WALT DISNEY: EL HOMBRE QUE SABÍA EL VALOR DE SER NIÑO

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A cincuenta años de su muerte, su nombre es sinónimo de show business, y la compañía que fundó junto a su hermano a comienzos del siglo XX se ubica hoy entre las ocho firmas más valiosas del mundo. Walt Disney, el hijo del sueño americano, el soñador sin límites, el padre de Mickey Mouse, el creador de un negocio multimillonario, es inmortal, universal y poderoso como solo puede serlo aquel que sabe de la importancia de una idea.

Texto: Silvina Miguel / Fotos: Sam Terrell / Bill Gordon / Dave Warwick / William Brees / Terry Davies / Colin Baugh / Red Harrison / George Ham

Legado. Walt Disney fue un dibujante que logró fundar uno de los mayores conglomerados de entretenimiento del mundo.

Legado. Walt Disney fue un dibujante que logró fundar uno de los mayores conglomerados de entretenimiento del mundo.

El pequeño barco es casi humano. Sus chimeneas sonríen al exhalar el humo de la caldera que lo pone en movimiento en el cauce del río. Lo conduce un gato enorme que parece muy a gusto con ese poder. Lo disfruta saboreando tabaco y desafiando a la física arrojando saliva, que un par de veces le da a la campana a la que le apunta, pero que al final se estrella en su cara como un bumerán. Su empleado es un ratón, delgado, simpático y desafiante, que se las arregla para rebelarse lanzándole un escupitajo, pero si trata de escapar al castigo, acaba sumergido en un balde de agua. Un loro burlón se divierte con la imagen del pequeño ratón que se creyó más astuto que el amo y terminó recibiendo lo que se veía venir, su merecido. Pero el loro no sabe que el que ríe último ríe mejor, y es el ratón quien se lleva la mejor parte del chascarrillo: un movimiento inesperado de la embarcación acaba colocándole al loro el balde de sombrero.

El barco se detiene en un muelle. Un par de patos encarcelados en una jaula y una cabra desnutrida lo aguardan. El ratón baja y trata de sujetar a la cabra para subirla al navío, pero el collar que debería sostenerla es demasiado grande para contener su desnutrición. Entonces el ratón la alimenta de una vez con un fardo de hierba entero, y milagrosamente el animal se infla lo suficiente como para que el aro lo sostenga aunque, una vez a bordo, recupera su delgadez extrema. Cuando el barco comienza a alejarse de la costa, una ratoncita rezagada arriba al muelle a los gritos cargando una guitarra y unas partituras. La embarcación recién partió, entonces ella corre por la costanera con la esperanza de alcanzarla. El ratón le lanza una soga y consigue alzarla.

Steamboat Willie, estrenado el 18 de noviembre de 1928, fue el primer cortometraje animado con sonido e imagen sincronizados de la historia.

Pero la alegría no dura mucho tiempo, porque la cabra hambrienta se come la guitarra y las partituras. Sin embargo, la pareja de ratones no se desanima. La ratoncita convierte a la cola de la cabra en una manija de vitrola y las notas empiezan a escaparse por su boca. Es el punto de partida de una improvisación musical en la que cada elemento dentro del barco se transforma en un instrumento musical. Hasta que, por supuesto, la fiesta finaliza abruptamente con la aparición del gato enojado, que arroja al ratón contra unas bolsas de patatas. Y justo cuando parece que nada puede empeorar, surge el loro burlón, que aprovecha la ocasión para volver a burlarse del pobre empleado. Indignado, el ratón le lanza la tapa de una cacerola y el loro cae al agua. Mickey Mouse ríe último y ríe mejor.

Steamboat Willie (El botero Willie) fue el origen de todo. Estrenado el 18 de noviembre de 1928, no solo fue el primer cortometraje animado con sonido e imagen sincronizados de la historia, sino que además convirtió a Walt Disney en un emblema que probablemente ni la prolífica imaginación del niño nacido en Hermosa, Chicago, Illinois, el 5 de diciembre de 1901, habría sido capaz de fantasear.

La leyenda de Walt

Uno de los grandes mitos de la cultura popular mundial es el que se ha generado en torno a los restos del creador del multimillonario emporio de la animación. La leyenda sostiene que su cuerpo fue preservado criogénicamente, es decir, a muy bajas temperaturas, con la esperanza de que los avances de la ciencia pudieran ser capaces de devolverle la vida. La realidad es que el dinero no todo lo puede comprar y que Walt Disney falleció a los 65 años, el 15 de diciembre de 1966, exactamente a un mes de haberle sido diagnosticado un cáncer de pulmón. Su cuerpo fue cremado y sus cenizas fueron depositadas en un mausoleo del cementerio Forest Lawn en Glendale, California.

Garabateando sonrisas

Su mente fue una de las más creativas y maravillosas del siglo XX. Su ingenio creó un universo imaginario único e incomparable.

Su mente fue una de las más creativas y maravillosas del siglo XX. Su ingenio creó un universo imaginario único e incomparable.

Una tía y un médico retirado vecino de su casa de Marceline, Missouri, fueron los primeros que inspiraron a Disney a dibujar. Fue durante la temporada que la familia pasó en aquella pequeña comunidad del Midwest que Walt comenzó a experimentar con su capacidad creativa tanto en el dibujo como en los negocios, generando un mercado para sus producciones: sus propios vecinos.

A la expresión libre de los inicios le acompañaron, años más tarde y ya de regreso en su Chicago natal, clases de fotografía y dibujo en McKinley High School, colaboraciones para el diario de la escuela y cursos nocturnos en Chicago Art Institute. Pero como la educación formal no seduce a los genios, y Disney no fue una excepción, dejó la escuela para unirse a la Cruz Roja y brindar su ayuda en la Europa de posguerra. En 1919 se mudó a Kansas City con la intención de convertirse en ilustrador gráfico. Su hermano Roy le consiguió un trabajo en Pesmen-Rubin Art Studio y allí conoció al que años más tarde sería su socio, el caricaturista Ubbe Ert Iwwerks, que pasaría a la historia como Ub Iwerks.

A aquel primer empleo le siguió el que obtuvo en Kansas City Film Ad Company, y a este último, su primera empresa de animación. Walt y su compañero de Ad Company Fred Harman se asociaron con un cine de Kansas City para poder exhibir sus propias animaciones. Las llamaron “Laugh-O-Grams” y fueron sensación, garantizándoles el éxito financiero necesario para fundar su propio estudio, Laugh-O-Gram. Ub Iwerks y Hugh Harman se incorporaron a las filas de la compañía y juntos produjeron unas historias de acción animadas de siete minutos de duración a las que denominaron Alice in Cartoonland (Alicia en el país de los dibujos animados). Sin embargo, ni el éxito que los vio nacer ni la novedad artística que generaron les evitaron la bancarrota.

Uno de los grandes mitos de la cultura popular mundial es el que se ha generado en torno a sus restos.

Corría 1923, y como todo fin es, en realidad, un nuevo comienzo, los hermanos Walt y Roy decidieron sumar esfuerzos y trasladarse a Hollywood junto con Iwerks. Allí, los tres erigieron Disney Brothers Cartoon Studio y se asociaron con Margaret J. Winkler, dueña de una distribuidora en Nueva York que estaba interesada en las tiras de Alice… Para ella, el estudio de los hermanos Disney creó a Oswald the lucky rabbit. No obstante, años más tarde, la que parecía una alianza fructífera terminó malográndose cuando Walt se enteró de que Winkler se había apoderado de los derechos de sus animaciones, del personaje de Oswald y de todos sus empleados, menos Iwerks.

Lejos de desanimarse, el trío puso manos a la obra y dio vida al protagonista de Steamboat Willie, Mickey Mouse, al que Walt Disney le prestó la voz durante varios años. El resto, es historia conocida.

Partida y regreso a Kansas City

Símbolo mundial del imperio concebido por Walt Disney. El popular personaje de Mickey Mouse cumplió 88 años de existencia.

Símbolo mundial del imperio concebido por Walt Disney. El popular personaje de Mickey Mouse cumplió 88 años de existencia.

Walter Elias “Walt” Disney fue el cuarto de los cinco hijos de la pareja que conformaban Elias y Flora Call Disney. Cuando Walt contaba con cuatro años, la familia se desplazó a una granja en el idílico poblado de Marceline, en el estado de Misuri. Idílico porque así lo recordaba Walt Disney cada vez que rememoraba su historia. Tal vez porque allí su imaginación comenzó a despertar. En 1911, los Disney volvieron a marcharse. Esta vez a Kansas City, también en Missouri.

La vida en la granja no resultó tal y cómo Elias lo había planeado, así que decidió cambiar de rumbo y de rubro. En Kansas City, adquirió una ruta de distribución de diarios para la que el pequeño Walt, de diez años, se desempeñó al salir de la escuela y durante los fines de semana. Seis años más tarde, Elias vendió la ruta y regresó a Chicago para trabajar en una empresa de elaboración de jugos y gelatinas. Viviendo ya en la ciudad ventosa de Illinois, Walt abandonó la escuela secundaria.

La Primera Guerra Mundial azotaba a la humanidad. Walt decidió unirse a la Cruz Roja, pero como era menor de diecisiete años, no fue aceptado sino hasta que se animó a falsificar su certificado de nacimiento y así burlar la burocracia. Cuando finalmente en 1918 le fue asignada Francia como destino, el armisticio que puso término a la contienda bélica ya había sido firmado. Entonces, Disney tuvo que conformarse con ser chófer de las autoridades de la Cruz Roja antes de regresar a Kansas City, un año después.

El imperio del ratón

En 1929, Disney concibió Silly Symphonies (Sinfonías tontas), la serie de setenta y cinco cortos animados en los que además del ratón Mickey participaban sus nuevos amigos Minnie, el pato Donald, Goofy y Pluto. Flowers and Trees, uno de los cortos de la serie estrenado el 30 de julio de 1932, fue el primero producido en colores y en ganar el Oscar de la Academia de Hollywood al mejor cortometraje animado. Al año siguiente, la canción Who’s Afraid Of The Big Bad Wolf? (¿Quién le teme al gran lobo malo?) del corto Three Little Pigs (Tres pequeños cerdos) se transformó en el himno de un país que atravesaba la Gran Depresión.

Disneyland Park abrió sus puertas al público en 1955, en Anaheim, California, con una inversión de 17 millones de dólares.

Cuatro años más tarde, en diciembre de 1937, se estrenó en Los Angeles Snow White and the Seven Dwarfs (Blancanieves y los siete enanos), el primer largometraje animado de la historia que, a pesar de la profunda recesión económica, recaudó en boleterías de todo el país la inimaginable suma de 1499 millones de dólares. No solo eso: obtuvo la histórica suma –por aquel entonces– de ocho galardones de la Academia.

Al fenómeno de Snow White and the Seven Dwarfs le siguió, en 1939, la apertura de una nueva sede de la compañía en Burbank, California. En 1940, el estreno de los largometrajes animados Pinocchio y Fantasia, y una huelga de animadores que desestabilizó a la empresa por años. En 1941, el arribo a las salas de cine de Dumbo. En 1942, fue el turno de Bambi. En 1950, el de Cinderella y el largometraje de acción Treasure Island. En 1951, Alice in Wonderland. En 1953, Peter Pan. En 1955, Lady and the Tramp. En 1959, Sleeping Beauty. En 1961, One Hundred and One Dalmatians. En 1964, Mary Poppins. Y en 1966, Winnie the Pooh and the Honey Tree.

Caso excepcional. Su asombrosa colección de dibujos animados revolucionó el modo de contar historias en la gran pantalla.

Caso excepcional. Su asombrosa colección de dibujos animados revolucionó el modo de contar historias en la gran pantalla.

A pesar del contratiempo de la huelga de 1940, el arrastre en las boleterías de Snow White and the Seven Dwarfs determinó para los hermanos Disney un rumbo inevitable: el del éxito. Al de las películas, se sumó más tarde el de la televisión con series como The Zorro, Davy Crockett, The Mickey Mouse Club y Walt Disney’s Wonderful World of Color. En cuanto al otro pilar del imperio que levantaron los hermanos Walt y Roy, Disneyland Park abrió sus puertas al público en 1955, en Anaheim, California, con una inversión de 17 millones de dólares; el futuro presidente de Estados Unidos Ronald Reagan ofició como maestro de ceremonias.

En 1971, a cinco años de la muerte del padre de la criatura, se inauguró Disney World en Bay Lake y Lake Buena Vista, Orlando, Florida, un emprendimiento descomunal compuesto por un parque temático y un prototipo de comunidad del futuro. De aquí en adelante, el negocio no se detuvo jamás. A otros parques de diversiones en Tokio, París, Hong Kong y Shanghái como a Disney California Adventure (también en Anaheim) se le integraron Radio Disney, la cadena global de radios cuyo principal objetivo es ser un vehículo de promoción de los productos de la compañía, y el incesante desarrollo de nuevas ideas con franquicias alrededor de mundo.

El legado de Walt lo perpetuó su hermano Roy, hasta su muerte en 1971, y su sobrino Roy E. Disney, quien falleció en 2009. El patrimonio de Disney ha ocasionado, desde la muerte de la hija menor de Walt, Sharon Disney Lund, en 1993, a los 56 años, una batalla legal entre sus mellizos Brad y Michelle y los fideicomisarios encargados de administrar la herencia del creador. Hoy, el CEO de la empresa cuyo valor de mercado, según la revista Forbes, al mes de mayo último, alcanzaba los 170 mil millones de dólares, es el empresario estadounidense Robert Iger, quien anunció recientemente que Disney cerró su año fiscal 2016 con beneficios de 9391 millones, un 12% más con respecto al año anterior.

Espíritu estadounidense

Además de la leyenda creada en torno al destino de sus restos, hay algunos hechos de la vida de Walt Disney que no son muy conocidos, como por ejemplo que descendía de una familia trabajadora, que era fanático de los trenes o que, ya en la cúspide de su éxito, colaboró con el gobierno de Estados Unidos con proyectos como el corto de 1942 The New Spirit (El nuevo espíritu) que, a pedido del Departamento del Tesoro, aconsejaba al pueblo estadounidense contribuir, con el pago de sus impuestos, a sostener el costo de la guerra.

El legado de Walt lo perpetuó su hermano Roy, hasta su muerte en 1971, y su sobrino Roy E. Disney, quien falleció en 2009.

En estos días, la editorial Taschen recopiló en un libro, The Walt Disney Film Archives, sus documentos, incluyendo dibujos inéditos.

En estos días, la editorial Taschen recopiló en un libro, The Walt Disney Film Archives, sus documentos, incluyendo dibujos inéditos.

Eran épocas en las que el sueño americano y la idea de salir al mundo a defenderlo, constituían la mismísima columna vertebral del espíritu estadounidense. Aunque Walt inicialmente se mostraba reacio a teñir su imagen de animador apolítico realizando propaganda, su equipo le convenció. En 1943, los estudios Disney produjeron los cortos Der Fuehrer’s Face, en el que el Pato Donald se burlaba de Adolf Hitler, y Victory Through Air Power, basado en el libro del ingeniero y aviador estadounidense de origen ruso Alexander de Seversky sobre la estrategia de bombardeo de largo alcance.

Tras su muerte, muchas de las frases que Walt Disney supo mencionar en vida pasaron a la historia como parte de su legado. Quizá la que mejor viene al caso sea la siguiente: “La risa es el artículo de exportación más importante de Estados Unidos”.


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