantes con la luz de su pasado señorial y de su presente de clasicismo. Lo cierto es que Viena debe al privilegio de su ubicación geográfica la mixtura de su cultura y la condición de ser en la actualidad uno de los destinos turísticos preferidos de Europa. Es inevitable: a los pocos minutos de llegar, el viajero ya está pensando, imaginando, programando, concretando una nueva visita. Viena ofrece en un mismo peregrinaje: historia, cultura, actualidad y aventura. Y música, por supuesto.

 

Música. No es poco. Y es único: el viajero que emprenda el feliz viaje a Viena podrá, por ejemplo, escuchar una obra de Mozart en el mismo espacio donde fue compuesta. O deleitarse con Puccini al aire libre, entre abril y junio. Si en cambio llega en septiembre, la música seguirá sonando de la mano de la Opera Estatal de Viena (Wiener Staatsoper), que ejecutará su programa habitual, en el mismísimo escenario donde brillaron Richard Strauss y Gustav Mahler. Estas experiencias, que suelen ser económicamente muy costosas, pueden disfrutarse durante esos meses de forma gratuita, gracias al sistema de pantalla gigante que se instala en la ciudad con la finalidad de acercar la música a los visitantes y habitantes de esta perla europea. Romántica por excelencia, Viena baila al compás de sus valses. Para aquellos que prefieren, en cambio, la música moderna, el Donauinselfest es una gran experiencia. Se trata de un festival de música que se realiza al aire libre con entrada gratuita. Desde 1984, atrae a cerca de tres millones de personas de aquí y allí. Este año, el Donauinselfest celebra su 32° edición entre el 26 y el 28 de junio.

 

Monumentos, castillos y palacios. En 1865 se construyó la famosa avenida Ringstrasse –por donde pasearon su amor el emperador Francisco José I y Sissi–, un bulevar que rodea el centro histórico de Viena y que une algunos de sus monumentos más interesantes. Uno de ellos es el edificio neogótico del Rathaus. Un siglo y medio después, Viena celebra este año que esta avenida continúa siendo la atracción principal de la ciudad. Y por eso festejará con exposiciones y eventos. El turista no puede tampoco perderse un paseo al Palacio Imperial de Hofburg, que fue durante más de 600 años el lugar de residencia de la dinastía Habsburgo. La gema vienesa es un tesoro de infinitas piedras preciosas. Una de ellas, que sería un pecado no conocer, es el Palacio de Schönbrunn, antigua residencia de verano de los Habsburgo, donde se acuarteló nada menos que el propio Napoleón allá por el 1800, y en donde Mozart tocó cuando era un niño (a los seis años de edad) frente a la emperatriz María Teresa. Además, se encuentran abiertas al público 40 de sus 1400 habitaciones, decoradas en riguroso rococó, alrededor de jardines con fuentes y estatuas helénicas. Otro imperdible es el Palacio Belvedere, también barroco, rodeado de un jardín de rosas inolvidable. Este fue la residencia estival del príncipe Eugenio de Saboya.

 

Museos. Pero la lista de lugares para fascinarse con Viena no se agota en los palacios, los castillos y los monumentos históricos. También se pueden visitar numerosos museos, concentrados en el nuevo MuseumsQuartier (Barrio de los museos). Se trata de una obra de la actual ingeniería de reciclado que conserva la esencia de la arquitectura original. El valor histórico y sobre todo artístico que albergan las obras de esta nueva propuesta cultural refleja la vigencia de la creatividad vienesa. Entre sus atracciones despunta una exposición en el museo Leopold: Tracey Emin, enfant terrible del arte contemporáneo, se ocupó de seleccionar obras del legendario Egon Schiele. Se puede ver hasta el 14 de septiembre. Sin embargo, desplazarse hasta Viena y no recorrer las paredes del museo Freud sí que sería una traición. Levantado en lo que fue la casa en la que vivió y trabajó el padre del psicoanálisis durante más de 30 años, allí se exponen más de 400 objetos, cartas, libros, muebles y fotografías de la época que ayudan a documentar la vida de Sigmund Freud.

 

Sabores. La cocina vienesa propone una mezcla de platos y sabores provenientes de los antiguos países de la corona, como Bohemia, Hungría y los Balcanes. Uno de ellos es el schnitzel (un escalope que sobresale del plato). Otro, las mil y un variedades de salchichas con chucrut y sus aderezos correspondientes a gusto y merced del comensal. Además, se destacan los vinos de estación frutados. Y aquí nos detenemos particularmente, porque Viena es la única ciudad del mundo con viñedos en su casco urbano. Será por eso que proliferan las tabernas vienesas: Heuriger no es sólo el lugar donde se sirven vinos, sino también el nombre que se le da al vino de la última cosecha. Al mismo tiempo sobresalen los cafés vieneses, que se multiplican por la ciudad, donde se puede comer, ¡cómo no!, un delicioso apfelstrudel. ¿Habrá comido Freud uno de esos cuando descubría el inconsciente?

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