VIOLENCIA DOMÉSTICA: EL PRECIO DE DEFENDERSE

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Una pesadilla que llegó a su fin. Un jurado de Connecticut declaró inocente a Cherelle Baldwin por la muerte de su ex novio abusivo, Jeffrey Brown. La joven madre fue detenida por homicidio y ha pasado casi tres años en la cárcel con una fianza de un millón de dólares. Su encarcelamiento captó la atención de las organizaciones de lucha contra la violencia doméstica de todo el país, que vieron en el caso de Baldwin un ejemplo de cómo las mujeres afroestadounidenses son enviadas a prisión desproporcionadamente cuando se defienden del maltrato de sus parejas. Hoy está libre. Esta es su historia.

Texto: Amy Goodman y Denis Moynihan (Democracy Now!) Fotos: Ezra Currin / Kev Sharpe

A Cherelle Baldwin se la imputó por la muerte de su ex novio, Jeffrey Brown, a quien ella acusó de haberla abusado y acosado.

A Cherelle Baldwin se la imputó por la muerte de su ex novio, Jeffrey Brown, a quien ella acusó de haberla abusado y acosado.

Cherelle Baldwin tiene suerte de estar viva. Su ex pareja la agredió en reiteradas ocasiones. Fue atacada por él en su propio hogar, se defendió y a consecuencia de ello fue a prisión. La violencia doméstica, también llamada violencia de pareja, afecta a millones de personas cada año, en su mayoría, aunque no exclusivamente, a mujeres. Cuando las víctimas se defienden, corren el riesgo de ser doblemente victimizadas: primero por su agresor y luego por parte del sistema de justicia penal. Las mujeres de color se encuentran en una situación particularmente vulnerable, como lo demuestra claramente el caso de Cherelle Baldwin.

Ella conoció a Jeffrey Brown en Connecticut en 2010, cuando Baldwin tenía diecinueve años de edad. Poco después tuvieron un hijo. Brown se tornó agresivo y para 2013, la pareja se había separado. Según documentos que obran en poder de la justicia, Brown había amenazado a Baldwin en repetidas oportunidades, le había quitado tarjetas de crédito y dinero y la atacaba cuando iba a visitar al hijo de ambos. Finalmente, Cherelle obtuvo una orden judicial que prohibía las amenazas, el acoso y las agresiones durante las visitas, aunque Brown siguió amenazándola a través de mensajes de texto. El 18 de mayo de 2013, le envió más de una docena de amenazas vía mensaje de texto, dos de los cuales decían “D.O.A. on sight” (sic), en referencia a la sigla que se usa en inglés para nombrar el ingreso a un hospital de una persona ya fallecida.

El automóvil de Brown se encontraba estacionado muy cerca de la casa de Charelle. Cuando ella se dio cuenta, él ya estaba en su dormitorio. Brown la golpeó, la estranguló y la azotó con un cinturón. Ella huyó de su casa en camisón, descalza y sin lentes. Corrió hacia su auto. Su abogado defensor, Miles Gerety, explicó: “Chocó con su automóvil contra un muro de cemento. Se despertó al lado del auto sin saber qué fue lo que realmente pasó porque experimentó amnesia retrógrada”. Lo que sucedió luego no queda claro. Baldwin tenía una pierna rota a causa del accidente. La policía encontró a Jeffrey Brown atascado entre el automóvil y el muro, muerto. Según Gerety, todavía tenía alrededor de la mano el cinturón que había utilizado para azotar a Baldwin.

Cherelle Baldwin tiene suerte de estar viva. Su ex pareja la agredió en reiteradas ocasiones.

A pesar de estar herida y a pesar de las órdenes de restricción que la amparaban, a pesar de la cantidad de mensajes de texto amenazantes que Brown le había enviado, Cherelle Baldwin fue acusada de asesinato en primer grado y enviada a la prisión de máxima seguridad de Connecticut con una fianza fijada en un millón de dólares. Después de un juicio que se extendió durante seis semanas, once de los doce miembros del jurado votaron a favor de absolverla, pero un integrante del jurado se opuso y en consecuencia, el juez declaró el juicio nulo. La fiscalía solicitó un nuevo juicio e insistió en que se mantuviera la misma fianza increíblemente alta. Baldwin continuó presa.

Absuelta

12,7 millones de personas cada año en Estados Unidos sufren agresiones físicas, violaciones o acoso por parte de sus parejas.

12,7 millones de personas cada año en Estados Unidos sufren agresiones físicas, violaciones o acoso por parte de sus parejas.

A fines de marzo, en su segundo juicio, Baldwin fue absuelta de todos los cargos. Aún así, pasó casi tres años en prisión. Su único delito fue no lograr reunir el monto de la fianza. Días antes, el Departamento de Justicia de Estados Unidos envió a los tribunales una carta en relación con el problema de encarcelar personas de bajos recursos que no pueden pagar multas o fianzas. Entre otras cosas, la misiva dice: “Una fianza que se fije sin tomar en consideración la situación económica del acusado puede resultar en la encarcelación de las personas no porque representen una amenaza para la seguridad pública ni porque exista el riesgo de que escapen, sino más bien porque no pueden hacer frente al monto fijado para la fianza”.

La situación de Baldwin generó la preocupación de las organizaciones de lucha contra la violencia doméstica de todo el país, que vieron en su delicada circunstancia un ejemplo de cómo las mujeres afroestadounidenses son enviadas a la cárcel asimétricamente cuando se defienden del maltrato doméstico. “Cuando recibía cartas, lloraba. Muchas mujeres me contaban distintas historias y cómo estaban en mi situación. No sabía que tantas mujeres han pasado por lo mismo. Especialmente cuando son muy jóvenes, me conmovió mucho. Tuve mucho apoyo que ni siquiera sabía que existía. Me ayudó mucho mientras estaba en la cárcel”, afirmó Baldwin.

A pesar de estar herida y a pesar de las órdenes de restricción que la amparaban, Baldwin fue acusada de asesinato en primer grado.

El caso de la joven madre es similar a otro que captó mucho más la atención de los medios de comunicación. Corría el mes de agosto de 2010. En Florida, Marissa Alexander, también afroestadounidense y madre de tres hijos, estaba siendo amenazada en su propio hogar por su esposo, del que se encontraba separada. Marissa se defendió con un disparo de advertencia dirigido al techo, efectuado con una pistola para la que tenía habilitación. El marido huyó, llamó a la policía y Marissa fue arrestada. Se la acusó de agresión agravada, fue declarada culpable y condenada a 20 años de prisión.

En su defensa, Marissa Alexander intentó ampararse en la ley de defensa propia de Florida, que habilita a enfrentar al agresor. La fiscal de su caso, Angela Corey, actuó también en la causa abierta contra el vigilante blanco George Zimmerman por matar al joven de diecisiete años de edad Trayvon Martin en Sanford, Florida. Zimmerman tuvo éxito al invocar esa ley de defensa propia, aunque Alexander no.

La docente de derecho de la Universidad Estatal de Ohio Michelle Alexander comparó los casos de Marissa Alexander y George Zimmerman: “(El caso de Marissa) es un claro ejemplo de la aplicación discriminatoria de la ley de defensa propia. En este caso tenemos a una mujer que dispara al aire para defenderse de lo que considera un esposo violento y termina consiguiendo veinte años de prisión, mientras que George Zimmerman es liberado sin castigo tras haber perseguido y matado a una persona basándose en estereotipos raciales y suposiciones de criminalidad”.

Baldwin pasó casi tres años en prisión. Su único delito fue no lograr reunir el monto de la fianza.

Marissa Alexander ganó posteriormente una apelación, aunque al enfrentarse a la posibilidad de pasar 60 años en la cárcel tras un nuevo juicio, aceptó un acuerdo de culpabilidad que implica una condena equivalente al tiempo de prisión ya cumplido más dos años de arresto domiciliario. En este momento, transita el segundo de esos dos años.

Volviendo a Connecticut, Cherelle Baldwin intenta, a paso lento pero seguro, rearmar su vida junto a su hijo de cuatro años de edad. Cherelle y Marissa son sólo dos de las 12,7 millones de personas que cada año en Estados Unidos sufren agresiones físicas, violaciones o acoso por parte de sus parejas. Esta crisis que afecta a todo el país, al igual que otros temas relacionados, como la encarcelación masiva y la discriminación racial dentro del sistema de justicia penal, merecen atención pública, especialmente este año en que nos encontramos de cara a una nueva elección presidencial.

Traducción: Fernanda Gerpe


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