ZOE VALDES: CUESTA QUE LOS INTELECTUALES LATINOAMERICANOS ENTIENDAN A LOS CUBANOS

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Con la publicación de La nada cotidiana y Te di la vida entera, la escritora cubana Zoé Valdés alcanzó fama mundial, especialmente en Francia, país de su exilio. Es una de las escritoras latinoamericanas más galardonadas y polémicas, debido a sus constantes críticas a Fidel Castro. Punzante, frontal, no calla nada, y a veces hasta canta, ya que su vena creativa la ha llevado ha explorar también el cine, la música y la poesía. Sus últimos libros han sido la novela sobre finales del siglo XVII y principios del XVIII, en el Caribe, Lobas de mar, premio Fernando Lara, y la novela aún inédita Una célebre intimidad. En una entrevista exclusiva, ALMA MAGAZINE conversó con esta díscola representante de las letras cubanas.

Texto: Héctor Velarde Fotos: AFP

ALMA MAGAZINE: El levantamiento de los guetos musulmanes sorprendió a la opinión pública mundial. Algunos dicen que esto se dio porque Francia es un país con muy poca movilidad social, que no da oportunidades a los inmigrantes. Usted está asilada en París. ¿Por qué cree que se dio este fenómeno violento?

Libro Zoe Valdez

Zoé Valdés con su novela Lobas de Mar, galardonada con el premio Fernando Lara 2003.

ZOE VALDES: A mí se me dio muy difícil en Francia. Me aconsejaron no pedir asilo político al inicio, bajo el argumento de que a los cubanos no se lo otorgaban, y luego no me dieron la carta de residente. Tuve que esperar a ganar el premio finalista de Planeta para que el señor José Manuel Lara, presidente de ese grupo editorial –que en gloria esté–, iniciara los trámites para mi nacionalidad española. La obtuve poco tiempo después, por carta de naturaleza por su majestad Juan Carlos, el rey de España. Al tener la nacionalidad española pude conseguir la residencia de la comunidad europea en Francia. O sea que yo había sido miembro del jurado del Festival de Cannes, me habían distinguido con la Orden de Caballero de las Artes y de las Letras de Francia, pero no tenía una carta de identidad. Finalmente lo logré, con mucha constancia, con paciencia, y pagando mis impuestos en Francia. Pese a esto, creo que en Francia hay mucha oportunidad para los extranjeros, pero hay una inmigración políticamente correcta. En Francia hay poca iniciativa y demasiadas ayudas sociales no controladas. Los inmigrantes a veces tienen muchas oportunidades y no las aprovechan, o se enfrentan al sistema sin saber muy bien por qué, por ignorancia. Sin embargo, los franceses –ahora lo soy– hace sólo unos meses que me dieron la nacionalidad familiar francesa. No me la regalaron. Estuve, desde el momento que presenté los papeles, cinco años esperando. Pero como decía, los franceses que trabajan, que se la buscan a diario, que tienen ideas para crear negocios y empleos se ven frustrados, porque para ellos no existen las oportunidades que tienen los que se aprovechan y viven de las ayudas y no mueven ni un dedo. Esa es parte de la verdad. Y el que no quiera reconocerlo es un hipócrita.

AM: Usted es una luchadora por la libertad y democracia en Cuba. ¿Le pasa lo que le pasó a Guillermo Cabrera Infante, quien como asegura Vargas Llosa, en el fondo no tenía ningún interés por la política pero las circunstancias lo empujaron a hacer política?

Z.V.: Guillermo Cabrera Infante jamás hizo política, sencillamente daba opiniones políticas sobre su país. Uno que sí hace política, porque siempre anda de picaflor con los presidentes, cuando no es con Castro es con Clinton, un día con Uribe y otro día con los narcoguerrilleros, es Gabriel García Márquez. Y sin embargo nadie dice nada, y para colmo, gana el Nobel por encima de Jorge Luis Borges, por sus influencias izquierdosas. Ese sí hace política. Yo no hago política, no pertenezco a ninguna organización política, solamente doy mis opiniones sobre lo que ocurre en mi país, una dictadura desde hace 47 años. Yo hago periodismo y en mis columnas opino como cualquier escritor o periodista. Que quede esto bien claro, porque pareciera que para cualquier escritor latinoamericano hacer política es muy positivo para su carrera literaria, salvo para los cubanos. En cuanto a la muerte de Fidel Castro, me da igual. Ya se murió hace mucho tiempo para mí, es una persona que sólo sirve para generar y extender el mal. Y si no, mire Venezuela. Está muerto y bien muerto, no lo mató la CIA, ni nadie, se mató él solo, se ahogó en su propia maldad.

AM: ¿Cómo ve el futuro de Cuba después de la muerte de Castro?

Z.V.: El futuro de la isla, pues ya veremos. Cuba ya está muy malherida. Veremos si esa herida sana rápido o tarda décadas, no depende de un solo cubano. Depende de todos los cubanos, y los cubanos han perdido su identidad, su capacidad de análisis. No hay más que ver a algunos personajes que salen de Cuba. En una entrevista con un periodista de izquierdas cuentan lo que el periodista quiere oír de Cuba y con otros se lamentan de que son víctimas del castrismo. Al final nadie los respeta. Mire el caso de Lina de Feria, se quedó en Miami, dio muchas entrevistas y luego regresó a Cuba y ha dado una de las entrevistas más miedosas que he leído en mi vida. Una pena, se hubiera callado y habría quedado mejor. El otro día vi en la tele española una entrevista con un escritor recién salido, Amir Valle, no lo conozco, no lo he leído, ni pienso leerlo. Declaró textualmente que “la gente en Cuba es víctima del tráfico humano organizado por los guardafronteras americanos y por los ricos cubanos de Miami, quienes les exigen sumas escandalosas en dólares y luego los tiran en medio del mar para que se los coman los tiburones”. Y añadió que ese era el tema de su novela. El mundo entero sabe que si la gente se va de Marruecos en pateras y de Cuba en balsas, es porque se sienten perseguidos. En Cuba lo están realmente por una dictadura de 47 años. Hoy, sin embargo, leí al mismo escritor en Periodista digital y ya aflojó la mano, reconoce que en Cuba no se puede vivir, pero cada cinco segundos aclara que él es de izquierdas. Como si a la libertad sólo tuvieran derecho la gente de izquierdas, como si la libertad no fuera para todo el mundo. Este tipo de manifestación me repugna.

“Cuba ya está muy malherida. Veremos si esa herida sana rápido o tarda décadas (…) Depende de todos los cubanos, y los cubanos han perdido su identidad, su capacidad de análisis. No hay más que ver a algunos personajes que salen de Cuba. En una entrevista con un periodista de izquierdas cuentan lo que el periodista quiere oír y con otros se lamentan de que son víctimas del castrismo. Al final nadie los respeta”.

LAS RAICES Y EL EXILIO

AM: Como cubana ¿se siente identificada con otros latinos, con un mexicano o peruano o argentino, por ejemplo, o esa es una ficción?

Z.V.: Yo me siento identificada con los cubanos. Y mire usted, me siento más identificada con un checo, con un ruso, con un húngaro, con un polaco, que con un latinoamericano. En primer lugar porque esta gente sufrió el comunismo, nada más tenemos que mirarnos a los ojos para reconocer nuestros sufrimientos. Para intercambiar experiencias sólo nos bastan algunos códigos, medias frases. Ahora, culturalmente, me gusta el tango argentino y la literatura argentina, no toda, algunos que pueden ir desde Manuel Mújica Láinez a Jorge Luis Borges. Me fascina la poesía mexicana y amo a unos cuantos escritores peruanos. Pero desgraciadamente cuesta trabajo que los intelectuales latinoamericanos entiendan a los cubanos. Creo que Venezuela ayudará a ello, su experiencia dolorosa dará de que hablar. Dicen que la letra sólo con sangre entra. No lo creía hasta hace muy poco. Curiosamente no me mencionó usted a Brasil, y yo me siento mucho más identificada con Brasil que con cualquier otro país latinoamericano, a pesar del idioma. La experiencia sincrética en la religión y en la cultura han sido muy similares, y en el baile, en la literatura, en los sabores, en la estética, nos hallamos mucho más cercanos. En Brasil me sentí mejor que en Cuba. No olvido jamás a ese país, de una gran cultura, de una gran generosidad.

AM: Miami es el símbolo del exilio cubano. Sin embargo, sus escritores más importantes han escogido Europa como lugar de residencia. Estoy pensando en Cabrera Infante (Inglaterra), Carlos Alberto Montaner (España) y usted (Francia). ¿Es sólo una casualidad?

Z.V.: Creo que es lo que le toca a cada cual. Los cubanos no podemos elegir el sitio donde exiliarnos, no se puede salir de la isla sin la visa del gobierno cubano y una visa de la embajada del país al que te diriges. Se da la oportunidad de una invitación o de un viaje, y ahí nos quedamos. No ha sido nada fácil para los cubanos.

ZOE EN SU TINTA

En 1959, el mismo año que Fidel Castro tomó el poder en Cuba, Zoé Valdés nacía en La Habana, en una familia de orígenes españoles, irlandeses y chinos. Su aparición en la escena literaria latinoamericana coincidió con el afianzamiento de una literatura escrita por mujeres, a partir de los años´70, con nombres tan famosos como Isabel Allende, Elena Poniatowska, Carmen Boullosa, Laura Restrepo, Angeles Mastreta y muchas otras. Un fenómeno editorial comparable al “boom” que protagonizaron García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes y Cortazar en los años ´60. En los últimos tiempos, y de la mano del prestigio que alcanzó su literatura, particularmente en Francia, se convirtió en una de las voces más críticas y polémicas contra el régimen cubano y la izquierda castrista de América Latina. Aunque Zoé es conocida sobre todo por sus novelas, la poesía fue su primer amor literario, además de la música y el cine (es cantante y ha escrito muchos guiones cinematográficos.) Díscola y personal, sus primeros estudios fueron en el Pedagógico Superior hasta que la expulsaron. Y sus estudios de Filología en la Universidad de La Habana, los abandonó. Se desempeñó en la Delegación de Cuba ante la Unesco como documentalista cultural, y en la Oficina Cultural de la Embajada Cubana en París. A su regreso a La Habana comenzó a trabajar como guionista de cine y como subdirectora de la Revista del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) hasta diciembre de 1994. En poesía ha publicado Respuestas para vivir (1986, Premio Roque Daltón, México, 1982) y Todo para una sombra (accésit Carlos Ortiz, 1986). Y las novelas que le dieron fama: Sangre azul (1993), La nada cotidiana (1995), traducida a una docena de idiomas; La hija del embajador (1995, Premio Novela Breve Juan March Cencillo), Ira de ángeles (Lumen, 1996), Te di la vida entera (finalista del Premio Planeta 1996), el poemario Vagón para fumadores (Lumen, 1996), la novela Café nostalgia (Planeta, 1997), el libro de cuentos Traficantes de belleza (Planeta, 1998), Cuerdas para el lince (poesía, Lumen, 1999) y la noveleta infantil Los aretes de la luna (Everest, 1999). Es una admiradora incondicional de El Quijote de Miguel de Cervantes, novela que para ella es el origen de toda nuestra lengua, literatura y cosmovisión cultural hispana, y de Marcel Proust y Gustave Flaubert. Actualmente vive en París con su hija Attys Luna y su esposo, Ricardo Vega.

LA CRUZADA POETICA

Escritora Zoe Valdez

Música, escritora, poetisa, Zoé es una artista completa y personal.

AM: ¿Qué tiene La Habana que ha seducido a tantos escritores cubanos? ¿Ha encontrado esa magia en París?

Z.V.: La Habana tiene el mar. París tiene al Sena. Yo siempre digo que lo ideal sería vivir en una ciudad que fuera mezcla de La Habana y de París. Son ciudades muy literarias y yo ya no podría vivir sin ellas. Si cuento los cinco primeros años que viví en París en los ’80, y ahora estos doce años de exilio, hace diecisiete años que vivo en París. El resto en La Habana, con algunos pasajes por Nueva York, Barcelona y Tenerife. Todas las ciudades tienen su misterio propio, a mí no me interesa la ciudad desde el punto de vista turístico, con la camarita y la bobería. A mí me interesa vivir el misterio, donde quiera que éste me asalte. Hay ciudades que lo han ido perdiendo, pero yo conservo su misterio en la memoria, y el recuerdo es uno de los más bellos tesoros del ser humano.

AM: Usted afirmó: “La escritura es misterio, alma, vida, constancia, disciplina, goce, perversión, subversión. Y yo nunca he dejado de escribir con mis sentidos, como la piel de los gatos”. Parece la declaración de un poseído. ¿Cuándo y cómo nació su vocación literaria?

Z.V.: Un escritor es un poseído. Empecé a escribir a los once años un diario, a los diecisiete años empecé mi primer libro de poesía, Respuestas para vivir. Lo terminé a los veinte años. Sangre azul, mi primera novela, la terminé a los veintiséis años. La vida es una novela, decía Marcel Proust. No me imagino la vida sin literatura.

AM: Sus novelas le han dado fama mundial, pero además usted cultiva la poesía, el periodismo, la música y el cine. ¿De qué manera conviven en su obra? ¿Siente predilección por alguna de estas disciplinas en particular?

Z.V.: Todos los géneros conviven de modo natural. Unas veces estoy en el cine, otras en la novela, luego en la música, pero siempre en la poesía. Todo me fascina, pero la poesía es el reino más íntimo, más lento, aún no herido por la inmediatez. Publicar poesía siempre es difícil, es como una cruzada feliz.

AM: Su obra posee una gran fuerza musical, como si estuviera escrita para ser cantada. Esto es, a su juicio, una característica de la cultura cubana y caribeña. ¿Qué papel juega la música en su vida? ¿Escribe con música?

Z.V.: Desde niña escuché cantar a mi madre, a mi abuela, a mi tía. Adoraba a sus ídolos. La música, cuando es buena, te saca toda la belleza de dentro, irradias. Sin embargo cuando oigo música sólo puedo hacer eso. No puedo escribir con música, quizá sí con la ópera.

AM: Su reconocimiento como escritora ha coincidido con la aparición de valiosas y muy populares voces femeninas latinoamericanas, como Isabel Allende y Esmeralda Santiago. ¿Es factible comparar este fenómeno literario con el boom de los años ’60?

Z.V.: No creo que sea para nada igual al boom de los ’60. Creo que cada una somos una fuerza especial e individual.

AM: Es muy común, y no sólo en su caso, la recreación de un fuerte erotismo y sexualidad en la obra de las escritoras latinoamericanas. Llama la atención este hecho, teniendo en cuenta el conservadurismo y machismo de nuestra cultura. ¿Acaso se sienten liberadas a través de los libros?

Z.V.: Mis libros han sido para mí, en algunos casos, por ejemplo La nada cotidiana, como catarsis. Escribir es mi más hermosa condena y mi más amada libertad.

AM: En el capítulo primero de La nada cotidiana inicia la narración con una frase reveladora: “Ella viene de una isla que quiso construir el paraíso”. ¿Alguna vez también creyó, como muchos otros escritores, que Cuba podía convertirse en un paraíso de la mano de Fidel Castro?

Z.V.: Yo no sólo creí en que aquello iría a un mundo esperanzador: yo nací en eso y viví en eso. No fueron creencias, fue mi vida. Aunque la palabra “creencias” no está nada mal. Dado que los cubanos hicieron hasta del marxismo una religión.

AM: ¿Qué significa el nombre Zoé?

Z.V.: Zoé es vida en griego. Me lo pusieron mi madre y mi abuela.


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